Al aire libre
Marcela Restrepo, una mujer que vive como se le antoja
Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

25 Dic 2020 - 19:00

Aprovecho este espacio para invitar a cumplir tres propósitos de año nuevo. 

La meta 1 nos la propone Marcela Restrepo 

Nació en Medellín en los 80. “Una ciudad que era la cuna del narcotráfico y de la inseguridad. Con un papá muy cariñoso, pero extremadamente conservador, y una mamá atea y librepensadora”. 

Y continúa: “mi papá quería que yo fuera una paisa citadina y cautelosa ante los peligros de afuera. Mi mamá soñaba con criar una mujer rebelde frente a la norma machista y con acceso a nuevas tendencias”.

Salían de Medellín, en familia, a las fincas de Antioquia donde jugaba en las vertientes y los bosques. “Hasta hoy guardo su olor conmigo… mantuve una creatividad, liviandad y curiosidad en medio del entorno bastante gris de esos años”. 

Viajaron a Ecuador cuando la situación ya era insostenible en Colombia y Marcela se fue enamorando “del sentimiento de tranquilidad y conectividad que genera estar en la naturaleza”. 

 Llegar a la libertad y la tranquilidad de Quito fueron una revelación, dice, y añade:

“Me volví una activista ecológica, escalando montañas y captando la unión de mi mundo creativo con el ciclo natural de la tierra”.

¿Cómo conociste a Michael? 

“Yo había regresado de Nueva Zelanda donde viví por años, investigando temas de permacultura y agricultura orgánica. Michael, en cambio, terminó sus estudios de guía de montaña en Canadá. Alguien me dijo que tenía que conocer a estos chicos que andan a pata llucha”. 

Lo primero que Michael le dijo a Marcela cuando lo conoció fue que se iba a “una expedición con unos guambras por tres semanas. Me dijo: ‘¿quieres venir?’ Esa fue su primera invitación a una cita romántica, y yo le dije que sí”.

“Llegué a mi casa y le conté a mi amiga: creo que acabo de conocer al hombre con quien quiero envejecer. ¡Fue un flashazo! ¡Un llamado al cosmos!”

Esta mujer que vive como se le antoja, porque rompió con los esquemas, nos propone una meta para cambiar, literalmente, para siempre:

Es vivir cercanos a nuestra fuente de energía: el alimento. Saber de dónde viene lo que está en la olla o el plato; qué damos a la familia, qué compartimos con otros.

Es evitar el monopolio y el libre albedrío del supermercado y la agroindustria, sustentada por químicos, pesticidas, largas distancias; versus lo que sanamente puede producir la tierra. 

¿Se acuerdan de la frase ‘de la mata a la olla’ como algo importante? Y al otro lado de la moneda, recuerdan cuando nos traían chocolates o cereales gringos y era como ¡wow! Ahí está el giro.

Los pasos son simples: dar tu plata a un productor local que te asegura que comes sano, que su cultivo cuida la tierra, el agua. Apoyar una huerta cercana. Evitar productos procesados, empacados que, además, vienen de lejos.

La meta 1 para 2021 es comer sano y apoyar a la producción local. 

“Es una forma sencilla de unirnos al proceso más básico de supervivencia”. –propone Marcela.

Con Michael y su familia han logrado una comunidad en Nahual/Finca Palugo que incluye a 20 personas de la zona y que “va más allá de solo exprimir (dulcemente) productos de la tierra. Es agricultura regenerativa, es cosechar de la tierra y, quizás más importante, devolverle lo que necesita para asegurar un suelo sano para el futuro”. 

Según Julia, una cliente, “son productos de primera, garantizados, con un sello personal, con cariño y dedicación”.  

A veces Marcela, Mihail y sus dos hijos se van de expedición en bicicleta. Son días y días de viaje dentro de las montañas, en la selva, rumbo a la playa. 

“La naturaleza no es solo sembrar –sonríe Marcela-, también es jugar, recargar energía”. 

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