El Chef de la Política

Extraditar a Correa, ¿para qué?

Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, investigador de FLACSO Ecuador, analista político y Director de la Asociación Ecuatoriana de Ciencia Política (Aecip).

Actualizada:

24 Abr 2022 - 19:03

Para que así el Estado de Derecho (aunque aquí somos de derechos, para ser más alternativos) prime en el país y el Imperio de la Ley nos cobije.

Para que la sentencia de la Corte Nacional se haga efectiva y la confianza ciudadana en el Poder Judicial retorne.

Para que se propicie un sentimiento reivindicativo del quehacer de la justicia entre la población.

Esas son algunas de las respuestas que circulan en varios espacios de opinión y que pueden ser amplificadas con una larguísima terminología jurídica, incomprensible para el común de los pobladores de esta aldea y útil solamente para alimentar el ego de unos pocos.

En esas razones y otras, seguramente, se habrá inspirado el titular de la Corte Nacional para iniciar, hace pocos días, el proceso de extradición del expresidente.

Sin embargo, para entender este nuevo capítulo de la vida política del país hay que detenerse precisamente en esas “otras razones”, pues allí podría estar el fundamento de una decisión judicial que Iván Saquicela no ha tomado hace más de un año y ahora, de golpe y porrazo, no solo que emite, sino que aprovecha ese hecho para darse un paseo entre cámaras y micrófonos, ambas debilidades esenciales del presidente de la Corte Nacional, hay que decirlo.

Esas otras razones son de orden político, obviamente. Si los ánimos están caldeados en el país, el Poder Judicial sigue sumido entre escándalos de todo color y cada vez se hace más evidente una justicia constitucional idílica, elaborada con criterios de países del primer mundo para un territorio que en muchos aspectos se acerca más al feudalismo que a los principios básicos de la Revolución Francesa, entonces una buena forma de intentar bajar la temperatura del ambiente es colocar otro tema en la discusión.

Esa era la estrategia de los hermanos ahora prófugos, esa era la estrategia de la comunicación de antaño y esa es la estrategia a la que ahora acuden los nuevos poderosos.

Dado que el caso Glas se les fue de las manos, los escándalos de inoperancia gubernamental surgen diariamente y la inseguridad llega a niveles alarmantes, colocar la extradición de Correa en el centro de discusión puede constituirse en un buen distractor, como dicen los entendidos en el tema.

Sin embargo, lo que no han tomado en cuenta es que para que ese distractor cumpla sus objetivos se requiere que la ciudadanía lo asuma como un hecho cierto. Ese detalle, que no es algo superficial, se ha pasado por alto y por eso es que nadie cree en la letanía de entrevistas del presidente de la Corte Nacional sobre el inicio de la extradición de Rafael Correa.

Nadie cree en las acciones que realizará el Presidente Saquicela por una serie de razones. De ellas, el momento político en el que se asume la decisión no deja de ser clave.

Si la justicia tuviera genuinamente interés en este tema, lo habría propuesto hace mucho tiempo. No lo hizo. Además, y mucho más importante aún, es que un posible retorno de Rafael Correa al país no haría sino aumentar su popularidad, dotar de mayor sentido a su organización política y colocar al principal referente político de una buena parte de la población al alcance de la mano.

No es lo mismo Correa a través de plataformas digitales que el líder, ofreciendo su discurso de barricada, altisonante y carismático, en vivo y en directo desde la cárcel, el espacio del rencor político al que lo han reducido sus opositores, incapaces de ganarle en las urnas.

Con esa narrativa instalada, Correa no necesitaría habeas corpus ni cualquier acción constitucional o judicial para salir en libertad. Sus seguidores, por sus propios medios, lo pondrían en la calle.

Todo esto sabe la justicia y la política. A Correa es preferible mantenerlo libre en Bélgica que preso en Ecuador, pues acá sería electoralmente letal. Eso lo tienen claro en las cortes, en la Asamblea Nacional y en Carondelet.

Por ello, no hay que entristecerse ni alegrarse con la posible extradición de Rafael Correa. Es una noticia falsa. Ahora, simplemente hay que esperar el paso de los días para que a alguien se le ocurra un nuevo distractor.

Ojalá el de la semana entrante cumpla con el principio básico de ser creíble. Nuevamente, y como ya hace algún tiempo, nuestros políticos, el presidente de la Corte Nacional incluido, asumen que la ciudadanía carece de sentido común, intuición, picardía y perspicacia.

Tanto es así que otros, los que no comparten las motivaciones políticas por las que Rafael Correa no será extraditado, recurren a argumentos más simples y, al mismo tiempo, profundos.

Si para situaciones más elementales ocurridas en el país aflora la incapacidad de nuestras autoridades para dar respuestas inmediatas, con mayor razón ocurrirá eso en un caso complicado y que requiere de manejo político, jurídico y diplomático. Eso dice la gente y tiene razón. A inventar pronto otro distractor. Que sea creíble, por favor.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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