Al aire libre

Dos perros feroces me atacaron, pero el dueño estaba más furioso

Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

20 May 2022 - 19:00

Iba en bicicleta por una avenida asfaltada que lleva al volcán Ilaló, y en eso, de un terreno con cerramiento, salieron dos perros grandes y me atacaron.

Uno me mordió la pierna y el otro el pie. Corrían junto a la bici mientras me tenían agarrada con sus dientes. 

Todo pasó rapidísimo, yo trataba de retirar la pierna, pero me seguían mordiendo y la bicicleta iba avanzando en zigzag, mientras con la otra pierna pedaleaba, tratando de huir de los perros. Sin embargo, perdí el equilibrio y caí al piso.

Todo esto en medio de mis gritos y los de mi esposo y de un amigo que venían atrás.

Ellos embistieron con sus bicicletas a los perros, logrando alejarlos. Mientras me ayudaban a levantarme y le gritaban al dueño que controle a sus animales, pero éste no solo miraba impávido el ataque, sino que respondía furioso que él no había hecho nada.

“Yo recién estoy saliendo”, decía y respondía con groserías a las protestas de los ciclistas.

Una señora veía la escena desde el segundo piso de la casa vecina, de donde salieron los perros, lugar al que el tipo los volvía a meter.

Ella apoyaba nuestra protesta gritando “así son esos perros, ya han mordido a otras personas. Este es un mal tipo, quéjese, quéjese”. 

Cuando pasó el torbellino, me senté en la vereda y me saqué el zapato perforado. Me salía sangre de un dedo. Creí que eso era todo y me lavé con el agua de la caramañola.

Me toqué la pierna y me dolía, pero como estaba con medias de compresión y toda la adrenalina del momento, no noté que tenía un buen lastimado ahí.

Un señor adulto mayor que venía caminando dijo que había visto todo, que a él también le mordieron unos perros y que hay que quejarse a la Policía.

Maltrecha, me trepé de nuevo en la bici y seguimos nuestro camino. Al volver a la casa vi que tenía dos agujeros con sangre en la pantorrilla. Eso ya no nos gustó y llamamos al veterinario de mis perros.

El doctor Juan Cuesta me recomendó ir de inmediato a vacunarme contra la rabia. Fuimos a Sime, Sistemas Médicos de la Universidad San Francisco, y qué agradable sorpresa el buen trato y la premura con la que actuaron allí.

Me pusieron la primera dosis en el brazo y me indicaron que debía volver por otras cuatro dosis con los siguientes intervalos: tres, siete, 14 y 28 días.

Cada dosis cuesta USD 27, así que la cosa es cara. 

Dos amigos deportistas sufrieron, no hace mucho, mordidas de perros. Uno de ellos acudió al mismo veterinario y desde entonces lo llama “mi médico de cabecera”.

Es obligatorio vacunarse contra la rabia, enfermedad provocada por un virus cuando te muerde un perro infectado. Según la OMS, unas 55 mil personas al año mueren de rabia.

Si un perro los muerde, tienen derecho a exigir al dueño que pague los gastos médicos, que compense la pérdida de ingresos si deben faltar al trabajo y hasta a reclamar una compensación por el dolor y el trauma posteriores. 

En mi caso tengo trauma de ir a buscar al dueño de los dos perros que me atacaron. No sé si le tengo más miedo al tipo, que a los canes. Me preocupa que termine por matar a los pobres animales, atormentarlos y darles peor trato del que ya deben haber sufrido en sus manos, porque de otro modo no me explico su agresividad.

¿Qué hacer? Por el bien del vecindario y de otras víctimas que pasen por ahí -imaginen a un niño, a una mujer embarazada, o también a una mascota pequeña-, creo que debo denunciarlo. Llamar al ECU 911, a la Administración zonal o a la AMC o agencia de control de Quito.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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