Análisis Económico
El sentimiento ciudadano sobre la economía ¿cómo cambiarlo?
Francisco Briones

Francisco Briones

Especialista en análisis del entorno macroeconómico, políticas públicas y comunicación. Máster en Economía por la University of Manchester. Consultor asociado de Inteligencia Empresarial, firma consultora de estudios económicos, estrategias de comunicación e investigación económica y de mercado.

Actualizada:

31 Jul - 19:15

La semana pasada comenté acerca de la evolución de la economía y las ventas que ya cumplieron seis trimestres bajando el ritmo y se acercan a la contracción.

Revertir esta tendencia requiere impulsar la producción bajando los costos productivos, eliminando aranceles e impuestos nocivos como el ISD y liberando el comercio. Todo esto en torno al sector productivo.

Ahora hablemos de la otra orilla, de las familias, de los consumidores. El indicador clave que resume el sentimiento ciudadano es el Índice de Confianza al Consumidor (ICC), elaborado por el Banco Central del Ecuador.

Este indicador se calcula a través de encuestas de alrededor de 3.800 hogares en las ciudades de Quito, Guayaquil, Ambato, Cuenca y Machala. Puede tomar valores entre 0 y 100, donde un índice mayor que 50 supone optimismo en la percepción de la economía, mientras que por debajo de 50 indican una percepción pesimista en la situación económica actual y futura. 

A junio, el índice revela que los consumidores tienen una percepción negativa sobre la situación económica actual del país. El ICC fue de 38 puntos, 1,7 menos que un año atrás.

Este sentir ya completó 54 meses consecutivos (2,5 años) en los que las familias no perciben que su situación vaya a mejorar. La consecuencia directa es restringir el consumo

Pero los hogares tampoco ven que sus condiciones vayan a mejorar en el corto plazo. Es decir, no solo se trata de una mala percepción de sus condiciones económicas actuales sino futuras.

El subíndice que mide las expectativas sobre su futuro también muestra la preocupación de las familias. En junio, este índice fue de 40,6 puntos (también por debajo de 50). 

El principal motivo de esta desesperanza en los hogares es la falta de empleo que afecta sus ingresos. Las cifras de empleo a junio de 2019 indican que el subempleo se incrementó significativamente y el salario real disminuyó.

Desde septiembre de 2018, el salario promedio real ha venido cayendo, al pasar de USD 368 a USD 325 en junio de 2019. Todo esto implica un menor poder adquisitivo para los ecuatorianos.

Por esto la falta de empleo es la principal preocupación de los ecuatorianos. Por su efecto directo sobre su bienestar y su calidad de vida. Sin empleo y con reducción de ingresos se restringe el consumo y crece el endeudamiento. Las ventas no crecen y se frena el empleo. Nos desanimamos, nos estancamos.

Ecuador debe y puede generar más empleo de calidad. Solo así se logrará levantar el ánimo de los consumidores.

Pero que el trabajo y los salarios aumenten no será consecuencia de decretos presidenciales, acuerdos ministeriales o reformas legislativas tímidas. La única vía es que crezca la inversión. Para ello se requieren cambios de fondo y rápidos.

La reforma laboral es la más importante porque define el vínculo entre las empresas que hacen inversiones y las familias que ofrecen empleo. Hay que facilitar esta relación. Que sea sencillo para todos. Que beneficie a ambas partes. Pero, sobre todo, que promueva la prosperidad y mejore la calidad de vida y expectativas de todos en la economía.

No me meteré al tema de impuestos, por ahora. ¿Imaginan las expectativas de los hogares y su consumo si nos aumentan el IVA o nos quitan las deducciones?

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