Dato y Relato

Petróleo caro, ¿hasta cuándo?

Fidel Jaramillo

Fidel Jaramillo

Ph.D. en Economía Universidad de Boston, secretario general del FLAR y docente de la UDLA. Ex gerente general del Banco Central y exministro de finanzas de Ecuador, y alto funcionario de CAF y BID.

Actualizada:

19 Feb 2022 - 19:04

El precio del petróleo WTI superó esta semana los USD 92 por barril, un incremento anual de 53%. Se aproximó al mítico nivel de los USD 100, una barrera que no había roto desde 2014.

Resulta casi inverosímil recordar que hace apenas dos años, al inicio de la crisis del Covid, el petróleo se haya desplomado con tanta virulencia como para tocar brevemente terreno negativo.

Desde entonces, con el gradual desconfinamiento y la recuperación económica global, los precios se han multiplicado rápidamente.

La reciente tensión militar entre Rusia y Estados Unidos por las disputas en Ucrania solamente ha acentuado las tendencias estructurales ya presentes en la pospandemia.

La demanda global de petróleo aumentó en 5,5 millones de barriles diarios y se está aproximando a 100 millones de barriles por día, un nivel superior al estimado y mayor al registrado antes de la pandemia.

La oferta ha tardado en reaccionar y los inventarios se han reducido a mínimos históricos. Esto apuntaría a pensar que los precios se mantendrían altos durante 2022 y que incluso sobrepasarían los USD 100 por barril.

¿Hasta dónde llegarán los precios? Nadie tiene una bolita de cristal y mucho dependerá de la resolución de los conflictos geopolíticos mundiales. Sin embargo, hay algunos factores que permiten anticipar ciertas tendencias y hacen dudar de que estos niveles de precios se mantengan por mucho tiempo.

Así probablemente lo habría pensado Ramón Espinasa, quien fuera economista jefe de Petróleos de Venezuela (PDVSA), economista principal de petróleo y energía del BID y uno de los analistas petroleros más claros de América Latina. Por desgracia, su prematura partida dejó uno gran vacío en la región.

Entre 2014 y 2019, Espinasa predijo con acierto que el precio del petróleo fluctuaría en una banda de entre USD 40 y USD 60.

Según explicaba, la extracción petrolera había cambiado drásticamente con el llamado “fracking”. Más allá de los cuestionamientos ambientales, esta revolución tecnológica es mucho más flexible y permite abrir o cerrar pozos rápidamente, sin los costos del modo de explotación tradicional.

Además, cambió el foco geográfico hacia países como Estados Unidos y Canadá, que cuentan con mayor seguridad jurídica y acceso a financiamiento, lo que facilita la inversión privada. Estos cambios aceleraron la capacidad de respuesta del sector.

Apoyado en modelos complejos, su explicación era muy simple: si el precio desciende por debajo de los USD 40, los pozos de fracking no son rentables, salen del mercado, reducen la oferta y el precio se recupera.

Cuando el precio se aproxima a los USD 60, estos pozos nuevamente son atractivos y vuelven a activarse. Ante la mayor producción, los precios bajan. Así, los precios debían fluctuar dentro de esa banda.

¿Qué habría dicho Espinasa en esta coyuntura en la que los precios del petróleo han estado por encima de los USD 60 por barril durante 11 meses consecutivos?

Al parecer, la pandemia también fue fulminante para las pequeñas y medianas empresas del fracking, que quebraron. Muchas de estas firmas están en manos de bancos y volver a hacerles producir ha tardado más que en el pasado.

Sin embargo, ya está empezando a verse una significativa reanimación de la oferta global. La Administración de Información de Energía de los Estados Unidos estima que la producción petrolera de ese país subiría de 10,7 millones de barriles diarios en 2021 a 12 millones a finales de 2022.

La OPEP también acordó un aumento de la producción desde el año pasado, al igual que algunos países que no pertenecen a esta organización.

Es probable que los precios altos se mantengan durante este año, pero que vuelvan a niveles inferiores en el mediano plazo.

Por ello, países productores como Ecuador, que se están beneficiando de esta coyuntura, no deberían asumir que la bonanza es permanente. Es clave evitar errores del pasado y no cegarse con estos ingresos pasajeros.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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