Una Habitación Propia
Hasta el pobre ‘Guillermito’ se quería ir de ahí
Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

22 Jul 2021 - 19:00

¿Será que en este país podremos pasar una semana sin dar vergüenza ajena?

La más reciente la provocó la legisladora socialcristiana Geraldine Weber, que mandó a construir un muñecote con un pañuelo celeste tipo babero para pasearlo por Guayaquil, proclamarse en pie de guerra contra la Ley que permite el aborto por violación y proclamar al país entero como provida.

Me pregunto ya desde la curiosidad absurda: ¿dónde se mandan a hacer esas cosas? ¿Sería en la 6 de Marzo donde hacen los años viejos? ¿Cómo lo pidieron: ‘hágame un bebé grandote’? ¿Qué cara pondrían los artesanos? De póker, supongo. Trabajo es trabajo y esperar hasta diciembre sin plata en el bolsillo se hace largo.

Pero conociendo a mi raza, seguro que se ahogaron de la risa entre ellos.

“Claro, niña, yo le hago su bebezote de una. ¿Cómo lo quiere? Rubiecito, ¿No? Blanquito, ¿No? Rosadito como usted. Morenito como uno no va a ser, ¿verdad?”. 

Sí, así lo querían: blanco. Y varón. El feto ingeniero, banquero y periodista es siempre un hombre. Parece que el feto de las niñas no es tan importante para los provida.

Vaya, vaya.

La verdad la cosa da para un millón de chistes si no fuera porque a esa mujer nosotros le pagamos el sueldo porque esa mujer es asambleísta. ¿Ya lo dije? Pienso que debo repetirlo.

Si fuera con la plata de ella yo estaría, les juro, partida de la risa.  

Guillermito, “en honor a nuestro Presidente”, que así le pusieron a esa cosa monstruosa, paseó por la 9 de Octubre rodeado de providas, locas de ilusión de estar en la calle exigiendo los derechos de los no nacidos mientras, seguramente, hacían ojos ciegos a los niños y niñas que alrededor de esa zona venden chicles, caramelos y cigarrillos y de los padres y madres que en los semáforos piden una moneda para que coman sus muchachitos.

Locas de ilusión de estar exigiendo los derechos de los no nacidos mientras hacían ojos ciegos a los niños y niñas que alrededor de esa zona venden chicles, caramelos y cigarrillos.

La legisladora, micrófono enardecido en mano, clamó en la avenida principal de esta loca ciudad lo provida que es nuestro país citando un artículo de la Constitución.

¿?

Oponiéndose con ferocidad de hiena a una ley que ya es Ley.

Mala cara le vi yo al tal Guillermito. Sinceramente no parecía ni un feto ni un bebé ni nada. Un año viejo muy mal hecho de un personaje de Disney o, quién sabe, un esperpento salido de una pesadilla.

La verdad es el #fetobanquero como lo han bautizado en Internet es inenarrablemente feo, pero así son todos, recordemos el #fetoingeniero de México que no podía ser más ridículo con su casco protector.

Pero bueno, qué importa. Hay años viejos horribles también y la gente los pasea en sus camionetas. No pasa nada. Una se ríe.

“Ve ese Mickey Mouse que han hecho, qué cosa más fea. Ve ese Coco que parece zombie”.

No dan miedo. Los muñecos de cartón y periódico no dan miedo.

Lo de verdad tenebroso es que una legisladora, alguien que supuestamente conoce al dedillo las leyes de nuestro país, siga peleando contra una ley que ya es Ley en plena vía pública, haciendo alarde, rodeada de otras como ella: las que piensan que la vida que hay que defender es blanca y rubia como Guillermito, mientras las niñas de este país dan a luz todos los días otros niños, bebés que no se parecen a Guillermito y que, por lo tanto, son invisibles para ellas y que seguramente mientras paseaban esa cosa patética en la camioneta se acercaron a pedirles unas monedas que, displicentes, les negaron porque el providismo, se sabe, empieza y acaba en el vientre.

Qué vergüenza.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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