Análisis Económico
¿Qué pasaría si se cobrara IVA en las compras de alimentos?
Pablo Samaniego

Pablo Samaniego

Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), tiene una maestría en Economía con especialización en Desarrollo y Política Económica de la Flacso (Ecuador), encabezó la Dirección de Investigaciones Económicas del Banco Central del Ecuador.

Actualizada:

13 May - 11:46

Una de las medidas que podría tomar el gobierno ecuatoriano es la inclusión de la compra de alimentos en el pago del IVA. Desde que Engel enunció la Ley que lleva su nombre sabemos que las familias de menores recursos destinan una mayor parte de ellos al consumo de alimentos y viceversa.

Para mostrar esa Ley con información del país usamos la Encuesta de Ingresos y Gastos levantada por el INEC en 2012. El análisis se realizará ordenando a la población encuestada de menor a mayor de acuerdo con el ingreso por persona del hogar, para luego dividir a esa población en diez partes iguales, que denominaremos décimos (en la jerga económica se los llamaría deciles).

El primer gráfico muestra que mientras en las familias de más bajos ingresos el 42,3% del gasto se destina a alimentos, en las más ricas –el último décimo– esa relación llega al 11,3%.

 

Con el cobro del IVA a las compras de alimentos, todos los hogares deberán destinar una mayor parte de su ingreso al consumo de alimentos.

Como se muestra en el segundo gráfico, por cada USD10 de gasto total, los hogares más pobres deberán desembolsar USD 4,7 en alimentos y los de mayores ingresos USD 1,3. Es decir, la primera décima de la población destinará casi la mitad del gasto solo en alimentos.

Si la proporción del aumento en toda la población es del 12%, la pregunta es ¿cómo contribuye cada uno de los décimos a la recaudación del IVA?

 

Para responder a esa pregunta haremos una relación entre la participación de cada décimo en el ingreso total y la participación de cada décimo en el pago del IVA por alimentos.

 

El primer décimo, recibe el 3,4% de los ingresos totales contribuiría con el 7,1% de IVA recaudado en alimentos, es decir, más del doble.

Desde el tercer décimo en adelante la contribución al impuesto se estabiliza alrededor del 10%, siendo diferente la participación en el ingreso. Por ejemplo, el octavo décimo participa con el 11%, en tanto contribuye al IVA con el 10,4%, algo que se podría considerar equitativo; finalmente el último décimo, o el que reúne a las personas que tienen más ingresos, contribuye con el 11% del IVA en alimentos pero concentra el 27% del ingreso nacional.

Esas diferencias muestran la desventaja, como señala buena parte de la literatura económica, de los impuestos al consumo, que también llevan a una reducción del consumo de los hogares en otros rubros que no son los alimentos.

En términos proporcionales, los que menos ingresos tienen deberán sacrificar su consumo de otros bienes y servicios, por lo que las empresas que venden a esos hogares verán reducido su mercado.