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La vasectomía
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos bajo el sello Dinediciones. La novela 7, bajo el sello El Broli; además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207, bajo el sello de la Universidad San Francisco de Quito, obra que obtuvo la mención de honor del premio Joaquín Gallegos Lara a la mejor novela.

Actualizada:

29 Nov - 15:08

Desmitificar el sexo no es un triunfo de la madurez, es otra de sus derrotas, pues como la mayoría de desmitificaciones, termina siendo una alegría menos.

Pero a cierta edad se puede recuperar bastante de la ilusión si decides hacerte la vasectomía, porque así, pegarse un polvo es como hacer un consumo con tu tarjeta pero sin que te llegue la cuenta. Es un sueño parecido al que tenemos todos quienes tenemos un metabolismo en cámara lenta: la posibilidad de comer sin engordarse. 

El sexo debe ser esencialmente recreativo, por alguna razón las hembras humanas no necesitan ‘ponerse en celo’ para desear al prójimo, y por alguna otra razón el clítoris es el único órgano del cuerpo humano cuya única y solitaria función es el placer sexual. Aquello de tener hijos como conejos es un asunto digno de conejos. 

He vuelto a pensar en el tema de la vasectomía pues todos los dioses del mundo ya tienen suficientes guerreros, y someter a las mujeres al maltrato químico de los anticonceptivos es poco elegante, déjenme decirles. Así, regresaron a mi mente los soñolientos momentos en que una calle de honor de enfermeras aplaudiendo me abrían paso, mientras yo, todavía adormecido, miraba los focos de neón del techo de un pasillo de hospital. Se que vi en sus ojos admiración.

A mi derecha dos enfermeros con cara de envidia desarmaban teodolitos y poleas, mientras un tercero con bigote y patillas republicanas limpiaba una maltrecha sierra eléctrica de esas grandotas. En el ambiente flotaba ese aire enrarecido que dejan las grandes cosas al pasar. Me había sometido a una vasectomía y el acontecimiento no pasó inadvertido en aquel carísimo y sobrevalorado hospital. 

Esa misma tarde, ya en mi casa noté que llevaba pegada como una medalla al valor una bandita sobre la herida suturada con un punto por alguna mano profesional de la medicina. Como con los héroes verdaderos, la bandita se había empapado de sangre y se me cayó cuando quise hacer pipí. Llamé a mi abnegada y respetuosa esposa y le dije que me ayudara a reemplazarla. Abrió el cajón de las medicinas y seleccionó una curita. Tomé con ambas manos a mi compañero de infortunio y lo levanté para que ella pudiera hacer su labor. 

Cuando me miró dijo: “Así quedan los gatos esterilizados” y se rió. Yo, ofendido por la comparación, le dije que las enfermeras me pidieron que les venda el chorizo por libras. Y ella me respondió “pues les has vendido todito”.  Me puso la curita antes de morirse de la risa. La curita era de Toy Story. 

Estuve dos días colocándome hielo en la zona de paz y no le volví a pedir auxilio a la beneficiaria porque mucho se me burlaba. Hay que operarse los viernes, pasar tranquilo el fin de semana y el lunes no habrá problemas. Luego se recomienda tener cuidado los siguientes 20 o 30 disparos, pues en el organismo todavía permanecen espermatozoides agazapados dispuestos a dejarte sin ahorros.  

Es una cosa sencilla esto de la vasectomía. La libido no disminuye, no te engordas, no se nota la herida (porque el corte va dentro de una arruga), y sobre toda las cosas, no te asustas luego de dejarte llevar por las fieras ansias sin protección. Se los recomiendo efusivamente. 

El costo de la operación se amortiza rápidamente. Y es una gran forma de favorecer la irresponsabilidad siendo responsable. ¿Qué más se puede pedir?

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