Con Criterio Liberal
Los subsidios de la gasolina y el diésel y el fracaso del no-liberalismo
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

25 Oct 2021 - 19:00

El presidente Guillermo Lasso anunció que renunciaba a dos de los puntos principales de su programa liberalizador de la economía ecuatoriana: eliminar los precios políticos y el subsidio a la gasolina Extra.

No se anunció algún pacto en que esta renuncia conllevase lograr algo más, como podría ser comprometer los votos en la Asamblea de Pachakutik o de la Izquierda Democrática para la aprobación de las anunciadas reformas fiscales, laborales y de inversiones.

En democracia es importante llegar a acuerdos (claros y públicos) y hay que ceder y comprometerse.

Pero no renunciar a los principios sin obtener pacto alguno, simplemente para ceder ante aquellos que amenazan con el uso de la violencia o con hacer ingobernable el país. Eso es chantaje y es inadmisible.

Lo que parece no entenderse es que renunciar a las principales propuestas de liberalizar la economía no solo tienen un costo político para el gobierno de Guillermo Lasso, es que, sobre todo, empobrece todavía más a Ecuador.

El subsidio a la gasolina es una de las medidas más absurdas y perjudiciales que se puedan concebir como política pública. Un despilfarro de cientos de millones de dólares que, en lugar de dedicarse a salud, educación y a paliar la pobreza, se dedican a que aquellos que tienen la suerte de ser dueños de un vehículo.

Una política que fomenta la contaminación y que en nada ayuda a las personas más humildes, al revés, favorece más a las que ya son privilegiadas.

La fórmula del gobierno anterior había conseguido eliminar esos subsidios poco a poco, y uno de los mayores problemas que lastraban la economía ecuatoriana por décadas ya se estaba convirtiendo en un no-problema.

La demagogia de algunos dirigentes (correístas, indigenistas, de extrema izquierda), de manera inexplicable por razones lógicas u honestas, insistía en que ese era un problema general.

Los datos son los que son, aunque el precio de los transportes ha subido un 7,4% en el último año, la inflación ha sido de un 0,9%, de las más bajas de América Latina.

Evidentemente este no era un problema, solo una excusa para los inescrupulosos que amenazan con sublevaciones.

Quizá peor, a nivel conceptual, es que un Presidente que ganó las elecciones con un programa liberal anuncie controles de precios.

Esto es, que en lugar de que los precios del arroz, del cacao o del banano se decidan libremente por el juego entre oferta y demanda, lo que permite coordinar la economía, ser más productivos y más eficientes, sigan siendo “precios políticos”, que sea el ministerio el que decida si favorecer a productores o consumidores determinando de manera arbitraria el precio.

Por el principio de “beneficios concentrados perjuicios dispersos” los productores tienen mucho más poder de presión política que los consumidores de tal manera que, en Ecuador por ejemplo, el precio de sustentación del arroz es mucho más alto que el que habría en un mercado libre, obligando a los consumidores ecuatorianos a pagar más por el arroz.

Pero es aún peor, como ese precio de sustentación fomenta que se cultive mucho arroz, pues no hay riesgo empresarial por precios de mercado, hay un excedente, que encima lo compra el Estado, haciendo pagar una segunda vez a los ciudadanos con sus impuestos por la ineficiencia del sistema.

Y así, en lugar de hacer que las personas más humildes puedan consumir arroz más barato, y que sus impuestos se dediquen a salud o educación, se dedican a distribuirlos entre los empresarios del sector arrocero.

Todo esto con una retórica en nombre de ‘el pueblo’, pero es incomprensible en qué beneficia esto a ‘el pueblo’, así como tampoco los subsidios a la gasolina ni los precios regulados a los ciudadanos.

Es lamentable que el Presidente haya renunciado a implementar políticas liberalizadoras que podrían beneficiar a las grandes mayorías, sin siquiera negociar nada a cambio, más que ceder a las amenazas y chantajes de unos pocos politiqueros organizados.

Y no lo es solo porque haya renunciado a su programa y a sus principios, porque haya incumplido una parte esencial de los acuerdos con el FMI, que se suponían que eran tan importantes, sino porque ha aceptado no eliminar dos políticas nefastas para el desarrollo económico de Ecuador, para que las personas pobres puedan tener recursos para sus necesidades, para que se pueda crear empleo.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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