Una Habitación Propia
#NoSinMujeres
Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

22 Abr 2021 - 19:11

Esta semana circularon unas fotos del proceso de transición entre el presidente saliente, el entrante y sus equipos más cercanos. En la mesa, más simbólica que otra cosa, con el mandatario que se va y el que llega no había una sola mujer.

Ni una sola mujer.

Esa foto se pudo haber tomado en 1880 o en 1940, incluso en 2010, y no hubiese pasado absolutamente nada. De hecho, no pasaba nada.

Estábamos acostumbradas a la paupérrima representación de las mujeres, el fucking cincuenta por ciento de la población, en las mesas donde se han tomado todas las decisiones que nos han afectado como sociedad.

No estábamos y como no estábamos no opinábamos y como no opinábamos no importábamos. Para muestra un botón: la Constitución no nos deja ser dueñas de nuestros cuerpos. 

Este ha sido toda la vida un país de braguetas, braguetitas, braguetuchas. Pienso en política y me imagino al uno con su risa sardónica rompiendo periódicos, al otro abriéndose la camisa y gritando libertad como un Braveheart patético, al de más allá lanzando ceniceros y a aquel otro bailando El rock de la cárcel.  

Pero hoy, año 2021, después de una campaña presidencial que nos tuvo a todos y a todas al borde del desmayo por la inminencia del espanto y en la que al final hubo -tuvo que haber- un giro hacia la inclusión por parte del ahora Presidente, es intolerable esa imagen anacrónica, rancia, casposa, testosterónica. Pura próstata iluminada por el flash.

Vergüenza.

No había en la mesa de transición, insisto, ni una sola mujer.

¿Era todo artimaña? ¿Una campaña de artimañas?  

El Presidente electo se equivoca si piensa que usar las espaldas de las mujeres para catapultarse y luego quitarnos la escalera es un movimiento que le va a salir bien. Ya no son esos tiempos. 

Se equivoca, señor Lasso, si cree que las mujeres vamos a callar mientras usted y otros hombres como usted, clonsitos suyos, deciden sobre la vida de todas las ecuatorianas.

Mucha gente votó por usted para no ser amordazada, pero, también, porque quería un cambio real, un Ecuador en el que todos y todas tengamos representación y voz.

¿Dónde está el deseo de cambio o, para decirlo en términos sacramentales, el propósito de enmienda?

Ya que le sale tan bien lo de rectificar, desde aquí le pedimos que ya, ahorita, busque la paridad en su gabinete y entre su gente de confianza.

Tenga asesoras, señor Presidente. 

No se lo digo porque las mujeres tengamos que ser una cuota o porque las feministas se le van a ‘cabrear’, sino porque un gobierno que busque mejorar este país es impensable si la mitad de la población no está tomada en cuenta.

Siéntenos en su mesa, señor Presidente, y escúchenos.

No permita que dentro de cuatro años la foto fija de su gobierno sea, otra vez, la del machito prepotente que se reúne con sus amigos, un club de Tobi versión Carondelet, a hacer el ridículo.

Ya es el siglo XXI.   

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