Columnista Invitada
No contamos con el tiempo del famoso efecto túnel
Yasmín Salazar Méndez

Yasmín Salazar Méndez

Profesora e Investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional EPN. Doctora en Economía. Investiga sobre temas relacionados con pobreza y desigualdad.

Actualizada:

13 May 2021 - 19:00

Imagínese un gran embotellamiento en el túnel de una autopista que tiene solo dos carriles que corren en el mismo sentido.

Pasa el tiempo y los carros no avanzan. De repente, los vehículos del carril de la izquierda empiezan a moverse. Los conductores que esperan en el carril derecho se sienten esperanzados y optimistas de que pronto saldrán del atasco.

Pasan los minutos, las horas, y los carros del carril derecho continúan inmóviles. Los conductores se preguntan ¿qué ha pasado? Y, poco a poco, empiezan a perder la paciencia.

Sin hablar, sin ponerse de acuerdo ni coordinar una salida conjunta deciden avanzar, cómo sea, desorganizados, caóticos y se lanzan al carril izquierdo. Todo colapsa.

El escenario descrito se denomina ‘efecto túnel’, fue utilizado como analogía por los famosos economistas Alberto Hirschman y Michael Rothschild (1973) para explicar la tolerancia frente a la desigualdad del ingreso cuando hay una época de crecimiento económico.

En otras palabras, el efecto túnel hace referencia al periodo de tiempo que los habitantes de un país pueden esperar para ser beneficiados por el crecimiento económico, mientras observan el progreso de los demás.

Con la pandemia de Covid-19, Ecuador experimentó no solo la caída del PIB sino también el aumento de la históricamente alta desigualdad de ingresos.

Sin embargo, reactivar la economía y acortar las brechas entre ricos y pobres no serán los únicos desafíos del nuevo Gobierno pues, en esta época, también se exacerbaron la pobreza y el desempleo que coexisten y se interrelacionan con la desigualdad de ingresos y con el estado de la economía.

Es improbable que, más allá de la buena voluntad del Gobierno entrante, se resuelvan estos problemas en el corto plazo.

No obstante, la paciencia a la hora de sentir los resultados concretos de las acciones para mejorar la situación de las familias ecuatorianas será limitada, más que en otros tiempos. Tal vez el tiempo no alcance para esperar la ansiada recuperación económica y para pensar en redistribuir.

La paciencia a la hora de sentir los resultados concretos de las acciones para mejorar la situación de las familias ecuatorianas será limitada.

Las circunstancias actuales redujeron a cero el tiempo de espera al que están dispuestas las personas antes de que todo mejore, y obligan a que las acciones pro-reactivación económica y la búsqueda de mecanismos redistributivos efectivos sean procesos simultáneos.

Pese a las condiciones en las que el nuevo Gobierno recibe el país, es urgente repensar la política social de Ecuador, no podemos ya seguir con el mismo modelo complejo, limitado e ineficiente.

Los tiempos han cambiado y nos invitan a mirar otras alternativas que no solo permitan sobrevivir, sino vivir dignamente. En este tiempo crucial, los anuncios que realice el presidente Guillermo Lasso deben ser, hoy más que nunca, acordes con las expectativas, preferencias y angustias de la mayoría de los ecuatorianos.

Es urgente repensar la política social de Ecuador, no podemos ya seguir con el mismo modelo.

Es hora de considerar seriamente las tendencias que promueven la modernización y la preservación del estado de bienestar. Combinar estratégicamente estos elementos, además de lo económico, no solo ayudará a que el nuevo mandatario gobierne en un ambiente de relativa paz, sino también a mantener sólidas las bases para preservar la democracia.

El nuevo Presidente no tendrá el tiempo de gracia del efecto túnel, pues debe atender las necesidades urgentes de los ecuatorianos con recursos limitados, el Banco Mundial ya se pronunció al respecto. Los plazos son cortos y, si no hay respuestas claras y concretas, la olla de presión puede estallar de nuevo.

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Va a ser inevitable una permanente comparación entre Ecuador y Perú. Ambos países ahora con líderes muy distintos, que proponen modelos antagónicos.

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