Las Frases que Hicieron Historia

¡Ñucanchi Jatun Apu!

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

26 Feb 2022 - 19:00

Desde la década de 1860, bajo el régimen de Gabriel García Moreno, se profundizó la explotación de la fuerza de trabajo de los indígenas.

En diciembre de 1871, en la provincia de Chimborazo, la población se alzó contra el pago de tributos y la opresión. En Cacha aprehendieron a un cobrador de diezmos que había cometido muchos abusos y lo mataron. Luego mataron a otras diez personas.

Reunidos frente a la capilla de El Rosario, en la actual comunidad de Cachatón San Francisco (Hatun Cacha), una gran cantidad de indígenas eligió a Fernando Daquilema como su jefe al grito de “Ñucanchi Jatun Apu” (Nuestro Gran Señor). Luego le pusieron el manto y la corona de un santo y le nombraron rey.

Daquilema era un joven de 23 años que había nacido en 1849. Su padre, Ignacio Daquilema, trabajaba en la hacienda Tungurahuilla, y su madre era María Ruiz. Se casó con Martina Lozano.

Liderados por Daquilema, los indígenas tomaron Yaruquíes y atacaron Cajabamba, armados de piedras, palos e instrumentos de labranza. Pese a su gran número, fueron reprimidos por las fuerzas militares enviadas por el gobernador de la provincia.

Fueron tomados muchos presos. Pero lograron reorganizarse y, encabezados por Manuela León, atacaron Punín. Centenares de hombres y mujeres enfrentaron a los soldados del gobierno.

Manuela atacó a un teniente, le clavó una garrocha en el pecho y luego le arrancó los ojos con su topu. Era su reacción por haber sido violada salvajemente.

Los insurrectos se tomaron el pueblo y liberaron a los presos, pero luego se retiraron ante la noticia de que venían soldados de refuerzo.

En esa situación, algunos dirigentes presos solicitaron el indulto, con la condición de deponer el levantamiento. Se les indultó. Daquilema se sintió traicionado y se entregó a las tropas del gobierno. Pudo haber huido de Cacha, pero no lo hizo. Pidió a su gente que se dispersara en silencio y fue a la cárcel.

El 23 de marzo de 1872 se inició en Yaruquíes el juicio por motín, asesinatos, robos e incendios. Daquilema fue condenado al fusilamiento. Un testigo firmó por él, porque era analfabeto, que estaba conforme con la pena. No pidió ni le fue concedido indulto.

A las once de la mañana se anunció la sentencia por bando. El reo, vestido de blanco, marchó con dos sacerdotes a sus lados.

El capitán del pelotón le preguntó si quería alguna gracia. Daquilema contestó ‘Manapi’, que significa ‘nada o ninguna’. Dijo unas palabras en quichua y luego lo mataron a balazos. Desde lejos, muchos vieron en silencio la escena.

Antes de la ejecución de Daquilema, el 8 de enero, un consejo de guerra había ordenado, sin juicio previo, que ejecutaran a Julián Manzano y a Manuela León, considerada una de las ‘cabecillas’.

Nacida en 1844, hija de Hermenegildo León y de María Guamán, la acción de Manuela en defensa de los derechos indígenas se volvió legendaria. Años después, esta notable mujer fue declarada heroína nacional.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

Comentarios
Noticias relacionadas

Firmas

El rostro de una niña indígena

Pienso en las niñas que se convirtieron en mujeres luchadoras: Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña, Nemonte Nenquimo. No hay paz sin justicia social.

REGLAS para comentar 
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos