Columnista Invitada
¿El plan de vacunación responde a las necesidades de Ecuador?
Vanessa Carrión

Vanessa Carrión

Es Ph.D. en Economía. Docente-investigadora de la Universidad de las Américas. En sus investigaciones combina sus dos pasiones: la economía y la ciencia política.

Actualizada:

3 Jun 2021 - 19:00

La pandemia producto del Covid-19 es el mayor reto mundial desde la Segunda Guerra y las medidas que toman los países para combatirla han significado enormes pérdidas económicas. Ecuador no es la excepción: en 2020 nuestra economía se contrajo en 7,8%.

Después de los esfuerzos de investigación realizados a lo largo y ancho del mundo, finalmente las vacunas están siendo distribuidas y todos vemos una luz al final del túnel.

Lamentablemente, 10 países acaparan más del 70% de las vacunas administradas. Ecuador ha recibido 3.349.040 dosis hasta el momento, de las cuales la mayoría fue administrada bajo el programa de vacunación del gobierno del expresidente Lenín Moreno.

Los criterios utilizados para seleccionar a los grupos prioritarios en el proceso de vacunación se asemejan a los adoptados por otros países; demostrando que el anterior gobierno utilizó la práctica del ‘copy- paste’ o copiar y pegar.

El anterior gobierno utilizó la práctica del ‘copy-paste’ o copiar y pegar.

Es decir, cuando una Nación implementa una solución exitosa y que es celebrada a nivel internacional, muchos países caen en la tentación de copiar la misma buena idea. En escenarios de alta incertidumbre, el mimetismo es una respuesta común entre los tomadores de decisiones, pues es una forma de protegerse frente a las críticas; ya que son medidas que han sido adoptadas anteriormente.

Sin duda, la aplicación de una misma política en contextos diferentes, sin tomar en cuenta el ecosistema y las necesidades específicas de cada país, puede conducir al fracaso.

De por sí la vacunación en Ecuador ha sido insuficiente y lenta, a esto se suma la inadecuada definición de grupos prioritarios.

Por mencionar un ejemplo, en países donde las clases no han sido suspendidas en su totalidad, los maestros conforman un grupo prioritario. En nuestro país, sin embargo, las clases presenciales no se han restablecido desde el inicio de la pandemia.

No funciona la aplicación de una misma política en contextos diferentes, sin tener en cuenta el ecosistema y las necesidades específicas de cada país.

En la región Sierra, en el mejor de los casos, se restablecerán en septiembre. Por tanto, la pregunta que naturalmente surge es: ¿era necesario vacunar a los maestros en abril y mayo?

Si uno de los objetivos fundamentales del Gobierno es la reactivación productiva, sin comprometer la integridad de los ciudadanos, debería considerarse como grupo prioritario a los trabajadores de sectores que son intensivos en el uso de mano de obra.

En la misma línea, los trabajadores informales -cuyo trabajo diario constituye su único medio de subsistencia- deberían tener prioridad, puesto que para ellos el teletrabajo y el confinamiento no son una opción viable. Entonces, el “copiar y pegar” que hasta ahora ha sido implementado no es el camino más adecuado.

El nuevo gobierno tiene la responsabilidad de generar un plan de vacunación eficiente y que responda a las necesidades del país.

Esto no implica reinventar la rueda. Ecuador puede adaptar soluciones exitosas y aprender de los demás, sin perder de vista que el plan de vacunación de Estados Unidos, Alemania, o Suiza por más exitoso que pueda ser no aplica en su totalidad a una economía en la cual, menos de la mitad de la población, tiene acceso a un empleo adecuado y el teletrabajo es un privilegio de pocos.

Ecuador puede adaptar soluciones exitosas y aprender de los demás.

Por el bien de todos, necesitamos una reestructuración del plan de vacunación urgente.

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