Las Frases que Hicieron Historia

‘Hombres nacidos para la servidumbre’

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

8 Ene 2022 - 19:00

Se habían tomado unos tragos pero, al contrario de lo que casi siempre pasa, no se pusieron más valientes y parlanchines, sino que tuvieron miedo y empezaron a salirse discretamente de la reunión.

Esa noche del 9 de agosto de 1809, se habían juntado en la sala de doña Manuela Cañizares los conspiradores que planeaban derrocar al presidente de la Real Audiencia de Quito, conde Ruiz de Castilla, para instalar una junta que gobernaría a nombre del rey de España, cautivo del ‘usurpador’ Napoleón Bonaparte.

Ya lo habían intentado meses antes, al fin del año 1808, en la hacienda de don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, pero fueron descubiertos por las autoridades españolas y tuvieron que parar el plan.

Esa noche de agosto habían tomado más precauciones y se reunieron en la sala de doña Manuela, que tenía la costumbre de recibir grupos que, de noche en noche, jugaban baraja y se tomaban unos tragos.

Era una especie de club o casino en un Quito colonial, mojigato, pero bastante divertido. Así las autoridades no sospecharían.

Doña Manuela se ayudaba con ese trabajito, pero no era solo una necesitada ama de casa un tanto libre. Era una convencida de la causa de la Independencia y participaba de las reuniones de los conspiradores, que podían hacerse en su sala, ubicada en un departamento que le arrendaba al cura de la parroquia de El Sagrario, que es el dueño de esa casa hasta hoy.

Cuando la anfitriona se dio cuenta de que unos conjurados iban saliéndose y de que el golpe corría peligro de fracasar, se dice que los detuvo en el zaguán y blandiendo un cuchillo les dijo: “¡Hombres nacidos para la servidumbre! ¿de qué tenéis miedo? ¡No hay tiempo que perder!”, conminándolos a quedarse para cumplir el plan.

Los aludidos, impresionados, hasta se habrán repuesto del efecto de los tragos y ,ante la firmeza de Manuela, volvieron a la reunión.

La madrugada del 10 de agosto, los complotados se tomaron el cuartel de Quito, que estaba muy cerca, informaron al conde Ruiz de Castilla que ya era “ex presidente” y tomaron presos a los principales dignatarios del régimen.

En unos días, el 16 de agosto, nombraron la Junta Soberana presidida por Montufar, reunidos en la Sala Capitular de San Agustín.

No ha faltado quien diga que ese no fue un acto de independencia, sino de sumisión al rey. Pero, en realidad, se trató de un desafío al poder colonial de tales proporciones, que las autoridades reaccionaron con fuerza y crueldad.

Condenaron a muerte a más de setenta personas y, cuando el pueblo trató de liberarlas, el 2 de agosto de 1810, consumaron una feroz masacre.

El 10 de agosto de 1809 fue el inicio del proceso de Independencia, no solo de nuestro país, sino de América Latina.

Pero no hay que olvidar que la víspera de ese acontecimiento, cuando hubo peligro de que no se diera, la ‘puteada’ de una gran mujer puso a los hombres a luchar por la libertad.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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