Con Criterio Liberal
A favor de la SúperLiga, del elitismo y lo crematístico
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

27 Abr 2021 - 19:00

El deporte profesional es un negocio. A juzgar por las reacciones de muchos europeos a la idea de la SúperLiga parece que esta obviedad les sorprende, pues se han oído muchos reclamos contra “la mercantilización del fútbol”, como si creyesen que los jugadores profesionales no juegan por un salario, cambian de equipo en función de lo que les pagan y los clubs no fuesen empresas con pérdidas y utilidades. 

Y los deportes son elitistas. De hecho todo el deporte consiste en discriminar entre quien es mejor y quien es peor, y premiar a los mejores con el triunfo y el éxito (y la fama y el dinero que van asociados).

Es otra obviedad, aunque la Liga de Fútbol española, viendo surgir una competencia, ha criticado la idea de la SúperLiga por ‘elitista‘. 

El problema es que en nuestro imaginario colectivo hemos juntado dos extrañas concepciones.

Primero, poner todas las virtudes en el deporte, desde aquellas relacionadas con la salud, hasta aquellas relacionadas con la identidad y la cooperación.

Claro que el deporte puede suponer valores positivos, pero el deporte no se define por un cúmulo de valores, sino por la belleza del juego y la emoción de la competición. Por ganar y perder. Triunfar y fracasar.

En segundo lugar, esa idea de que “el dinero mancha” y que por tanto si algo tiene interés crematístico ya no es noble y que, por tanto, es criticable quien mucho gana y elogioso quien no lo hace.

Pero en el deporte se ganan miles de millones de dólares solo por dar patadas a un balón. Y está bien que sea así, pues es lo que miles de millones de espectadores valoran.

La realidad es que el fútbol es un negocio, y uno que está atravesando dificultades. Cada vez son más las ofertas de ocio como los e-sports o las series o YouTube; y el ocio se va transformando ya no a 90 minutos una vez a la semana, sino más periodos más cortos más habituales.

Y para compensar las pérdidas el fútbol necesita ofrecer mayor espectáculo. Y ese espectáculo pasa por generar un partidazo a nivel mundial cada semana. Ya no entre equipos locales, sino entre los mejores equipos europeos. Consecuencia lógica de la globalización del fútbol, como del resto de los aspectos de nuestras vidas.

Yo no sé si este modelo que proponía la SúperLiga era el ideal, pero sí sé que se requiere una alternativa al modelo burocratizado, corrupto, centralizado, monopolístico y obsoleto que representan la UEFA a nivel europeo y la FIFA a nivel mundial. 

Las reacciones en contra han sido la mejor muestra posible de por qué es tan necesario este cambio pro-mercado y pro-competición. Pero no solo para el fútbol, que siendo importante por las pasiones que mueve es tan solo un 1,3% del PIB de España (el país con la competición más importante) sino para toda la economía.

Es imperativo abandonar un discurso que parece usar ‘élite’ o ‘mercantil’ como algo negativo. Es necesario para prosperar y para disfrutar aún más del Deporte Rey.

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