Al aire libre
El mantra de Gaby Solah: nunca digas nunca jamás
Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

19 Feb 2021 - 19:00

Les he pedido a las hermanas de Gaby Solah que me digan qué come, qué bebe, qué hace a diario ¡para entender cómo corre tan rápido!

Al igual que los keniatas, tiene la genética porque su papá es un deportista excelente. Gaby entrena con seriedad y persistencia y cumple sus metas.

Dicen que las supermujeres tienen algo extraordinario detrás. Ella tiene estos superpoderes: es generosa con sus colegas deportistas y con todo el que se le cruza; tiene una familia hermosa y unida; es transparente, tiene garra y pasión, es pionera en el trote, es única. 

Gaby entrena con seriedad y persistencia y cumple sus metas.

Por eso tiene todas las de ganar.

-Desde niña competía en los intercolegiales. -Cuenta Gaby. 

-Fui velocista y gané varias medallas. Siempre me gustó el deporte. Jorge, mi marido, me insistió para que corriera la Últimas Noticias 15K y, sin entrenar casi nada, lo logré.  

Y agrega sonriendo: ¡Qué felicidad llegar a la meta! No solo fue mi logro sino de toda mi familia. Hijos, padres, hermanos, sobrinos, todos salieron a apoyarme ese día. 

Corrió más competencias, algunas medias maratones, pero siempre decía “hasta ahí no más”. 

Jorge hizo caso omiso y la inscribió en el sorteo de la Maratón de Nueva York.

-Recorrer 42 kilómetros en carro es cansado, imaginarme corriendo esa distancia, era imposible. –dice Gaby. 

Salió sorteada para la maratón, compró el pasaje y se fue a correr. 

-La madrugada de la carrera tenía unos nervios terribles. Me despedí de Jorge como si jamás fuera a volver a verlo.

Y continúa: “llegué a un parque con miles de personas. Me ubiqué en mi corral. Tocaron el himno de los Estados Unidos y luego la canción de Frank Sinatra, ‘New York, New York’. La piel se me puso de gallina, oí el cañonazo y largamos. No podía creer que estaba corriendo la maratón de Nueva York. Llegó un momento en que me dolía todo, pero yo tenía en mente que iba a llegar. Dedicaba cada kilómetro a Dios, a mis hijos. Eso me ayudó para no rendirme”. 

Sigue su relato: “me habían hablado de la famosa pared del kilómetro 32, pero nunca la sentí. En el kilómetro 40 el corazón me latía a mil. No solo era el cansancio, era la emoción de saber que lo había logrado. Me puse a llorar y al cruzar la meta tuve la sensación más increíble”.

-Ahí me di cuenta de que jamás se puede decir jamás lo haré. Desde entonces he corrido catorce maratones. 

Gaby pasa campante por la vida. Quizás se debe al hecho de haber crecido con un papá y una mamá que son ejemplo de amor y de valores. 

-De ellos aprendí la honestidad, el respeto, la generosidad y gratitud. Me iba mal en el colegio y solo recién descubrí que tengo déficit de atención, lo que, en ese entonces significaba ser vago. 

Gaby recuerda: “mis papás me enviaron a un año de intercambio a un colegio cristiano en Colorado, quizás con la esperanza de que me volviera santa y de que cambiara” – sonríe.

“Soy creyente y soy patriota. Amo mi Ecuador, lamentablemente los políticos arruinan el país. El político debería trabajar por amor sin recibir un centavo a cambio. También soy muy exigente conmigo misma y me he puesto retos muy difíciles de lograr. Aprendo más de los fracasos que de los éxitos”. 

¿Cuál es la mejor maratón? Le pregunto. 

-Yo creo que cada una tiene su encanto y su dificultad. He corrido las cinco más importantes del mundo, incluida la de Boston a la que se llega por clasificación. En Madrid fui novena y recibí premio y trofeo. Clasifiqué al Sudamericano Máster en Perú y gané la medalla de oro en los 5.000 metros planos. 

Aprendo más de los fracasos que de los éxitos.

Tres hechos son sumamente importantes en su vida: tener a su hija, a su hijo, y haber corrido una maratón, enfatiza.

Me preparaba para la maratón número 15, en Tokio, cuando me detectaron cáncer de mama y todo se truncó. Empezó una nueva etapa: operaciones, tratamiento de quimioterapia, radioterapia. Fueron dos años de lucha. 

“Mi cáncer fue una enseñanza”, dice Gaby, “me pregunté algunas veces ¿por qué a mí? Dios sabe a quién les pone los retos más difíciles. Aprendí a valorar tantas cosas, como lo que vale un minuto de vida”. 

-Me enorgullece decir que gané la carrera del cáncer y obtuve la mejor medalla que es vivir. El deporte es mi mejor antiestrés. Durante la pandemia me escapaba en toque de queda a correr por el Chaquiñán a las 05:00 de la mañana. Entonces corrí un triple reto virtual y gané en categoría mujeres. Este Carnaval fui a Bahía y me inscribí en una carrera de 6 kilómetros ¡y volví a ganar!

“Seguiré adelante hasta que Dios lo disponga”, declara Gaby. 

Gané la carrera del cáncer y obtuve la mejor medalla que es vivir.

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