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El feminismo agresivo no contribuye a la igualdad de género
Vanessa Carrión

Vanessa Carrión

Es Ph.D. en Economía. Docente-investigadora de la Universidad de las Américas. En sus investigaciones combina sus dos pasiones: la economía y la ciencia política.

Actualizada:

9 Sep 2021 - 19:00

El feminismo agrupa una serie de movimientos e ideologías que buscan definir, establecer y alcanzar la igualdad de género; no apunta a demostrar la superioridad de la mujer con respecto al hombre. En su búsqueda por la igualdad, el feminismo se opone a cualquier prejuicio o estereotipo asociado con el género.

Es importante reconocer que los roles de género están profundamente arraigados en nuestra sociedad. Desde la niñez hay una serie de incentivos para que adoptemos aquellos comportamientos que la sociedad considera adecuados para niños y niñas.

Incentivos que se relacionan con la elección de ropa, los juguetes, el lenguaje corporal, la voz, el corte de cabello, el maquillaje, en fin. Cuando no nos apegamos a dichos roles, la sociedad nos juzga o nos castiga.

Por ejemplo, en muchos colegios de nuestro país todavía se prohíbe a los estudiantes varones llevar el cabello largo.

Los estereotipos de género no afectan únicamente a las mujeres, los hombres también son víctimas de ellos. Se les enseña desde pequeños que no deben mostrar sus emociones, menos llorar, que deben ser valientes y no tener miedo a nada, que ellos son los proveedores. Los hombres también enfrentan una enorme presión.

Los comentarios discriminatorios que refuerzan los estereotipos de género son muy comunes, se dan a todo nivel y provienen tanto de hombres como de mujeres.

Cada semana en redes sociales se desata alguna controversia por algún comentario políticamente incorrecto que emitió algún personaje de la prensa, de la política o la farándula ecuatorianas.

Por ejemplo, el periodista Andrés Carrión le preguntó a Neisi Dajomes, nuestra campeona olímpica de halterofilia, si sabía cocinar. Las respuestas en redes no se hicieron esperar, muchas feministas profirieron toda clase de insultos, incluso pidieron que el periodista fuera separado del medio de comunicación en el que trabaja.

Estas actuaciones corresponden al canon del feminismo agresivo. Entonces, ¿contribuye el feminismo agresivo a la consecución de la igualdad de género?

Las conductas discriminatorias que se amparan en los roles de género son comportamientos aprendidos a lo largo de la vida. Por tal motivo, muchos individuos ven con relativa normalidad estas actuaciones y les resulta difícil reconocerlas como errores, puesto que no las identifican como decisiones conscientes.

Frente a esto, insultos y ataques difícilmente generarán un cambio de comportamiento; al contrario, generarán resistencia.

El camino hacia la igualdad de género es un camino de resistencia, no de velocidad; y debemos iniciar por nosotros mismos. Desliguémonos gradualmente de esas prácticas que perennizan los estereotipos de género.

Enseñemos a nuestros hijos a ser buenos seres humanos y no generemos incentivos para que adopten comportamientos ‘propios’ de niños o de niñas. Finalmente, eduquemos a los demás, respondamos cortésmente, invitémoslos a deconstruir roles de género tradicionales y a reflexionar sobre nuevos roles de género más equitativos.

Si bien los estereotipos de género son conductas aprendidas y pueden ser desaprendidas, no es posible erradicar de la noche a la mañana décadas de estereotipos que han sido interiorizados por la sociedad.

Existe todavía un largo camino por recorrer para alcanzar la tan anhelada igualdad. Los comportamientos sociales se modifican mediante sistemas de interlocución y de comunicación, no a través de la agresividad y la violencia.

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