Una Habitación Propia
8 de marzo de 2021
Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

4 Mar 2021 - 19:00

Nos quieren calladitas, compañeras. Nos quieren pasivas como maniquíes perfectos, con manicure, pedicure y silencio. 

Bellas y santas, como María, la niña madre. 

Nos quieren lavando platos, compañeras. Y diciendo que sí a todo, asintiendo y, de ser posible, respondiendo sí, mi señor, lo que usted diga

Nos quieren con arresto domiciliario, limpiando y alimentando a los mayores y a los menores. Nos quieren con la falta de libertad de las cuidadoras. Nos quieren amando tanto a otros que no podemos amarnos a nosotras mismas.  

Nos quieren agradecidas, compañeras. Besando el suelo que pisan los que nos permiten ser otra cosa que ángeles del hogar y que, con su hostigamiento callejero, nos recuerdan a cada rato que la vía pública no es de todos, es prestadita. 

Nos quieren cobrando poco y haciendo mucho, compañeras. Que el trabajo de verdad lo hace el hombre y el tuyo, bueno, el tuyo es secundario, reemplazable, así, así. 

Nos quieren, también, depiladas como cetáceos, pero delgadas como anguilas. Nos quieren como no somos: sin pelos, sin grasa, sin heridas, sin celulitis, sin estrías, sin manchas, sin las uñas carcomidas, sin cerebro, sin voz. 

Sobre todo sin voz, compañeras. La voz femenina que no dice dios le pague les molesta. 

Quieren actrices porno, compañeras, de las que parecen ver a dios cuando ven a un hombre. Muñecas inflables. Agujeros. Quieren todo menos una mujer. 

Nos quieren solas, separadas unas de las otras por el miedo a que la libertad sea contagiosa y la una le diga a la otra que basta ya, que no es esclava de nadie, que no se merece los golpes, la ira, la cuasi esclavitud, el menosprecio, el abuso, la tristeza. 

Que una le diga a la otra: carajo, amiga, tú mereces vivir

Nos quieren cuando nos quieren. No antes, no después. Nos quieren cuando tienen cualquiera de las hambres, cualquiera de los muchos tipos de sed. 

No nos quieren, compañeras, como seres vivos, sino como lámparas que se pueden prender y apagar. 

Aparatos con mute

Quieren, compañeras, seguir diciendo esa mierda de mujer que no jode es hombre y reírse de la ocurrencia con la boca cariada y la guata bailando.

Quieren, compañeras, que nadie les diga nada cuando mandan mano bajo la falda de una colegiala o cuando condicionan un ascenso a una mamada o cuando te son infieles porque tú ya envejeciste y eres ni más ni menos un periódico de ayer. 

Quieren, compañeras, aplastarnos. 

Quieren, compañeras, sentirse mejores que nosotras. 

Quieren, insisto, creerse lo del sexo débil para no orinarse en los pantalones cuando un grupo de nosotras decide gritar nunca más.  

No quieren, compañeras, perder el poder que se ha logrado con segregación, culpabilidad, fábulas sobre la esposa perfecta, la amante perfecta, la hija perfecta, la mujer perfecta. 

Ella, la de tetas grandes y boca cerrada, lo sabemos compañeras, sólo existe en el pensamiento machista. 

Quieren y no quieren, pero nosotras, compañeras, queremos y no queremos otra cosa. 

Y la conseguiremos. 

La lucha es hoy, la lucha es mañana, la lucha es siempre.

Feliz y reivindicativo 8 de marzo, compañeras. 

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