Al aire libre
Mónica Crespo y Gonzalo Calisto: entrenar es dar un mensaje de paz
Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

16 Oct 2020 - 19:05

Llegamos a un pueblo de Chile para correr el Cruce de los Andes y en la entrega de chips nos preguntaron ¿ustedes son los ecuatorianos que corren en élite?

Dijimos: “normalitos no más somos. Cuando llegue la élite de Ecuador, lo sabrán enseguida”.

Más tarde, una de las voluntarias que nos había recibido nos dijo: “tenían razón”, desde lejos dijimos “ahí viene Ecuador”. Debo decir que sentí orgullo de la pareja más dura de corredores de aventura del país.

Gonzalo Calisto y Mónica Crespo llevaban la bandera del Ecuador y su ropa deportiva estaba ‘brandeada’ con las marcas que los auspician. Pero, sobre todo, tenían una mirada de seguridad y una postura que transmite garra y triunfo.

Gonzalo Calisto y Mónica Crespo.

Gonzalo Calisto y Mónica Crespo. Cortesía

Ahora que lo pienso, es la misma expresión de Richard Carapaz antes de salir a competir, de Eliud Kipchoge cuando sabe que va a romper el récord del mundo. Es la certeza de que puedes, de que vas a lograr tu objetivo porque te has preparado.

En ese Cruce de los Andes 2014 hicieron podio. Estaban entre los favoritos y no decepcionaron. Además de lo dura de la travesía -que les tocó con hielo y tormenta- ellos se divirtieron. Sufriendo y sudando, la gozaron. Mónica bromea: “lo que sea, pero sin perder lo fashion”.

Veni, vidi, vici. Vine, vi y vencí.

No es de extrañar que una de sus hijas, cuando era chiquita, en una de sus primeras competencias de colegio le haya dicho a su mamá: voy a llevar ropa de podio.

Esta pareja comenzó hace 15 años con un gimnasio y la aventura como profesión. Gracias a su dedicación, disciplina y amor a lo que hacen, han sacado adelante una empresa deportiva que incluye acondicionamiento físico, entrenamiento en atletismo, ciclismo y montaña; ofrecen implementos deportivos, ropa y accesorios.

Tienen innumerables logros personales en deporte de aventura (que incluye correr, ciclismo, escalada, rapel, rafting, kayak, entre otros). Su mayor éxito es su familia, formada por sus hijos: Isabela, Micaela, Matías, y sus cuatro perros: Laica, Fisgón, Pichi y Sienna.

Sus alumnos, que alcanzan más de 10.000, siguen corriendo y entrenando. “Se ha generado un hábito”, dice Mónica. “Me encuentro con chicos que me dicen: me enseñaste a disfrutar de las montañas”.

El motor que les impulsa es su trabajo comunitario. Han organizado un club sin costo para corredores, con el apoyo de Nike. Se trata de una plataforma que tiene 9.600 participantes.

Mónica y Gonzalo son mis profesores de pilates desde 2014 y en la pandemia han sido compañeros de vida a través del internet. Son parte de mi casa.

Al principio yo seguía las clases dos veces al día, porque su música, su actitud y “su tiranía” a la hora de ‘sacarte el aire’, me animaban en medio del extraño confinamiento.

Son emprendedores naturales. No perdieron un día pues desde el 16 de marzo de este año comenzaron a dictar su clase abierta al público en Instagram Live y con un costo accesible, vía Zoom. Tienen gente de todo Ecuador, Argentina y Estados Unidos.

“En 15 años habíamos logrado una rutina efectiva, divertida, y de pronto hubo el frenazo” -dice Mónica- y añade: “nos obligó a entender que la gente necesita una ayuda que va más allá de lo deportivo. El entrenador es un mensajero de paz, de calidad humana, de generosidad”.

Y de motivación e inspiración, pienso yo.

Gonzalo acaba de cumplir el Récord Resiliencia 2020 con Pancho Pinto. En 17 horas ‘non stop’ subieron en bici desde 0 a 6.262 metros sobre el nivel del mar. Arrancaron en Babahoyo, treparon por la cuesta de Balsapamba hasta el refugio Hermanos Carrel. Ahí comenzó el ascenso. Llegaron a la cima del Chimborazo al amanecer.

Mónica dice que estaba en Riobamba y se le acerca una chica. “No me conoces, pero no sabes el bien que me hiciste, pude enfrentar la enfermedad de mi mamá”.

“La misión es mantener las comunidades”, dice Mónica “reforzar lo que se creó en la pandemia: gente súper fuerte que puede vencer cualquier cosa”.

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