Al aire libre
Resucitar es grande: la historia de Francisco ‘Chino’ Núñez
Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

5 Mar 2021 - 19:00

¿El deporte te ha dado más de lo que te esperabas? –le pregunto al Chino Núñez durante nuestra conversación por Zoom. Después de doce travesías del Lago San Pablo, es un nadador experimentado.

-He recibido un montón y sigo recibiendo. Es algo tan personal y grande. Una de las cosas que me llama la atención es que siempre estoy motivado. Suelo preguntarme ¿voy a entrenar para siempre? Y la respuesta es sí. 

-No madrugo, voy a la hora en que la piscina esté libre, que haya paz, agrega.

¿Se puede transmitir esta pasión? 

-Sería orgulloso resumir en una frase: haz esto y verás. Sale de adentro tuyo. Del alma. Me encantaría poder ser un gurú, del montón de gurús que andan por ahí sueltos. Yo siempre pregunto: ¿tiene el libro Cómo Ser Feliz en 24 Horas? Deme dos por favor. La frase mágica es estar motivado todas las mañanas para ir a nadar. Ese es el secreto. 

¿Cómo empezaste? Le pregunto.

-Mis padres me inscribieron a los siete años en clases de natación; aprendí y pasé a ser parte del equipo.

-Siempre he admirado a los niños que van a entrenar después de clases –comento yo. 

-Ir todos los días era duro, yo quería ver televisión, ver dibujos animados. Mi papá me decía: a nadar. Y era: a nadar. Ahora les agradezco por ese regalo que hoy disfruto más que nunca. En el agua estoy en mi hábitat. Alguna conexión tengo ahí.

Fue campeón nacional en 50 metros espalda. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Se trataba de un viaje espectacular, ir a Guayaquil, imagínate. Nos hospedábamos con familias de nadadores. Cuando llegué a la piscina me di cuenta de que a quien había que ganarle era a mí. Yo tenía el mejor tiempo. Era la primera vez que nadaba en una piscina de 50 metros. Tendría unos 11 años de edad y gané. 

Dejaste de nadar para jugar fútbol, ¿cuándo y por qué vuelves a entrenar? Le pregunto. 

-Volví a nadar a los 39 años. Era 1999. Yo tenía un pequeño negocio que, por la crisis económica, quebró. No conseguía trabajo, entonces dije, me voy a cruzar el Lago San Pablo. Mi mamita linda me decía ‘Francisco tienes 40 años, ¡te vas a morir! ¡Irresponsable!’ Crucé y gané. Recibí un ‘envión anímico’ tan grande que me empezó ir bien en todo. Y dejé de nadar. 

-Dieciocho años más tarde, volví al Lago San Pablo- dice- y obtuve ese ‘envión anímico’ por segunda vez. Fue artesanal, dije: repito lo mismo.

¿En qué sentido te cambió el deporte? Le pregunto. 

-En una época en mi vida pasé por una situación muy difícil y el deporte fue un refugio, una forma de enfoque. Fue terapéutico. Probarme que podía salir adelante y enfrentar cualquier cosa. 

Y continúa: 

-Como ser humano, uno tiene cosas buenas y cosas malas. El deporte me ha dado la gran oportunidad de mostrar mis cosas buenas. Me hace querer ser una mejor persona. Mis dos hijos menores viven conmigo, soy padre y madre para ellos, por lo que tengo que dar lo mejor de mí en todos los campos para que se sientan siempre respaldados y amados. 

Seguro has vivido montón de anécdotas, le digo.

-Regreso al agua en 2017 y me va pésimo. Estaba en una crisis existencial terrible y me lancé al lago. Mis hijos estaban en un bote, pensé levantar la mano entre el montón de cabezas para decirles, este soy yo, véanme. Pero me sentía tan mal, luchando contra el frío y contra todo, que no quise que me vieran sufriendo. 

Me perdí, hice pésimo tiempo -recuerda-. Mis hijos estaban preocupados. No llegaba y no llegaba, pero llegué. Un poco tarde, pero llegué. Al salir me dije a mi mismo, el próximo año voy a ganar. Y escribí eso: yo quiero ganar. Fui tres veces al lago para quitarme los miedos y en el 2018 gané. Se cumplió mi propósito. 

Volví a ganar en el 2019 -relata-. En el 2020, en una carrera no oficial, hice podio. 

Competir en el mar fue otra cosa.

-La típica que solo me metía para que vieran como nado de aquí para allá. Están las mareas, los guillis, guillis, los tiburones, las olas. 

Y sigue relatando: competía la Súa-Atacames y yo quería ganar. Salgo del agua y tenía que correr unos 200 metros hasta el arco de llegada. En eso le veo a un rival mío que estaba saliendo también. Empiezo a correr y me caigo, me levanto y me vuelvo a caer. Los compañeros nadadores me molestaban: ‘ambulancia, al mayor, ambulancia’. 

-Al final me sobrepuse y le gané. 

-En otra carrera, a 30 segundos de la partida se me caen los lentes al mar. Ya estaba flotando, quise ponérmelos y se caen. Me tocaba seguir sin lentes, no había opción, quise volver, decir “esperen un ratito, que los lentes…”, nada. En eso doy una brazada y les encuentro. 

-He ganado dos años la San Vicente-Bahía; gané la Súa-Atacames, la de Yahuarcocha, Las Palmas.

¿Qué nuevas metas tienes? –le pregunto, riéndome de sus ocurrencias.

-Gabriel Enderica organiza un circuito que incluye el cruce del lago, Súa, Salinas y doble cruce del lago. Dios mediante, ahí estaremos.

Y agrega: este domingo 7 de marzo voy al lago. Siempre será lo más duro. Es frío, sucio, el ambiente es gris, nublado. Mejor ni pensar en la contaminación. 

-Solo pienso: tengo que cruzar, soy nadador de aguas abiertas no bacteriólogo. 

¿Te sientes como el ave fénix? 

Este resucitar es grande. Se me ha cruzado por la cabeza hacerme un tatuaje del ave fénix, pero no me siento merecedor todavía. Soy un agradecido con Dios, con mis papás. Mis hijos me ven ganar. ¿Qué más recompensa quiero?

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