Al aire libre
Pablo Vargas: perdí un sentido y encontré el sentido de la vida
Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

4 Dic 2020 - 19:00

En 2010, Pablo Vargas sufrió una serie de secuestros express. La primera vez, tuvo un desprendimiento de retina en el ojo derecho, que superó con una cirugía. 

“En el tercer asalto –dice Pablo- cambia mi vida para siempre porque me ponen escopolamina y me abandonan en la Panamericana. Sin rumbo, seguramente intenté cruzar la carretera y me atropelló un vehículo, suceso que no recuerdo”.

Pablo sufrió traumatismos en el abdomen, varias fracturas y perdió su ojo derecho. Dos años más tarde, el 25 de diciembre, despertó sin vista. El médico le diagnosticó oftalmía simpática, y le dijo que su caso era uno en un millón. 

El doctor me dio a escoger dos opciones: regresar a mi pueblo con mi madre y ser una carga para toda la familia, o rehabilitarme y triunfar en la vida. Elegí lo segundo.

Pablo Vargas

Oír a Pablo es recordar a mi sobrino Felipe Endara, quien fue atropellado y abandonado cuando iba a su casa en bicicleta. Felipe tuvo traumatismos cerebrales y perdió la vista. Su lucha diaria por salir adelante es admirable, así como la de su mamá, papá y hermanos.

Pablo apoya a personas con discapacidad y está presto para acompañar a Felipe en su rehabilitación. Como Pablo, mucha gente, incluso Richard Carapaz, ha dado una mano a Felipe. 

“Mi forma de vivir la Navidad es compartir con las personas que tienen alguna discapacidad”, dice Pablo, cuya generosidad me lleva a la reflexión.

Este abogado de 34 años tiene un amigo incondicional, Xavier Gómez, que es su pareja en las competencias.

Juntos se criaron en el pueblo Corazón, en las estribaciones de los Andes y juntos han conseguido primeros lugares en triatlones y ironman en Colombia, México y Ecuador. También compiten en ciclismo de montaña y trailrunning. Van en la bicicleta tándem y muchos se sorprenden al ver su desempeño deportivo. 

Pablo entrena a doble jornada, se despierta a las cuatro de la mañana, tiene asesoría vía zoom y presencial. 

“Las personas indicadas aparecen en nuestra vida, así conocí a un entrenador de triatlón que me ilusionó con esta competencia. Otro personaje, un chico que visitaba hospitales y orfanatos, vestido de Batman, me invitó a la aventura de entrenar un triatlón”. 

Si para cualquiera, nadar en aguas abiertas es desafiante, para Pablo fue aterrador.

“Sentir las olas del mar no era como la piscina. Entré en pánico y me di cuenta de que los ojos no sirven de nada si la mente no quiere ver. Nadé con el poco valor que me quedaba y, como el dúo dinámico, ‘Batman’ y yo logramos triunfar”. 

Hace un año coronó el Cotopaxi después de subir varias montañas. Para no tropezar se pega a su compañero y trota agachado y con las rodillas flexionadas. Escalar roca sin ver complica mucho más el ascenso.

“En el Ilaló yo pensaba: ¿cómo voy a coronar el Cotopaxi de 5.897 metros si en los 3.500 de este monte ya estoy muerto?” Lo dice con una sonrisa increíble.

En el Cotopaxi tuvo varios inconvenientes como caída de piedras y la ventisca. Y para completar, cayó al fondo de una grieta. Lograron sacarle y coronaron.

Otro miembro de su equipo es su perro Max que le presta sus ojos para guiarlo por las calles de la ciudad. 

Gracias al deporte tengo momentos únicos. No tengo tiempo para la depresión, me gusta como soy, disfruto de mi vida. 

Y concluye: “No puedo ver, pero puedo sentir”.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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