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Felipao no nos debe nada
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

24 Ene - 19:00

El genio irlandés Bernard Shaw dijo alguna vez que el “patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él”.

Y esta frase es perfecta pues describe claramente cómo este sentimiento extraño no es más que otra creación a imagen y semejanza de cada uno.

Un “patriota” es aquel que hace lo que tú crees que los patriotas deberían hacer según tu gusto y tu necesidad. El nacionalista es ese personaje que se siente virtuoso porque manda al resto a no masturbarse.

“La Selección es un capítulo cerrado en mi vida. He dado todo por mi país y estoy en paz con mi conciencia”, respondió Felipao en una rueda de prensa  en la que anunciaba que la Lazio le había renovado el contrato, gracias a su excelente rendimiento y varios goles.

El fútbol es un deporte maravilloso, pero si Felipe Caicedo insiste en no volver a la Selección, tendremos una buena oportunidad para analizar esta desagradable ideología llamada nacionalismo porque la tormenta de grillos tricolores será poderosa.

Es que ya he leído algunas quejas y reclamos en contra del jugador, y estoy convencido que la ola de nieve amarillo, azul y rojo bajará rodando más rápido que Abdón Calderón en Leyendas del Tiempo Heroico, pues resulta que para muchos el jugador (cualquier jugador) tiene la OBLIGACIÓN de participar en una entelequia que es amada y adorada en distintas intensidades por millones de ecuatorianos.

Bien decía Einstein que el nacionalismo es el sarampión de la humanidad.

Ahora bien, para ahondar en esto de la imagen y semejanza del “patriota” y sus prioridades nacionalistas, el origen de esa “obligación incumplida” vale el esfuerzo analizarlo:

Como toda ideología, el nacionalismo tiene a rechazar a quien no lo aplica del mismo modo en que el opinante lo practica (o dice que lo practica).

Es una profusa fuente de hipocresía también, pues quien reclama patriotismo a un futbolista no necesariamente “cumple” con su parte del amor a la patria. Como en toda ideología, la regla es aprender sobre las “obligaciones” que el otro debe acatar para tu satisfacción y provecho.

La “obligación” nace del buen momento del profesional. Es puro interés del reclamante.

A un jugador que no esté triunfando en el exterior no le exiges ir a la selección a darte un gusto, ni te enojas si no acude a la convocatoria.

Por el contrario, lo rechazamos, aunque él quiera patrióticamente participar. Es para reírse. Solo nos interesa el nivel de “amor a la patria” del que esté jugando bien. Es voluptuosamente ridículo.

Exigimos y nos sentimos “traicionados” como si se tratara de un servicio militar para defender a la Nación del ataque de los bárbaros. No obstante, hasta Mohamed Alí tuvo razón y derecho cuando no fue a la guerra de Vietnam.

Y lo común es que al mismo jugador al que insultamos por no asistir a un partido de fútbol, lo insultaremos por comerse un gol si es que al final decide unirse al equipo, pues así como “sabemos” cómo debe actuar un “patriota”, también sabemos definir en el área frente a la defensa italiana.

¿Qué nos debe Felipe Caicedo, uno de los pocos ecuatorianos que ha logrado salir de la pobreza y el olvido de este país, sin recibir un centavo de dólar o un segundo de tiempo de parte de sus mayores y usuales detractores?

Y si hubiera recibido todo del país y de sus habitantes, igualmente me pregunto. ¿En dónde, que no sea el brumoso espacio de las sensaciones y del de “ a mí me parece”, se podrán encontrar tales obligaciones?

¿Por qué un jugador de fútbol, o de cualquier deporte debe acudir a jugar en la selección de su país? Es asquerosa esa consecuencia de ser un buen profesional y que un montón de tipos encuentren utilidad a ese talento para que les “cumpla” con el acto de hacerles vivir una alegría que por su cuenta no consiguen.

Personalmente, Felipe Caicedo me cae mucho mejor que un montón de exfutbolistas que se dedicaron a la política. Esos sí les deben explicaciones a sus votantes, por ejemplo. Y a la Contraloría, ya que estamos, pues así es la Ley.

El fútbol es un deporte hermoso, contaminado de las acciones más vergonzosas del ser humano. Cuchillo, bala, racismo, homofobia, politiquería, coimas, nacionalismos.

A Felipe Caicedo probablemente se le venga encima una ola de odio salvaje y, cuando eso pase, recordaré la frase de otro genio irlandés: “El patriotismo es la virtud de los depravados.”

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