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¿Existe la suerte?

Yasmín Salazar Méndez

Yasmín Salazar Méndez

Profesora e Investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional EPN. Doctora en Economía. Investiga sobre temas relacionados con pobreza y desigualdad.

Actualizada:

12 Ene 2022 - 19:03

Era el primer día laborable de 2022 y el optimismo de que las cosas mejorarían en el nuevo año aún estaba fresco. Mi día comenzó con una clase sobre variables de difícil medición y, como es mi costumbre, planteé una pregunta para motivar la discusión: ¿cómo podríamos medir la suerte?

No siempre tengo la dicha de que alguien quiera participar voluntariamente, pero esta vez un estudiante respondió de inmediato: “es cuando alguien con estudios consigue un buen trabajo por ayuda de contactos”.

Algunos de sus compañeros lo apoyaron y mi alegría por la participación inusitada y el optimismo del año nuevo se disiparon. Tratando de disimular mi sorpresa, intenté averiguar sobre las causas de la respuesta y estas se resumen a que todo es cuestión de suerte y de contactos, y que el trabajo duro no sirve de nada.

La respuesta me sacudió, no solo porque no creo que todo sea cuestión de suerte, sino porque este es el pensamiento de unos jóvenes universitarios, de futuros profesionales que, al parecer, no tienen la esperanza de conseguir un empleo y mejorar sus condiciones económicas por sus méritos.

Afortunadamente, esa no es la opinión de la mayoría de los ecuatorianos, pues según la última ronda de la Encuesta Mundial de Valores, el 42% de los encuestados cree que el trabajo duro es la única forma de conseguir una mejor vida en términos económicos.

Un 14% considera que el éxito depende, en iguales proporciones, de la suerte, de los contactos y del trabajo.

En el otro extremo, un 8% considera que todo es cuestión de suerte y que el trabajo no tiene ninguna retribución. El 36% restante se ubica en posiciones intermedias.

Aunque hablar de la suerte parezca medio esotérico, este tema ha sido objeto de algunos estudios.

Por ejemplo, en economía, se ha determinado que las creencias sobre el papel de la suerte estarían determinadas por factores demográficos. Las mujeres tendrían una mayor probabilidad de ver la suerte como único determinante del éxito, mientras que los hombres consideran que el trabajo duro es la llave del éxito.

Los habitantes de países ricos tienen una mayor probabilidad de atribuir el éxito a la suerte más que al trabajo duro, en comparación con los habitantes de países pobres.

El filósofo político John Rawks (1921–2002) en su ‘Teoría de la Justicia’ argumenta que es injusto que las personas sean recompensadas o castigadas por las condiciones que marcaron su nacimiento.

Para explicar esta idea utilizó los conceptos de “loterías natural y social”. Así, según el autor, las circunstancias sociales y económicas del nacimiento de una persona son el resultado de una lotería social, mientras que características, como género, raza y la salud obedecen a una lotería natural.

Y, como no tenemos la posibilidad de elegir las condiciones naturales y sociales iniciales, se entiende que la forma cómo venimos al mundo sería cuestión de suerte.

Sin embargo, la vida de las personas no puede depender de la suerte para siempre. Rawls propone igualar el terreno, que todos partan de la misma base y tengan la oportunidad de elegir sus acciones, es decir, propone una sociedad en la que las personas sean premiadas o castigadas por sus decisiones y no por sus orígenes.

De esta forma, nadie resultará afectado por circunstancias que no dependen de su responsabilidad ni de su voluntad.

El estadounidense Warren Buffett, uno de los mayores inversores del mundo y director ejecutivo del fondo Berkshire Hathaway, en cambio, utiliza el término “lotería ovárica” para referirse a las circunstancias del nacimiento de una persona, como el país, la situación económica y política, la genética, y cómo estos factores pueden incidir en su futuro.

Él mismo se pone como ejemplo de buena suerte al señalar que el haber nacido en Estados Unidos, blanco, rico, inteligente y saludable, es una lotería, pero que esas mismas características no le serían útiles en un país como Afganistán.

Con esto, Buffet quiere decir que su suerte está en tener las condiciones para ejercer sus negocios y ganar dinero por su trabajo.

Entonces, según Rawls y Buffet, la suerte sí existe pero no es esa magia que nos permite ganar la lotería o conseguir algo extraordinario sin mover un dedo.

Aunque muchas cosas inexplicables se le atribuyan a la suerte, la realidad es que, sin trabajo duro no nada existe, nada cae del cielo.

El trabajo duro sí paga, pero hay que estar en el lugar correcto, en el momento oportuno y encontrarse con las personas adecuadas. Si no tenemos la suerte de encontrar un espacio para trabajar arduamente, de nada servirán nuestros esfuerzos.

Mientras no tengamos una sociedad justa, que garantice libertades y oportunidades iguales a todos, para que podamos elegir qué hacer con nuestras vidas, estas seguirán regidas por la suerte.

Una aclaración necesaria, oportunidades iguales no significa que todos tengamos el mismo salario, la misma profesión y seamos idénticos, sino que tengamos la posibilidad de hacer aquello que más nos gusta.

Espero que en los próximos años estos jóvenes, que por ahora tienen la suerte de estudiar en una universidad, vean la recompensa de trabajar arduamente. Les deseo mucha suerte.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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