Tragaluz
Rodas
Felipe Burbano de Lara

Felipe Burbano de Lara

Sociólogo, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Salamanca. Durante 12 años adquirió destrezas en el periodismo. Empezó como redactor económico en el Diario Hoy, donde llegó a ocupar el cargo de Director General. Tras cursar estudios de postgrado en la Universidad de Ohio, se desempeña como profesor investigador de Flacso (Ecuador).

Actualizada:

13 May - 11:44

Mauricio Rodas debería devolver cada uno de los dólares gastados en la millonaria campaña de publicidad que puso a caminar durante al menos los últimos cinco meses de su gestión.


Cada dólar y cada centavo.


Insólita la pretensión del alcalde saliente: lanzar una campaña marketera para proyectar una imagen de sí mismo y de su gestión distinta de aquella que se formó, en cinco largos años, la gran mayoría de quiteños.


Abuso de recursos públicos para tratar de imponer, mediante un bombardeo sistemático de mensajes, los modos de percibir el Quito de hoy.


Como si las imágenes de la realidad que se hacen los ciudadanos fueran distorsiones tontas, falsas, equívocas, desinformadas, y pudiesen, en consecuencia, ser manipuladas al antojo del político.


Como si detrás de las percepciones no existiese realidad alguna.


Esquizofrenia que instaura la práctica política porque crea mundos paralelos, distanciados, sin puntos de encuentro: los ciudadanos y sus miradas, de un lado; y el alcalde y las suyas, de otro.


Esquizofrenia porque semejante conducta produjo una ruptura entre dos lenguajes que nunca se toparon, mientras los ciudadanos quedaban inmovilizados.


Rodas nunca tomó en serio las críticas y demandas de los ciudadanos a su gestión. Simplemente las desoyó. Su respuesta fue arrogante y facilona: publicidad y más publicidad sobre el Quito del futuro que solo él ve.


Ha repetido, hasta el final, la conducta que le generó tantas críticas y produjo tantos malestares con la alcaldía. Con Rodas no hubo espacio para debatir sobre los problemas de la ciudad. Como muestra la inmensa y desafiante campaña que nos ha lanzado, solo estaba para los autoelogios.


Cada dólar y cada centavo debería devolverlos.