Al aire libre

La noche en que Jesús regaló a su mamá

Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

24 Dic 2021 - 19:00

Cuando era profesora de preescolar, conversaba con mis alumnos sobre la Nochebuena, el Niño Jesús y el Papá Noel.

Un día un niño dijo en voz alta:

-Papá Noel no existe.

Le pregunté, frente a 25 chiquitos alertas, con los ojos como platos:

-¿Cómo así? ¿Quién te dijo eso?

– Mi papi.

Contesté con calma:

-Dile a tu papi que venga a hablar conmigo. Le tengo que contar lo que yo sé.

Todos asintieron y él se quedó tranquilo y seguimos con las historias navideñas.

Su papá nunca apareció.

¿De dónde viene mi certeza? Tengo razones fuertes para creer.

Estos días son dulces y se puede sentir que “miles de estrellitas en barquitos de papel, viajan por el mundo, pero no se dejan ver”, como dice una canción.   

Oí en la radio una cronología de la vida de Jesús:

“Este personaje tuvo una influencia arrolladora en el mundo. Un joven que, en solo tres años, con una vida sencilla y palabras claras, ha cambiado a millones de seres humanos, ha sembrado una fe que se extiende en toda latitud. Es tan fuerte su paso por el mundo que hay un antes y un después de Cristo”.

Cuando era niña y se acercaba la Navidad, íbamos a traer material para el Nacimiento en un sendero de la hacienda que bajaba por la quebrada.

Era un bosque nativo lleno de vida. Mi mamá nos contaba:

-La tierra de Jesús era como un desierto, vamos a poner poco musgo, y caminábamos despacio imaginando como iba a quedar nuestro Nacimiento.

También cogíamos ramas de pino y de ciprés para ponerlas sobre la chimenea. Ese aroma es de mis recuerdos más fuertes de Navidad.

Cuando tuve a mis hijos, seguí con la tradición. De dos años, Francisco puso todos los animalitos de juguete, los tractores y los carritos al pie del Nacimiento.

Un día mi hermana María Fer y su hijo Juan Martín, de unos cuatro años, llegaron a visitarnos. María Fer le dice a Francisco, qué lindo, pusiste un tigre y un león en el Nacimiento.

Y Juan Martín pregunta:

-¿León Febres Cordero, mami?

Esto me recuerda que, jugando mis hijos y sobrinos chiquitos en la hacienda, uno de ellos dijo: yo soy He-Man, el otro, yo Batman, y Gabriel dando un salto en aire gritó:

-¡Yo soy el Fenómeno del Niño!

A las novenas en la hacienda llegaban los niños de Santa Anita, un barrio cercano. Yo conseguía fondos de mis hermanas y amigas para repartir cada noche galletas y canelazo. Y, por supuesto, juguetes y caramelos el día crucial de Navidad.

Vivíamos ya en Quito y en una novena con mis amigas repartimos velas a nuestros hijos e hijas para que entraran cantando un villancico. En medio del desfile comenzaron a llorar: ¿qué pasó, por qué lloran? Los pobres se estaban quemando con la cera de las velas.

Hace una semana organizamos la novena con las mismas niñas, ya grandes. Nos acordábamos de estas escenas y nos matábamos de risa.

La independencia de cultos llegó también a nuestras familias, cuando a una de las chicas -que es krishna o agnóstica- le tocó el turno de leer la novena comenzó así:

-Atención gente católica.

Imagino que mi mamá, rodeada de mis hermanos y yo, se enfrentaría a nuestras preguntas con la certeza de quien conoce la verdad.

-¿El Niño Jesús trae los regalos?

-Sin la ayuda del Niño Jesús, ningún papá o mamá podría hacer nada.

-¿Cómo alcanza a repartir tantos regalos en una noche?

-Es que Jesús puede todo.

-¿Papa Noel existe?

-San Nicolás es el verdadero nombre de Papá Noel. Es el ayudante de Jesús.

Hasta hoy tengo esa claridad en mi corazón.

“La verdad no necesita defensa”, oí recién en un audio de un curso de milagros.

Ya de grande, conversaba un día con mi mamá y me dijo algo que todos sabíamos en la casa:

-¿Sabes que mamá murió la noche de Navidad?

-Yo sé mamita.

Me dijo despacio, mirando a lo lejos:

-Esa noche el Niño Jesús me regaló a su mamá, entonces yo tengo dos mamás.

Durante años he pensado el dolor extremo que sentiría mi mamá esa noche. Una chica de 15 años.

Cómo lloro ahora mismo al imaginar la casa oscura, la tristeza de mi abuelo, y ella despierta frente al Nacimiento, mientras sus hermanos pequeños dormían.

Creo que realmente el Niño Jesús se acercó a mi mamita y le tendió despacito la mano de su mamá para consolarla.

No encuentro otra explicación al amor y la ilusión que sembró mi mamá en nosotros hacia la Nochebuena, y los días anteriores a esa hora única para el mundo cristiano.

Y su alegría el 25, cuando nos deseaba a todos Felices Pascuas.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

Comentarios
Noticias relacionadas

Firmas

Lo que digan las redes

Casi dos años después del encierro por la pandemia pretenden volver a fojas cero con decisiones incoherentes, que dependen de lo que digan las redes.

REGLAS para comentar 
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos