Con Criterio Liberal
Los problemas del Presupuesto de Ecuador, paso a paso
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

11 May - 19:00

Sume, reste, multiplique o divida. Saque la calculadora o el mero sentido común, las cuentas no cuadran.

Es algo inasumible: Ecuador tenía previsto gastar USD 35.000 millones en 2020, pero las previsiones de ingresos fiscales no son ni de USD 14.000 millones. Si a eso le sumamos, siendo muy generosos, que hubiese un ingreso de USD 3.000 millones por venta de petróleo (más de lo que ingresó en 2019), lo que no es nada probable, entonces serían USD 17.000 millones de ingresos y USD 35.000 millones de gastos.

Entiéndase: el Estado ecuatoriano estaría gastando más del doble de lo que ingresa. 

No se puede sostener el vivir gastando constantemente más de lo que se ingresa. Y es que esta situación no es debida al coronavirus, ni al precio del petróleo, ni a la crisis actual: es un mal endémico del Estado ecuatoriano (de gran parte de los Estados del mundo, en realidad).

Desde 2009 el Estado ecuatoriano (no “el Ecuador”, como tantas veces se dice) ha gastado más de lo que ha ingresado, esto es, ha tenido déficit. Este gasto insostenible es el que ha llevado al Estado a la quiebra (por ahora quiebra económica, que no jurídica, y la distinción es importante).

Tan evidente es que hay que reducir el gasto público que es a la par triste y sorprendente ver cómo tantos parecen negar la evidencia, cómo cada grupo beneficiario de tal o cual partida reclama que su sector no asuma el costo.

Aquellos que se niegan a reducir el gasto del Estado deben plantear una alternativa viable. Ya no estamos para soflamas vacuas como “que paguen los ricos”, o que “sin corrupción habría dinero para todo” (claro que la corrupción hay que eliminarla, pero no sería suficiente para cubrir el Presupuesto), o que tal sector es “imprescindible”.

Que expliquen exactamente qué impuestos pretenden subir y con qué impuestos creen que podrán recaudar esos USD 18.000 millones. Y la realidad es que no hay ninguna alternativa razonable por el camino de la subida de impuestos. Ni para este 2020 ni para los años venideros. Solo queda reducir el gasto.

Es una medida muy dura y muy impopular en el presente. Pero es que la alternativa es dramática para el futuro. Sería seguir pidiendo préstamos cada vez más caros, que nos carguen con el peso de más intereses por años y años, seguir pidiendo ‘rescates’ a organismos internacionales.

Es muy injusto cargar a los jóvenes ecuatorianos, que serán los que estén en edad productiva en el futuro, por las deudas que asumimos ahora, pues no somos capaces de prescindir de lo innecesario. Como es muy injusto que ahora estemos pagando toda la deuda que nos causó el correísmo en los años de mayor bonanza petrolera.

Correa ya es tan sólo un prófugo de malhadada memoria. Pero sus deudas nos siguen lastrando, condicionando nuestra capacidad de salir de esta crisis, de prosperar. No hagamos eso nosotros al futuro Ecuador, asumamos nuestra responsabilidad como sociedad para hacer algo tan elemental como gastar tan sólo lo que somos capaces de generar, no debemos hipotecarnos más.

En esta crisis muchas empresas van a quebrar, muchos empleados van a perder su trabajo, muchos van a perder oportunidades o rentas. Es inconcebible que toda la sociedad sufra las consecuencias de la crisis pero el Estado no. Eso es crear privilegios y obligar a los ecuatorianos a sufragar a un Estado y a unas estructuras políticas insostenibles.

Estoy seguro de que a todos se nos puede ocurrir dónde se puede reducir el gasto público. Que muchos conocemos organismos públicos que o no aportan valor a la sociedad (algunos hasta lo restan). Y estoy seguro de que todos los organismos públicos pueden reducir sus gastos sin reducir de manera significativa sus servicios a los ciudadanos, esto es, ser más eficientes.

Cada responsable de cada unidad, de cada institución de la administración pública tiene ahora que ser eso, responsable ante los ciudadanos y proponer reducciones de gasto que permitan ahorrar en torno a un 25% y seguir cumpliendo con su función.

El Estado tiene funciones importantes que atender en esta situación y, precisamente por eso, hay que reducir el gasto superfluo y priorizar.

La salud, la educación, la seguridad y las transferencias de dinero a los más necesitados son imperativas. Por necesitamos que haya transparencia y eficiencia en ellas. No vale sólo con decir “hemos gastado tantos millones en salud o educación”, hay que conseguir que con esos mismos millones se provean mejores servicios, que es lo sustancial.

El Gobierno ha anunciado una reducción de USD 3.000 millones en el gasto público. Es un ineludible paso adelante, pero por desgracia no es suficiente. Es necesario ser realistas y seguir pensando en cómo ajustar el tamaño del Estado a lo que realmente necesitamos y podemos pagar. Ni más, ni menos.

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