Columnista Invitado
Tasas: El riesgo de sobre simplificar el diagnóstico
Julio José Prado

Julio José Prado

PhD en Management con énfasis en Competitividad de Lancaster University Management School. Presidente Ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados del Ecuador. Profesor y director del área de Entorno Económico de IDE – Business School.

Actualizada:

9 Sep 2020 - 19:00

No existe conversación relacionada con el sistema financiero que deje de girar, tarde o temprano, alrededor de las tasas de interés.

Poco a poco, el tema de la crisis de 1999, ha dejado ya de ser el asunto de conversación, impulsado sobre todo por motivaciones políticas, para dar paso al omnipresente tema de las tasas y de cómo la presencia de banca extranjera en el Ecuador podría ser la solución mágica a los problemas del mercado financiero.

No extraña que el tema de las tasas de interés sea un discurso recurrente en Ecuador. Todos, de una u otra forma, entendemos el concepto del costo del dinero en el tiempo. Igual que si nos preguntan si quisiéramos pagar menos por algo o ganar más, decimos que nos gustaría que las tasas fueran más bajas. ¿Y entonces por qué no bajan las tasas?

La respuesta, por más que muchos insistan en sobre simplificarla diciendo “es que no hay bancos extranjeros en el Ecuador”, es bastante más compleja. Partamos recordando que la tasa activa (la de los préstamos) va a estar siempre atada a la tasa pasiva (la de los depósitos).

Ahora preguntemos: ¿Le gustaría a usted que le paguen menos por dejar su plata en el banco? La respuesta es un obvio, no. Y ahí nace la primera complicación, para atraer más dinero que pueda ser prestado a buenas tasas, el banco debe pagarle a usted una tasa interesante para que deje su dinero allí en lugar de invertirlo o gastarlo en otro lado.

Y resulta que, en Ecuador, esa tasa pasiva es 2 o hasta 3 veces más alta que en otros países de América. Los ecuatorianos exigimos tasas pasivas más altas y por eso las activas son también más altas. 

Pero, no es cierto que los bancos solo usan el dinero de las personas para prestar, también pueden obtener dinero de otras fuentes internacionales o de sus propios accionistas. Sí, de acuerdo. Ahí viene la segunda complicación que hace que las tasas sean más altas.

En otros países de América Latina, el nivel de recursos que fluye hacia el sistema financiero es muy alto, porque sus economías atraen capitales extranjeros y son amigables con la inversión local e internacional.

Así, por ejemplo, Panamá, país dolarizado, tiene niveles de flujos de capital que superan cuatro veces a los de Ecuador, y se reflejan en un nivel de depósitos frente al PIB superior al 110%, mientras que en nuestro país es del 30% (otro ejemplo sería El Salvador que, si bien no tiene números tan altos como los de Panamá, exceden en mucho a los de Ecuador).

Por supuesto, una economía liberal, abierta al mundo financiero global, dista mucho de la ecuatoriana y por eso el acceso al capital es tan limitado, haciendo que el sistema financiero dependa de los pocos ahorros internos locales que existen. 

Sin duda todo lo anterior es cierto, pero si viniesen los bancos extranjeros todo sería diferente. Bueno, al menos así dice el argumento simplista que está de moda. Ahí cabe una respuesta en dos fases. Primero ¿Por qué no vienen más bancos extranjeros? No hay ninguna restricción para ello.

Y si el margen financiero y la rentabilidad de los bancos en Ecuador es de las más altas de América Latina, como falsamente pregonaban algunos analistas en redes sociales hace poco, los extranjeros deberían estar haciendo fila para invertir en nuestro mercado, pero sabemos que eso no es así.

¿Por qué? La respuesta está en el pésimo entorno normativo que, para no entrar en detalles, resumiremos con la sigla COMYF. El famoso Código Monetario y Financiero creado en 2014 con el afán político de minimizar y controlar al sistema financiero desde el Estado.

El COMYF no solo nos aleja de las mejores prácticas internacionales, sino que ahuyenta la inversión financiera local e internacional. 

Y para poner la cereza del pastel, está el sistema de control de tasas de interés, que puede tranquilamente ser calificado como uno de los más ineficientes del mundo. Quizás por eso ningún otro país de América Latina ha tratado de imitarlo.

La fijación de tasa se hace de manera anti técnica y bastante obscura, para 22 segmentos de crédito, delimitados no por las condiciones de mercado y el nivel de riesgo sino por definiciones de política pública erradas, que lastimosamente se mantienen casi sin cambios desde hace más de una década.

¿Resultado? Justo el contrario al deseado. Menos crédito, concentración en ciertos segmentos, exclusión financiera, imposibilidad de variar tasas en función del riesgo y casi nula competencia en tasas. 

Es claro entonces que las tasas son una consecuencia, no la causa de los problemas. ¿Queremos bajar tasas? Sí, de acuerdo, pero no se logra nada haciendo más de lo mismo. Es decir, manipulando el sistema para fijarlas de forma anti técnica.

Hay mucho por hacer, pero lo primero debería ser que todos tengamos claro el diagnóstico. 

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