Las Frases que Hicieron Historia

“¡Tirar a matar!”

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

13 Ago 2022 - 19:00

Consigna del coronel Luis Piñeiros

En 1956, Velasco Ibarra culminaba su tercer período presidencial, único que logró concluir, y se empeñó en dejar como sucesor a Camilo Ponce Enríquez, fundador del ‘Movimiento Socialcristiano’, que había sido su ministro de gobierno y luego candidato de los conservadores y la derecha unificada.

Velasco combatió a Raúl Clemente Huerta, candidato del ‘Frente Democrático’ integrado por liberales, socialistas y otros grupos de izquierda. Promovió las candidaturas de Carlos Guevara Moreno, del CFP, y de José Ricardo Chiriboga, disidente liberal que era chimbador divisionista.

El presidente dio la vuelta al país detrás de Huerta y con su explosiva oratoria sentenció: “O el Frente me tritura a mí o yo lo trituro al Frente”. Así ganó Ponce con estrecho margen.

Fue consciente de que, aunque la derecha tradicional había triunfado, su votación representaba solo alrededor del 30%, y no intentó una regresión en las conquistas del Estado Laico.

Toleró ciertos rasgos liberales y equilibró las influencias regionales de Sierra y Costa. Mantuvo el acuerdo entre los sectores dominantes, usufructuarios de la estabilidad.

Pese a la virulencia de la oposición de liberales, socialistas, comunistas, CFP y del velasquismo, del que Ponce se alejó pronto, el régimen constitucional se mantuvo.

Ponce continuó las obras públicas de sus antecesores e impulsó la construcción de vías y establecimientos educativos, el Puente de la Unidad Nacional y varios edificios modernos.

Encubrió irregularidades, entre ellas las de Moscoso Loza, su secretario, en la compra de vehículos de lujo. Cuando no pudo negar que había suscrito documentos, dijo cínicamente que su firma era “aparentemente auténtica”.

La estabilidad no significaba que hubiera en Ecuador paz social. El desarrollismo no podía superar las contradicciones estructurales de la sociedad.

Con la baja de las exportaciones, esas contradicciones afloraron. En el agro costeño, especialmente en Manabí y Esmeraldas, se incrementó la protesta campesina, reprimida violentamente. A fines de la década la situación se volvió más grave, sobre todo para los sectores populares.

En Portoviejo hubo un motín en 1959. En junio estallaron protestas en Guayaquil. La agitación se elevó y en varios lugares se produjeron saqueos. Ese fue el motivo de una matanza indiscriminada en las calles de la ciudad.

Ponce había dispuesto que se reprimiera sin contemplaciones y el jefe militar enviado para el efecto, coronel Luis Piñeiros ordenó “tirar a matar”, con un saldo de cientos de muertos.

El gobierno justificó la masacre arguyendo que había salvado a la ciudad de una ola de maleantes. Muchos en el país lo creyeron y agradecieron por la represión y los muertos.

Pero el estallido de violencia era signo de que, con la crisis bananera, la estabilidad había terminado y mucha gente inocente del pueblo que protestaba fue asesinada a mansalva. El gobierno solo atinó a decir: “murieron unos desconocidos”.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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