Efecto Mariposa

Ya no nos tomen el pelo

Yasmín Salazar Méndez

Yasmín Salazar Méndez

Profesora e Investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional EPN. Doctora en Economía. Investiga sobre temas relacionados con pobreza y desigualdad.

Actualizada:

12 Abr 2022 - 19:03

El 7 de abril se conmemoró el Día Mundial de la Salud. En esa misma fecha, la ministra de Salud, Ximena Garzón, anunciaba que, gracias a la vacunación contra el Covid-19, “Ecuador tiene otro color”. La funcionaria también invitaba a conocer la agenda de los actos programados para conmemorar la fecha.

Con grandes expectativas revisé dicha agenda y encontré actividades, como: inauguración de un centro de salud, repotenciación de un quirófano, una conferencia vía Zoom sobre desnutrición y otra sobre actividad física, el lanzamiento del programa ‘Medicina Siempre’, clausura de cursos y reuniones con ministros de Salud de la región.

La ministra también publicó fotos recorriendo algunos hospitales públicos y, a su paso, según ella misma lo menciona, algunos usuarios le agradecieron por los servicios recibidos en los centros públicos.

Para que no haya espacio para dudas, la funcionaria publicó nombres y apellidos y hasta fotos de los pacientes satisfechos.

Por último, en las redes sociales del Ministerio de Salud se publicaron unos consejos de salud: deja de fumar, no consumas alcohol, come frutas y verduras, usa transporte que no contamine, entre otras recomendaciones. 

A juzgar por las fotos, los agradecimientos, los consejos y la agenda de salud, parece que todo está bien con la salud en el Ecuador. Parece que, en realidad, cambió el color y que el estado deplorable del sistema público de salud, como lo calificó el propio vicepresidente Alfredo Borrero, en mayo del año pasado, ya fue superado.

Ha pasado casi un año del nuevo Gobierno y, en salud, al igual que en otras áreas prioritarias para el bienestar de la gente, no hay un plan claro sobre qué se hará para mejorar. Una inauguración por ahí, una solución parche por aquí, una denuncia por allá, que nadie sabe en qué mismo termina, no constituyen un plan integral de salud. 

Los hospitales continúan sin medicinas y los familiares siguen comprando recetas. En algunas casas de salud incluso piden agua a los pacientes para que puedan tomar sus pastillas.

Los escándalos de corrupción por los contratos para la compra de medicamentos y los manejos repugnantes en los hospitales, como el de la Maternidad del Guasmo Sur, no dejan de llegar. Los médicos continúan denunciando despidos injustificados. 

En algunos de los casos, se justifica diciendo que son mafias, de no sé qué partido que actúan para hacer quedar mal a este Gobierno. Al menos para mí, esa historia ya está trillada.

Ya está desgastado el ‘recién empezamos’, o no hay plata. De paso es bueno recordar que la salud pública la financiamos nosotros, el pueblo. La financiamos con nuestros impuestos, como, por ejemplo, con los de la Ley de Desarrollo Económico aprobada en noviembre de 2021. 

La salud pública no la financia ningún gobernante con su dinero, no es un favor lo que estamos pidiendo. Si no hay plata, es porque el dinero del pueblo lo han malgastado, y solo unos han aprovechado y nada se hace para recuperar los dineros robados ni para parar tanta corrupción.

Solo se sabe de los acuerdos y los pedidos, de las denuncias a los asambleístas que supuestamente pidieron plata, ministerios o la UAFE, pero de mejorar, nada. En otras palabras, solo bochinche, pero de lo que nos interesa para vivir mejor, ni una sola acción ni palabra.

Ya estamos hartos de tanta inacción, de que nada mejore y que nos hagan pensar que todo está cambiando, con fotos de pacientes no aleatorios, webinars que nadie ve y reuniones con ministros de la región que a nadie le interesan.

Necesitamos un plan de salud de verdad. Cuando vi el anuncio de la agenda imaginé una propuesta para por fin contar con un sistema de salud público eficiente y equitativo. 

Imaginé que se iba a anunciar una gran intervención a la salud con el objetivo de reducir las tasas de mortalidad y morbilidad de los ecuatorianos.

Imaginé que se anunciaría una política de salud en la que no solo se hable de tratamientos médicos y medicinas, calidad y disponibilidad de los servicios de salud, sino también de los otros factores que inciden en el estado de salud, como: el estilo de vida, la actividad física, el tabaquismo, el alcoholismo, una alimentación nutritiva, la contaminación ambiental.

Se debe hablar de todas estas cosas, pero de forma seria, con buenas campañas, no con consejos improvisados, desorganizados y sin ninguna orientación.

Decir que la situación de la salud mejoró por una foto de la ministra con un paciente es una falta de respeto a los ecuatorianos, ¿tanto nos subestiman? Y nosotros, ¿tan dormidos estamos que ya ni reclamamos que no nos atienden con nuestra propia plata?

La salud no es juego y, si algo puede cambiar de un momento a otro, es justamente nuestro estado de salud. Todos, y especialmente los más vulnerables, debemos tener garantizado el acceso a servicios de salud pública de calidad. 

Para que no me digan injusta ni “malagradecida”, reconozco el éxito del plan de vacunación, el 85% de la población de Ecuador cuenta con las dos vacunas contra Covid-19. Y eso es todo.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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