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Importar justicia
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

13 Jun 2020 - 19:00

Pocos personajes son más respetuosos de la ley que un turista ecuatoriano manejando en Miami. Incluso al mismo sujeto que va por Quito manejando como bestia, tirando basura a la calle, amarrando por el celular algún contrato y gritándole a la policía de tránsito le crecen, ipso facto, más códigos de honor que a un samurái.

Este inusitada actitud de respeto hacia la ley surge en la mente del turista ecuatoriano en Estados Unidos, o en Europa u otro lugar civilizado, porque “sabe” que las instituciones de justicia funcionan, o al menos, no va a tener mucha facilidad para que el Secretario de Estado le llame al policía para salvarle el día.  Nada es perfecto, pero hay muchos lugares donde las instituciones son de largo mejor que las nuestras.

Por ahora estamos viviendo una etapa que parece sorprendente, resulta que hay periodistas denunciando atracos y que no están presos, y que hay fiscales y jueces persiguiendo y sancionando a delincuentes que no son destituidos, pero no tenemos por qué pensar que esta “nueva normalidad” va a permanecer muchos años.

Los vaivenes políticos son la causa de nuestras desventuras y especialmente de la falta de seguridad jurídica. La seguridad jurídica, si no dura cien años, no sirve de mucho. Y si es parcial, pues será peor. 

Entonces yo digo (por ahí seguramente habrá caminos y formas establecidas en tratados internacionales), que importemos la mayor cantidad posible de las instituciones de justicia y de entidades de control. 

Podríamos “tercerizar” la mayor parte de las compras públicas, imposible no es. El  Ecuador es actualmente participante y  beneficiario de un programa del PNUD para adquisición de medicamentos, pero lo usa mínimamente. Y ya que estamos, hasta la Contraloría podría ser un aporte de Finlandia para el Ecuador.

Los poderes del Estado deberían mantenerse criollos. Sin embargo,  se puede jugar un poco con la imaginación poniéndola al servicio de aceptar nuestros defectos y corregirlos. Podríamos  realmente hacer algo al respecto, además de enojarnos con quien nos critica. 

Para quienes estén sintiendo al héroe niño bajar dándose trampolines  envuelto en la bandera por las entrañas  de su nacionalismo, voy a darles tres palabras que son los tres pilares de la vida de la mayoría de ecuatorianos:

Religión, fútbol y billete.

Tenemos religiones importadas de España, Estados Unidos, Alemania, etc. Un fútbol cuyos mayores logros se dieron de la mano de directores técnicos extranjeros y la moneda que finalmente pudo controlar la incapacidad nuestra de mantener la capacidad adquisitiva y frenar la inflación galopante, es el dólar.

Entonces, para el asunto tricolor/golpe de pecho/cóndor soberano,  mucha cara no tenemos.

Sospecho que con unos 50 años de vivir como turistas en nuestro propio país, podríamos convertirnos en una sociedad viable que respete el derecho ajeno y no necesite ir por la vida gritando “¿ques que no sabes quién soy yo?”, cuando alguien exija respetar una norma.

Y propongo esto como plan B,  porque casi nadie va a querer el plan A.

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