Con Criterio Liberal

No a la obligatoriedad de las vacunas

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

27 Dic 2021 - 19:00

Tras un exitoso plan de vacunación, basado en la voluntariedad y en la cooperación público-privada, el Gobierno de Guillermo Lasso ha decidido hacer obligatoria la vacunación y la presentación del carnet de vacunación para entrar en ciertos locales.

Estas medidas son de dudosa constitucionalidad, pero seguro son absurdas, innecesarias, improcedentes y liberticidas.

Es de dudosa legalidad tanto el imponer la vacuna como el discriminar a los no-vacunados en la entrada y, probablemente, el asunto terminará en la Corte Constitucional.

En muchos lugares del mundo ya están los jueces declarando que no se ajustan a la tolerancia que nos hemos dado como sociedad y para la que hemos creado el Estado de Derecho.

Lo que se está imponiendo es una discriminación a los no-vacunados, lo que ocurre es que a los discriminadores no les gusta esta verdad e intentan camuflarla usando eufemismos.

Pero la realidad es muy dura, y cuando se les pase el miedo tendrán que valorar cómo se comportaron en este asunto, del lado del poder contra los ciudadanos que decidieron por sí mismos sin evidencia de salud alguna.

La aplicación obligatoria de las vacunas es, sobre todo, absurda. Si las vacunas funcionan (esto es, que conceden una inmunidad razonable y reducen el riesgo de contagio grave hasta niveles suficientemente bajos), entonces los no-vacunados no pueden ser tal peligro para los vacunados como para separarlos, y no tiene ningún sentido hacerlo obligatorio.

Si las vacunas no funcionan (o no funcionan contra las nuevas variantes), entonces tampoco tiene ningún sentido ninguna de estas medidas.

La variante Ómicron, que se supone que justifica todas estas nuevas medidas por su alto nivel de contagio, es muchísimo menos mortífera que las anteriores, y no está causando colapsos hospitalarios en ningún lugar del mundo, pues la mayor parte de los casos pasa como asintomáticos, o como una gripe menor.

Y esta variante provoca hospitalizaciones en muchísimos menos casos que las anteriores, y las hospitalizaciones son más leves.

Estos son los datos que a cualquier persona normal tranquilizarían mucho pero que, por cómo los presentan medios y gobiernos, provocan aún más preocupación.

A lo largo y ancho del mundo se están imponiendo medidas restrictivas de nuestras libertades básicas, como circular por la calle, entrar a establecimientos comerciales u obligarnos a ir con mascarilla, no basadas en ‘evidencia científica’ alguna.

No hay evidencia de que los países que han impuesto más restricciones hayan tenido menos incidencia del Covid, sino que de por medio está el afán de los políticos de “hacer como que hacen algo” y el miedo de los ciudadanos. 

Pero ya se cuentan por millares quienes se están manifestando en centenares de ciudades del planeta contra estas medidas, siendo este el movimiento pro-libertad (denostado por los medios llamándolo ‘anti-vacunas’, cuando no es ésta la principal petición de la mayoría de quienes se manifiestan, sino que no sean obligatorias las vacunas y sí sea libre el circular y vivir) que se ha convertido en el mayor movimiento global contra las medidas liberticidas gubernamentales de la historia. 

Mientras, los medios de comunicación tradicionales no informan de esto (y su rol durante esta pandemia quedará en la historia ignominiosa del periodismo, y puede que como el último estertor de un modelo caduco de información, frente a los medios plurales y alternativos que han ido surgiendo).

Y siguen repitiendo el dato de incidencia acumulada, algo que es inservible para entender la evolución de la pandemia, pero que asusta mucho a los ciudadanos y da más justificaciones a los políticos para ejercer su arbitrario poder y a los ‘expertos’ para recomendar más y más restricciones.

Las medidas impuestas tienen consecuencias sobre la salud mental, sobre la salud general, sobre la educación, sobre nuestros derechos, sobre la convivencia de las familias, sobre nuestros modo de vivir, y sobre la ya muy maltrecha economía, especialmente en Navidad.

Una época de la que viven muchos negocios, como por ejemplo los fabricantes de año viejos en Ecuador, y a quienes la arbitrariedad de los nuevos tiranos sanitarios condena a la ruina, sin más justificación o evidencia que ser ellos supuestamente ‘expertos’.

Les deseo un 2022 próspero y feliz, pero sobre todo libre (y libre de las imposiciones sobre su vida de ‘expertos’ de ningún tipo).

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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