Una Habitación Propia
Preocupadas, angustiadas, atemorizadas, dolidas, nerviosas, asustadas
Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

20 May 2021 - 19:00

“Me encuentro preocupada, angustiada, atemorizada, dolida, nerviosa, asustada, ya que mi conviviente es agresivo. Mantuvimos una relación cuatro años. Durante la convivencia siempre fue grosero, celoso, posesivo, mujeriego, me insultaba (…). En varias ocasiones me agredió físicamente”.

Las palabras anteriores son parte de la declaración a la justicia que en 2017 hizo Priscila S., pareja de Freddy Carrión Intriago, Defensor del Pueblo, ahora preso luego de protagonizar vergonzosos incidentes, alcohol, violencia y rock and roll, en una fiesta clandestina en pleno confinamiento.

Los toques de queda, pensaron Carrión y su amigo Mauro Falconí, ministro de Salud durante unas pocas semanas, son para los idiotas. ¿Quién se va a enterar?

Chupe, ñañito, chupe.  

A Carrión, cayéndose de borracho, lo señalan de haber agredido esa noche a Gabriela P., pareja del anfitrión. Hay videos que lo prueban.

Todo lo relacionado con este individuo, empezando por el paradójico cargo de defensor del pueblo (defensor de nadie, de nada), es rocambolesco, como suele ser en nuestro país.

Suena brutal, patético, sin nombre, que en la página web de la Defensoría del Pueblo, organismo del que era director el maltratador de mujeres, se lea lo siguiente:

¿Cuáles son las formas de violencia?

Física:

Lesiones en el cuerpo de la víctima (pellizcos, empujones, patadas, puñetazos, etc.).

Sexual:

Obligación para tener relaciones sexuales con la pareja o terceras personas.

Sicológica:

Insultos, comparaciones, burlas, amenazas, gritos, etc.

¿Qué hacer frente a la violencia contra la mujer?

No está sola, existen instituciones que le pueden apoyar para acabar con la violencia:

Vaya a la Fiscalía más cercana y ponga una denuncia.

También puede acudir a las unidades especializadas contra la violencia del Consejo de la Judicatura.

Si es una emergencia, llame al ECU 911.

Si necesita protección llame a la Policía al 911.

Si necesita asesoría legal u otro tipo de información para su seguridad llame a la Defensoría Pública al 151.

Carrión, el que debía defender a las mujeres como ciudadanas, es un maltratador reincidente, un hombre peligroso y quienes lo pusieron en el cargo lo sabían. 

Lo sabían.  

En este país todos sabemos de alguna mujer maltratada y el que dice que no conoce ningún caso miente. 

Según cifras de la Fundación Aldea desde el inicio de este año, 2021, veinte mujeres han sido asesinadas. El 92 por ciento a manos de miembros de su entorno más cercano. 

Ponga atención a este dato, no lo pase por alto: de enero a mayo de 2021, cinco meses, ya no están con nosotras veinte mujeres porque los hombres a los que quisieron o querían, los hombres de sus vidas, fueron los hombres de sus muertes. 

Las mataron los que debían amarlas. 

La misma Fundación Aldea ha publicado que desde el año 2014, cuando se empieza a catalogar como feminicidio aquello que se llamaba muerte accidental o crimen pasional, 870 mujeres han muerto a manos de sus parejas o ex parejas.

Léalo la cifra de nuevo, interiorícela: ochocientas setenta.

La violencia contra las mujeres es connatural al ecuatoriano, es, digamos, un vergonzante sello de identidad. El cóndor es un buitre, una bestia. El rojo de la bandera es sangre de mujer. Todas las regiones del país, con todo y su belleza exhiben, como las montañas y los mares, un montón de feminicidas. 

Basta darse un pequeño paseo por las redes sociales, por los comentarios a las noticias o por las conversaciones de los hombres cuando sienten que no los escuchan y se encontrarán, sino con maltratadores, al menos sí con cómplices.

A las mujeres hay que disciplinarlas.

A la mujer ni con el pétalo de una rosa, dicen los cursis que probablemente tienen el puño fácil cuando sus parejas se permiten pensar por sí mismas, buscar trabajo, usar falda, no limpiar como a ellos les gusta o, quién sabe, cualquier cosa detona la violencia del maltratador.

Estoy harta de que nos llamen exageradas, estoy hasta los ovarios de que digan que somos feminazis aunque debemos ser las nazis más imbéciles del mundo porque en lugar de matar nos matan a nosotras.

Estoy furiosa porque en apenas cinco malditos meses, meses en los que hemos estado encerradas en casa, veinte madres, tías, amigas y hermanas no estén en este mundo porque un marido o un novio o un ex novio celoso, violento, rabioso decidió matarlas.

Nos llaman exageradas porque tienen miedo, porque ellos, sí, ellos, los que dicen que odiamos a los hombres, saben que no los odiamos a todos, sino solo a los maltratadores.

Si reaccionan con tanta ira contra nosotras es que lo son, es que lo han sido, es que lo quieren ser.

Odiamos a Carrión y compañía, a aquellos que creen que saldrán impunes porque los jueces comprenden que ay las mujeres: sacan de quicio, son volátiles, caprichosas, contestonas, chinchosas y molestas y hay que darles de vez en cuando su estate quieto y que si alguna vez se pasan de la raya, ups, habrá que solucionar el problemita.

Odiamos a aquellos que les dicen a las mujeres tú cállate que no vales para nada, a los que las interrumpen cuando están hablando, a los que les explican como si fueran taradas las cosas que ellas acaban de decir con propiedad, a los que vejan y muchachean a las trabajadoras a su cargo, a los que se creen con derecho sobre los cuerpos de las mujeres, a los maridos iracundos, de mano rápida, que convierten el hogar de una mujer en su mazmorra, en un hueco donde conviven con su torturador.

Todas esas mujeres, que, como Priscila S., se encuentran preocupadas, angustiadas, atemorizadas, dolidas, nerviosas, asustadas porque sus convivientes son agresivos deben buscar ya mismo ayuda, aléjense del maltratador, busquen familiares, vecinos, amigos y llamen a la Policía porque, amigas queridas, sus vidas y las de sus hijos están en un peligro real y las queremos vivas.

Las queremos vivas.

Ecu 911 o 1800 112 112 (en Guayaquil) o a alguna de estas instituciones:

Cepam

Fundación Aldea

Fundación Casa Refugio Matilde        

Y en otras provincias:

El Diario El Universo publicó una lista completa

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