Saliendo del clóset
Por favor, no te vayas cura Tuárez
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Soy una chica material, lo admito sin culpa alguna. Me apasionan la moda y el maquillaje, los considero una expresión de nuestra verdadera personalidad. Muchas veces un zapato puede decir más que un elaborado discurso inspirado en la dialéctica. Pues, como lo dijo Oscar Wilde, en este mundo "nada es más indispensable que lo superfluo".

Actualizada:

1 Ago - 19:42

No se por qué se ensañan contra el cura Tuárez, si está haciendo un magnífico trabajo como presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, también conocido por la impronunciable sigla de CPCCS.

En realidad es una sigla más enredada que la de la desaparecida Unión Soviética o URSS. Y hablando de Rusia, este cura a ratos se me parece a Rasputín: ambos monjes non sanctos, que volvían locas a las señoras de cierta edad, y que se metieron en política en el papel de consejeros.

En fin, pobre cura, ya está a un pelín de lograr lo que ‘una bola de instituciones’ no ha podido hacer: desprestigiar y destruir de una vez por todas al CPCCS. Solo hay que darle tiempo, digo yo.

De paso, a lo mejor logra su otro cometido: el de exorcisar al país de sus males y limpiar su alma.

Ya le limpió los bolsillos a una cercana amiga de 71 años de edad, a la que pudo sacarle pólizas de ahorro, un departamentito en la playa y hasta un camión. A cambio, el cura le extendió a esta amable ‘benefactora’ un cheque ‘chimbo’ por USD 5.000.

Comprobadas entonces sus facultades de limpieza ¿Me pregunto si Tuárez será igual de eficiente en el papel de exorcista?

El cura, en uno de sus momentos de ‘iluminación’

 

En todo caso, si se va Tuarez, lo más posible es que suba a la Presidencia del impronunciable CPCCS otro correísta pero esta vez un poco más avispado (si se puede), como Juan Javier Dávalos, que es el suplente del cura.

Además de populista, Dávalos es infinitamente aburrido: un amante más de las teorías de la conspiración, de las veedurías, de la refundación de las cosas y un adepto del ya tan manido culto a los ‘movimientos juveniles’.

Sí, los movimientos juveniles eran esos muchachos barbudos, patosos y adictos a palabras resbalosas como ‘lucha’ y ‘causa’, los mismos que hace 20 o 30 años salían a la calle con pancartas anticapitalistas, mientras los demás nos divertíamos haciendo las coreografías de Magneto.

Y, para terminar, los dejo con otra frase célebre del querido Tuárez, que a estas alturas ya no sabemos si es cura o no:

 

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