Con Criterio Liberal
A propósito del libro ‘Una fe lógica’, de Timothy Keller
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

28 Sep 2020 - 19:00

He leído ‘Una fe lógica: argumentos razonables para creer en Dios’ de Timothy Keller, un pastor presbiteriano en Nueva York, neo-calvinista y uno de los principales apologetas de nuestro tiempo (continuador de Lewis).

El libro me llegó por un regalo, y me interesó mucho desde el principio, pues yo siempre había pensado que creer en Dios era mucho más lógico que no creer, y tenía una profunda admiración por la teología, en mi opinión una de las ramas más excelsas del saber humano, pues combina la argumentación lógica de este mundo con el intento de comprender su trascendencia, su sentido. 

A mí lo que más me ha convencido es el inicio, el demostrar que no es que se enfrenten dos opciones creer en Dios o no creer, sino que las alternativas a las que hacemos frente todos los seres humanos es creer en Dios o creer en la hipótesis secular del mundo, y que no es ni muchísimo menos una ilógica y la otra científica, sino que son dos cosmovisiones en contraposición, y que ambas requieren de saltos de fe para suplir sus inconsistencias.

Me han sido muy reconfortantes los datos del inicio del libro, que confirman que pese a la visión generalizada de que la religión está de retirada de nuestras sociedades y de que lo moderno es ser ateo, los datos demuestran que tras más de dos siglos de intentos sistemáticos de secularización de nuestras sociedades, la religión, y en especial el cristianismo, siguen creciendo en número de fieles.

Que cada vez más filósofos y pensadores se vuelven a la religión para buscar respuestas a las grandes preguntas y que, pese a su virulencia, el ateísmo ha sido incapaz de construir respuestas solventes a las grandes preguntas de la vida.

Sigue el permanente problema de la moral y la Justicia, uno de los más acuciantes para la argumentación secular. Y es que si no hay Dios, no hay escala de moralidad más allá del subjetivismo de cada uno y, ante este problema, son muchos los autores seculares que han reconocido la falta de asideros sólidos para los derechos humanos, más allá de la retórica de los derechos humanos si no es en una visión trascendente, religiosa del mundo.

El libro, pensado para convertir, a mí me ha servido para reafirmar mis pensamientos previos y tener mejor argumentación para mi fe. Algunos todavía pensarán que “fe lógica” es un oxímoron, pero la realidad es que, aunque la fe es un don, y se puede tener o no tener, la fe no implica la renuncia a la razón, y cualquier cosmovisión supone crear un sistema de creencias y creer en algo.

Parece mucho más sólido, eficaz, razonado, coherente, y que lleva a una vida mucho mejor el depositar nuestra fe en Dios, que en cualquiera de los becerros de oro de nuestro tiempo, que ha dado grandísimos avances, eso es innegable, pero que en lo espiritual y trascendental parece no aportar mucho, pues el cientificismo o el escepticismo parecen caminos sin salida que no responden a las preguntas últimas, como son la belleza, la moral, la humanidad, la muerte y el sentido de la vida.

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