Al aire libre

Mikel Goñi vive sin respiración en el mundo submarino de Galápagos

Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

18 Mar 2022 - 19:00

A dónde vas ahora, me dice mi madre, voy al norte, le respondo. ¿Y vas a ver tiburones? Sí. ¡Ay, no me cuentes, no me cuentes!

“Lo único que hago es darle disgustos a mi pobre madre” –dice Mikel con una gran sonrisa y el pelo sobre la cara.

Es que vivir la vida de Mikel Goñi puede ser bello, pero peligroso. 

Su territorio es submarino y sin oxígeno. Su récord en apnea –aguantar la respiración- es de tres minutos y medio. A 33 metros de profundidad. 

“He vivido siempre cerca del mar” –explica Mikel. “Escapar de la monotonía era irme a nadar. No sabía lo que había en el fondo marino hasta que me regalaron las primeras gafas de buceo. Desde entonces casi no salgo del agua”.

“Es como vivir en el espacio, no hay gravedad. Es otro mundo”.

Mikel nació en Venezuela, de papá español y de mamá española-ecuatoriana. Cuando Mikel tenía seis años se fueron a España.

“Empecé con apnea, sin curso ni nada, aguantado la respiración. Me ponía objetivos: este año hago tres piscinas sin respirar. El próximo, seis. Tenía once años”, recuerda.

Aprendió investigando sobre gente que se dedica a la apnea, a técnicas de meditación, respiración. 

De Palma de Mallorca fue a Almería, al parque Natural Cabo de Gata. 

“Me encantaba la pesca marina y me encanta comer. Decían ¿qué comemos hoy? Y yo respondía: ya traigo el pescado a la mesa”. Se juntaban las dos cosas. 

Un día, mirando peces y pulpos, “vi algo a 27 metros. Dije, claro, los cochinos botando basura, y como hacía siempre, fui a recoger el plástico. Pero esta vez era una cámara fotográfica acuática. Oprimí ‘ON’ y ¡se prendió!”

Mikel dice que a partir de ese día cambió la pesca por la fotografía marina.

Su mamá les había hablado de lo precioso que es Ecuador. “¿Qué es esto de Galápagos? –preguntábamos- ella decía que ahí los animales no te tienen miedo, me parecía increíble y yo toda mi infancia con las camisetas de Galápagos puestas. Que si la tortuga, que si la iguana”. 

Cuando sus hermanas se mudaron a Ecuador, Mikel dijo, hagamos la prueba. “En eso, a mi novia le ofrecen un trabajo en Galápagos… se juntaron los astros”.

Mikel es informático de profesión y trabaja en el área de sistemas en la Estación Charles Darwin. 

Mientras conversamos por Zoom me muestra su oficina. Un manglar con iguanas marinas que reposan al sol. Y entonces me pierdo en los recuerdos y la poesía de nuestro archipiélago.

Sus atardeceres no tienen igual. Los rayos rojizos del sol sobre el mar y en el cielo azul, las nubes dispersas sobre la silueta de una isla lejana, las fragatas buscando descanso y las gaviotas nocturnas alistando el vuelo. 

¿Cómo será bajo el agua?

Me meto a su perfil de Instagram @hirobi y ahí está, un mundo de peces de colores, tortugas, tiburones.

Oye Mikel ¿cómo llegaste del departamento de tecnología al área de ciencia marina? 

“Los drones ya eran populares. Yo trabajo con robótica. Conseguimos unos submarinos a control remoto y necesitaban una persona que se sienta bien en el entorno marino”, dice.

De la isla Darwin a Wolf es un día navegando, con equipo y todo –cuenta. Allí se monitorea la salud de los tiburones martillo, se extrae un trocito de su piel. “Esta especie de tiburones se asusta con las burbujas, por eso voy en apnea”. 

“Mi favorito es el tiburón ballena. Enorme, de 15 metros. Tuve una experiencia en el arco de Darwin. El mar un total azul y pasa un ‘autobús’ a pocos metros de mí. Solo dije: ‘apártate, él no va a frenar”. 

Otro día Mikel vió un tiburón tigre. Llevaba una tortuga marina en su boca. “Subo a la superficie y pido la cámara, bajo y el tiburón suelta la tortuga. Suele ser huidizo, pero giró a verme y fue hacia mí”. 

Milel pensó “creo que me voy a ir. Si quería atacarme, chao”.

Amaneces un día y de pronto en la playa te encuentras con la escena de National Geographic: un lobo marino capturando un pulpo al vuelo. 

“Son las Islas Encantadas”, dice Mikel,”aquí tengo todo”.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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