Firmas
‘Sambolongón’
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

22 Feb - 19:00

He hurtado este nombre a un ingenioso tuitero que propuso Sambolongón para bautizar al posible nuevo cantón que resulte de la iniciativa independentista de un grupo de ciudadanos reunidos en una Junta Cívica. 

Las parroquias representadas en esta agremiación son Tumbaco, Cumbayá, Nayón, Puembo y Pifo. La idea es salirse del cantón Quito en pos de una administración más cercana y eficaz. 

Aunque muchos han reaccionado desde el privilegio de su ignorancia y sus respuestas van acorde a lo que se imaginan: que esas parroquias están repletas de unos cuantos millonarios egoístas, la realidad es igual al resto del país. Hay desigualdad y enormes necesidades sociales que están abandonadas por una ineficiente centralización.

Entre las parroquias enumeradas se reúnen al menos USD 12 millones en impuestos prediales, pero a las mismas regresan menos de 2 millones. Y, con eso, la dinámica de injusticia se mantiene pues el principio de solidaridad de un impuesto como este no se puede hacer efectivo si al final el dinero no regresa a tantas zonas que son muy habitadas y no cuentan con los más básicos servicios. Zonas que están en estas mismas parroquias, claro está. 

Para aquellos que, con este anuncio de posible separación, desde algún barrio de la parroquia Benalcázar sienten que han sido abandonados por su pelada: Cumbayá no se agota en su dinámico parque y en sus urbanizaciones.  

Pero claro, el asunto no es tan fácil. Tampoco se trata de un jovencito que no quiere vivir bajo las reglas de sus padres, pero igual pide tener la adicional de su tarjeta de crédito. Para muestra, dos botones: ese grupo de parroquias, convertidas en cantón, debería asumir un importante tramo de la deuda de la Ruta Viva, así como la organización del esquema de agua potable. 

Esta iniciativa es muy respetable, está perfectamente permitida por las normas, puede justificarse en muchos aspectos de fallas administrativas. Y, como se ve, tiene varios puntos complejos que resolver, además de cumplir con los requisitos legales para llevarla a término. El resultado de esta idea no se cristalizaría en un plazo mediano, seamos honestos. 

Una de las tantas formas de las fallas administrativas es el estado de las aceras de las calles. Dándonos una pequeña vuelta por las parroquias mencionadas podemos ver el estado calamitoso de las veredas y podemos sentir crecer en nuestro pecho el férvido grito de la indignación contra las autoridades, que arreglan dos veces al año la avenida González Suárez, pero no le han dado ni una mirada a cientos de calles de Pifo o Nayón o el mismísimo Tumbaco.

Entonces, se me ocurre que hasta que seamos independientes y tengamos mejores autoridades y esquemas de gobierno municipal, aún cobijados por las Ordenanzas del Distrito Metropolitano, podríamos arreglar nuestras propias aceras.

Se puede hacer y no se depende totalmente de esas malvadas autoridades que nos han abandonado desde que a Pancho Orellana le dio paludismo en Puembo: la Ordenanza 282, en su artículo 9 señala que entre las formas de ejecutar la intervención para el mantenimiento o rehabilitación de las aceras está la iniciativa propia y particular del frentista. 

O sea, si su vereda está hecha una calamidad, acuda al Municipio pida un permiso y arréglela. Y de paso ponga un arbolito.

La otra posibilidad es que hagamos un relajo tan grande que la alcaldía asuma el arreglo de nuestras aceras y luego nos pase la cuenta a modo de contribución especial.

El Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización, en su artículo 581, dice sobre la distribución del costo de las aceras que la totalidad del costo de las aceras construidas por las municipalidades será reembolsado mediante esta contribución por los respectivos propietarios de los inmuebles con frente a la vía.

¿Después haremos el relajo por el cobro de la contribución y pediremos la revocatoria del Alcalde de turno? ¡Sin duda! Pero recogeremos las firmas en unas chéveres veredas, diría yo. 

Sin embargo, mientras esté en curso del trámite de cantonización iremos arreglando los frentes de nuestras casas, y cuando Sambolongón proclame su independencia, el nuevo alcalde tendrá un problema menos que resolver, porque lo mejor del cambio de ordenamiento territorial será que seremos mejores ciudadanos. 

¿Qué duda cabe?

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