Las Frases que Hicieron Historia

…estas polleras y este cuerpo que se han de comer los gusanos

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

19 Mar 2022 - 19:00

Cuando Gabriel García Moreno ponía orden y combatía la corrupción afirmaba: “A los que corrompa el oro los reprimirá el plomo”.

Y cuando le advertían que liberales y masones iban a matarlo, respondía: “Voy a morir por la Religión; soy feliz; nos vemos en el cielo”. Y repetía: “Dios no muere”.

Para los radicales, los autores de su muerte fueron héroes; “benefactores de la especie humana”, según Juan Montalvo, quien dijo: “Mi pluma lo mató”.

Pero pocos conocen que una mujer se adjudicó también el ‘tiranicidio’. Juana Terrazas confesó: “Yo lo hice todo con estas polleras y este cuerpo que se han de comer los gusanos”. 

Juanita no era lamparosa. En realidad, actuó en el asesinato. Al parecer, fue amante de Abelardo Moncayo y también se entendía con el comandante Francisco Sánchez.

Eso le permitió comprometer a Sánchez a respaldar con su batallón el golpe de estado. Pero él puso como condición que el presidente debía antes estar muerto.

“A los que corrompa el oro los reprimirá el plomo”.

Gabriel García Moreno

El 6 de agosto, cuando Faustino Rayo atacó a machetazos a García Moreno en el pretil del Palacio Nacional, apoyado por Roberto Andrade, Manuel Cornejo y Abelardo Moncayo, Juana Terrazas convenció a Sánchez de volver al cuartel, pero el comandante no movilizó al batallón.

Roberto Andrade dice que los traicionó. Fingió participar por complacer a la Terrazas.

Muerto García Moreno, los implicados fueron perseguidos. Rayo murió de un balazo. Cornejo fue capturado y fusilado. Andrade y Moncayo huyeron. Polanco fue apresado y sentenciado a prisión. En 1877 murió de un balazo en Quito.

El general Francisco Javier Salazar, ministro de guerra, protegió a Sánchez y no lo apresó sino muy tarde. Estando Sánchez en el Penal, Salazar le dieron privilegios, incluso que lo visitara Juana Terrazas.

Luego se le permitió fugarse. En 1883 fue capturado por los alfaristas y fue fusilado por traidor.

Los garcianos acusaron a los masones del asesinato, pero el propio Andrade lo negó. En cambio, los indicios muestran que Salazar fue el principal autor intelectual.

Se conoce poco de Juana Terrazas. “En aquel tiempo, dice Roberto Andrade, tendría veinte años: Era alta y rozagante, y su fisonomía no carecía de atractivos. Una mujer, en todo caso, digna de respeto; que no diremos cuando ha manifestado amor a la patria y lo ha comprobado con perseverancia y bizarría, aun cuando después no haya sido del todo inmaculada en sus costumbres”.

Pese a ser hermana de un canónigo, tenía convicciones liberales. Decía Aparicio Ortega: “todo lo sacrificó al propósito de eliminar a García Moreno del escenario político, inclusive quizás el honor de su amante Abelardo Moncayo”.

Por eso le dijo a Ortega: “Yo lo hice todo con estas polleras y este cuerpo que se han de comer los gusanos”.

Juana Terrazas no fue juzgada, pero cargó con el ‘tiranicidio’ y con la visión machista de sus ‘costumbres’, censuradas hasta por quienes la apreciaban.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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