Con Criterio Liberal

La ley como subterfugio de la justicia, Bélgica es santuario de prófugos

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

25 Abr 2022 - 19:00

A los jóvenes idealistas estudiantes de derecho una de las primeras y más duras lecciones que se les ha de enseñar es que ley no es sinónimo de justicia. Por desgracia, muy habitualmente, la ley es su opuesto, y el sistema de justicia una farsa legalista.

Si los colegios y universidades no hubiesen abdicado de su función principal: transmitir el acervo de la cultura y la tradición occidental, todavía los jóvenes podrían disfrutar y plantearse las muy duras cuestiones a las que se enfrentó Antígona en la tragedia de Sófocles, hace casi 2.500 años. 

¿Se debe cumplir la Ley de Dios o la ley de los hombres? Si Creonte, el tirano de Atenas, dicta una ley formalmente legal, pero evidentemente injusta, como es no enterrar a su hermano Polínices y dejar su cadáver pudrirse al sol, a las puertas de Tebas para escarmiento de los ciudadanos, ¿debe su hermana cumplir esa ley o debe rebelarse contra la ley del tirano para cumplir el mandato ancestral y divino de enterrar propiamente a los fallecidos?

No toda ley es justa, y no toda aplicación de la ley es ni justa, ni legal. Los romanos lo tenían muy claro cuando lo expresaban en su aforismo ‘summa lex, summa iniuria’.

Así, en las últimas semanas hemos visto cómo se han otorgado en Ecuador algunos habeas corpus que más parecen abuso de derecho que Derecho, lo que indigna a los ciudadanos, y que el gobierno belga parece haber concedido asilo a Rafael Correa para evitar su extradición a Ecuador para cumplir su condena.

Claro que Bélgica es un país con una larga tradición de conceder refugio a prófugos de la justicia de otros muchos países.

Así, en España desde hace décadas que se denuncia que Bélgica es un ‘santuario’ para los terroristas de ETA. Y, más recientemente, en 2017 se ha negado a extraditar a Carles Puigdemont, prófugo de la justicia española, por los graves delitos de rebelión y malversación.

Parece que será bien complicado para Ecuador lograr la extradición de Correa, cuando le ha sido casi imposible a España lograr extradiciones de terroristas o rebeldes, a pesar de pertenecer ambos países a la Unión Europea.

Mientras, los ciudadanos, contemplan consternados como la ley no sirve para condenar lo que les parece reprobable, sino para ampararlo. Cómo la justicia no les parece justa, sino lo contrario.

Y así se desgasta la confianza en las instituciones, en el Estado (que no cumple sus funciones principales de garantizar seguridad y justicia), en el ‘sistema’, lo que hace casi imposible la convivencia y la política.

Y terminarían resonando en ellos las palabras de Antígona, si una educación cada vez menos valiosa no les hubiese hurtado el conocer la tradición, que son los clásicos, pues hacen eco hasta nuestra actual situación:

“¿Pues qué te detiene? Ningún discurso tuyo me es agradable, ni lo podría ser jamás, ni las palabras mías pueden ser gratas para ti. En cambio, ¿qué gloria más pura para mí que la de haber dado sepultura a un hermano? Todos cuantos me escuchan elogiarían mi proceder, si su lengua no estuviera encadenada por el terror. ¡Privilegio de los tiranos!: ellos pueden solos decir y hacer lo que les place“.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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