Columnista Invitada
Quiero ser presidente para…
Vanessa Carrión

Vanessa Carrión

Es Ph.D. en Economía. Docente-investigadora de la Universidad de las Américas. En sus investigaciones combina sus dos pasiones: la economía y la ciencia política.

Actualizada:

20 Ene 2021 - 19:00

¿Por qué quiere ser presidente? No es una pregunta nueva, se la han planteado a los candidatos presidenciales en los debates y medios de comunicación.

En cuanto a las respuestas, la retórica es la misma: todos quieren servir al país, generar cambios, y luchar contra la corrupción. Maravillosas intenciones que resultan curiosas si tomamos en consideración que varios candidatos representan a organizaciones políticas cuyos líderes tienen sentencias condenatorias ejecutoriadas y están prófugos o enfrentan procesos penales y usan grillete. 

Si existiese un suero de la verdad que pudiéramos administrar a los candidatos antes de que contesten esta pregunta, con seguridad las respuestas que recibiríamos serían completamente diferentes. 

Algunos de los que no tienen la más mínima posibilidad de ser electos nos comentarían que disfrutan de los diez minutos de fama y que es fantástico que lo puedan hacer con fondos públicos ¡una ganga! En las próximas elecciones seccionales se postularán para otra candidatura y así tendrán más probabilidades de ganar. 

Otros nos contarían que ya han experimentado el poder económico y ahora quieren el poder político. Son millonarios, tienen una vida ostentosa y ahora quieren su foto en Carondelet. ¡Vanidad, mi pecado favorito!

Un par nos comentarían que quieren amasar fortuna y hacerlo rápido ¡Si Eddy Sánchez pudo, yo también! 

Un par nos comentarían que quieren amasar fortuna y hacerlo rápido.

Otro nos confesarían que esta candidatura fue una sorpresa para ellos, que jamás la vieron venir. Pero que ahora entienden que fueron seleccionados porque no tienen escrúpulos, lo que los convierte en las mejores marionetas.

Lastimosamente, no llegan a tres los candidatos que realmente tercian en las elecciones con la genuina intención de servir. Aquellos que nos contestarían que tienen las capacidades y el compromiso para generar un cambio. 

Este escenario desolador se ve en todos los niveles.

Los impresentables (improvisados, incapaces, oportunistas, corruptos) siguen copando las más altas esferas del gobierno. Están en todos lados, los vemos en la Asamblea Nacional, alcaldías, prefecturas, en el CNE, en los ministerios, en las cortes.

Si existiera la meritocracia no llegarían ni a la esquina. Pero entre “errores catastrales” y “verdades verdaderas”, aquí los vemos tomando decisiones, dando ruedas de prensa, creyéndose estadistas, conduciendo el futuro del país. No es de sorprenderse que vayamos sin rumbo. 

Si existiera la meritocracia no llegarían ni a la esquina.

De aquí a algunos años, con la mala memoria que tenemos los ecuatorianos, los seguiremos viendo en el escenario político y en los medios de comunicación.

Algunos de ellos pretendiendo ser expertos, hablando de transparencia, de honradez, del debido proceso; cuando han sido cómplices y encubridores de los actos más viles Ni Estados Unidos, ni Europa, compañeritos; Ecuador es, sin duda, la tierra de las oportunidades para los incapaces.

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