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La piel pulpo: nada más salvaje que la sociedad

Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

13 Ene 2023 - 5:27

Cuando le preguntaron a Carlos Saura sobre el sufrimiento de Ana, la niña de una de sus películas más importantes, ‘Cría Cuervos’, el director español respondió: “es una película triste, sí. Pero eso es parte de mi creencia de que la infancia es una de las partes más terribles en la vida de un ser humano. Lo que intento decir es que a esa edad no tienes ni idea de adónde vas, sólo que la gente te lleva a algún sitio, te conduce, tira de ti y te asustas. No sabes adónde vas o quién eres o qué vas a hacer. Es un momento de terrible indecisión”.

En ‘Cría Cuervos’, Ana, Geraldine Chaplin en estado de gracia, es una mujer adulta que rememora su infancia. La Ana niña cree que ha matado a su padre y que es su culpa el dolor de su madre y la casi orfandad de ella y sus dos hermanos.

Probablemente, la escena más memorable de ‘Cría Cuervos’ es la de los tres chiquillos, solos en una casa triste, bailando ‘¿Por qué te vas?’, compuesta por José Luis Perales e interpretada por la dulce voz de Jeanette, una canción que se convirtió en éxito inmediato en España y que es un símbolo del cine de Saura y el cine español en general.

Vi ‘La Piel Pulpo’, la nueva película de Ana Cristina Barragán (Quito, 1987), luego del éxito de ‘Alba’ en festivales de cine internacionales y, por supuesto, recordé ‘Cría Cuervos’.

En ‘La Piel Pulpo’ hay una escena de baile entre los tres hermanos, que es un claro homenaje a Saura, no solamente por la voz de Jeanette, esta vez con ‘Muchacho de los ojos tristes’, sino por todo ese aire onírico y casi de fábula, de recuerdo, que contiene la película.

Y por el dolor de tener una madre envuelta en niebla, una madre que duerme demasiado.

Este ‘coming-of-age’ o película sobre crecimiento, se desarrolla en una isla en la que, a lo Robinson Crusoe, los chicos crecen al ritmo de la naturaleza, con ella, mimetizados. Animalitos de manglar y de mar, son uno con el tejido íntimo de los troncos, las piedras, las plumas de aves marinas y también con los animales abisales que brillan en la oscuridad que nadie ve.

Con una fotografía bella a más no poder, a cargo de Simón Brauer y Tomás Astudillo, ‘La Piel Pulpo’ se desenrosca ante los ojos del espectador con el tiempo otro de lo insular. Un tiempo que respira distinto y que llora quedito como una ballena moribunda.

Los chicos crecen, quieren conocer ese mundo de edificios que se ve al otro lado de su mar y de su casa enclenque, quieren encontrar al padre en las calles laberínticas de las ciudades donde hay animales más feroces y peligrosos que en la naturaleza.

A pesar de que el ritmo de la película lo marcan el mar y el viento, las trenzas que se hacen las mujeres y las tardes de acariciar pieles, la tensión la marca la curiosidad, la sexualidad y el crecimiento de los cachorros. Niña convirtiéndose en mujer. Cachorra convirtiéndose en hembra, la prodigiosa y jovencísima actriz Isadora Chávez (no olviden ese nombre), se sube a una barca a buscar al padre y a buscar, quién sabe, todo aquello que no es isla.

Lo ajeno que atrae tanto.

En la ciudad, la adolescente salvaje descubrirá que no hay nada más salvaje que la vergüenza de las sociedades.

Decir más sería hacer espóiler: véanla.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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