Al aire libre
¿Perros abandonados? Jefferson Ortiz los rescata
Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

19 Mar 2021 - 19:00

Jefferson Rescata tiene 8,8 millones de seguidores en Facebook, 1,1 millones de seguidores en YouTube y un millón de seguidores en Instagram.

Su canal de YouTube abre con esta frase: “Trato de convertirme en el mundo entero de todo perro que rescato”.

Pepita era una perrita que los niños de la zona pateaban en la calle, casi como un juego cruel. 

“Yo iba al rescate de un perro”, dice Jefferson, “y me encontré con ella. Cuando la tomé entre mis brazos olía mal, tenía gusanos, no pesaba, sentía sus costillas por lo desnutrida que estaba, apenas podía mantenerse en pie”.

Pepita era una perrita que los niños de la zona pateaban en la calle, casi como un juego cruel.

Jefferson llevó a Pepita al albergue en el que tiene más de 85 perros ubicados en varias áreas, algunos de pocos días de nacidos. Ahí vive el burro Plutón “que vino como radiografía humana”, dos caballos, Venus y Víctor, dos cerdos y un chivo. Todos tienen una historia detrás.

En cuanto llegó, Pepita recibió comida que fue masticando despacio, con temor.

“Su recuperación fue un éxito, cada vez que la bañábamos, que le dábamos su medicina, y le dábamos nuestro amor, su joroba iba desapareciendo, y su confianza en las personas que la cuidábamos, iba creciendo”.

Cada vez que la bañábamos, que le dábamos su medicina y nuestro amor, su joroba iba desapareciendo.

Ahora Pepita pasea oronda por la playa, moviendo la cola con su camiseta y su nueva piel y musculatura. Es tierna y hermosa. Mantiene las heridas de su niñez, pero es feliz junto a Jefferson. 

El albergue ha estrenado recién un quirófano, una oficina, almacén y bodega y un cuarto para los guardias. Se mantiene gracias a las adopciones y padrinos de mascotas. 

“Animales en la calle hay muchísimos, pero personas que estén dispuestas a ayudar son contadas con los dedos de la mano. Por eso si nos unimos somos más”, dice Jefferson en el video de Felipe Crespo.

¿Cómo conocí sobre Jefferson y su magnífica obra? Buscábamos un restaurante en Puerto Cayo, donde pasábamos vacaciones con mi familia. De pronto vimos un perro negro, flaco, con su piel lacerada por la sarna y otras infecciones.

¡Qué impresión tan grande! Esas lesiones son dolorosas, lo sé porque uno de mis perros tiene alergia a las pulgas. Busqué en mi celular ‘protectores de animales’ y encontré a Jefferson Rescata.

Le escribí y le mandé las coordenadas del sitio donde deambulaba el perrito Negris. Nos fuimos tristes, no pudimos comer allí. 

El albergue ha estrenado recién un quirófano, una oficina, almacén y bodega.

Después supe que Jefferson no responde a las llamadas porque es imposible atenderlas todas. Ahora entiendo que él nos da el ejemplo y que debimos ayudar a Negris nosotros mismos. 

“Yo mismo hago mis rescates. Voy, encuentro un perro, lo traigo, lo limpio, lo curo, lo esterilizo y va para adopción”, dice Jefferson.

Jefferson Daniel Ortiz García, ese es su nombre completo, vive en Manta. Trabaja a diario con personajes como Chocolate, uno de los perros más famosos de Ecuador, que junto con Pancha son el dúo dinámico en el albergue.

Encuentro un perro, lo traigo, lo limpio, lo curo, lo esterilizo y va para adopción. 

Jefferson Ortiz

Alguno te ha mordido, le preguntan en una entrevista de Facebook. No, aclara, todos los perros que he rescatado son cariñosos.

¿Qué te impulsó a rescatar animales?

“Desde los cinco años yo llevaba animales callejeros a la casa y mi papá los sacaba por la noche. Yo lloraba y le decía que cuando fuera grande iba a tener todos los animales que quisiera. Hace seis años comencé con el proyecto Jefferson Rescata. Mis padres están orgullosos, vieron que lo mío no es un capricho, sino una vocación”. 

Y enfatiza: “soy un joven que vive sus sueños de niño. Yo tenía amor, pero no medios para sostener a los perritos”. 

Entonces cuenta una anécdota: “hace un año una chica me pidió un Husky. Le dije que fuera al albergue por un perro, que no los tenemos por raza. Ella insistió que quería un Husky, entonces le mandé la foto de este amigo (un animalito que ha sufrido muchísimo en la calle. Con ojos azules y cara de lobo). Y ella me dice, “no pues, yo quiero uno que esté bueno”. 

“Soy un joven que vive sus sueños de niño. Yo tenía amor, pero no medios para sostener a los perritos”.

La gente no entiende, dice con seriedad, yo no soy un comerciante de perros. 

A mis cuatro amigos peludos les digo: coman todo y estén sanitos porque si no ¡Jefferson los rescata! 

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores pero no la posición del medio.

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