Cambio de Rueda
¿Transformaciones? (Fuera Kevin Costner. Viva Lenín Moreno. Pobre Jaime Roldós)
Santiago Roldós

Santiago Roldós

Actor, escritor, director y profesor, cofundador del grupo Muégano Teatro y de su Laboratorio y Espacio de Teatro Independiente, actualmente ubicado en el corazón de la Zona Rosa de Guayaquil. A los cinco años pensaba que su ciudad era la mejor del mundo, pero entonces también creía en Dios y en Barcelona Sporting Club. 

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4 Oct 2019 - 12:06

Ecuador llevaba años a punto de reventar, a causa del expolio de nuestras riquezas naturales a manos de bancos y empresas chinas, rusas y medio orientales, relevo del socialismo neoliberal del siglo XXI del FMI, entidad que hoy vuelve a gobernarnos sin matices. 

En esta suerte de eterno regreso al mismo (alianza) país de siempre, lo mejor de estos días de paquetazos, represión y terrorismo vandálico ha sido el humor, escasa diferencia entre el correísmo de Correa y el correísmo de Lenín Moreno, protagonistas del despilfarro, la irresponsabilidad y la corrupción de ayer, y de la crisis económica y el desgobierno de hoy. 

No me refiero (desde que nació, Ruptura de los 25 ya parecía lo que ha terminado siendo: un tuneo de la burocracia política de toda la vida) al giro nada inesperado de la ex democrática abogada María Paula Romo, primero en sargento de policía y luego en stand up cómica (“el estado de excepción no conculca derechos a la ciudadanía, sino que los defiende y garantiza”); ni al de los más fervientes correístas, que tras considerar a Moreno “paradigma de la inclusión y la superación, vía el buen talante ante la discapacidad”, ahora pasaron a “patojo hijueputa”.

Me refiero al audio que la mayoría de ustedes escuchó la misma noche de los anuncios del alza de combustibles y huelga de transportistas: “vuelve Correa, vuelve, fuera sonentoster (refiriéndose al actual vicepresidente Sonnenholzner), fuera onstel folzer, fuera Kevin Costner (puntos suspensivos, silencio), fuera Moreno, fuera”. 

Un humor, en todo caso, más bien drogodependiente, dispuesto para hacernos más llevadera una represión e ignominia aplaudida y aún promovida y demandada por sectores sociales no sólo de clase alta. 

En el país que durante la mal llamada revolución ciudadana no cambió, sino que acentuó su monoteísmo y monocultivo (fútbol, camarón, guineo, petróleo, minería, microteatro, talent shows, diversas materializaciones del extractivismo patriarcal, apostólico y romano), me pregunto hasta dónde sigue siendo hacer metafísica horrorizarnos o no horrorizarnos ante la violencia popular de los guasmos/villas miseria de Guayaquil u otros sectores de la Nación.

¿Acaso en algún lugar de este país no nos controla la mafia? ¿Acaso el mismo narco que ha financiado a la nueva clase política y la explosión inmobiliaria, pariendo centros comerciales al ritmo del sarampión, nos iba a dejar incólumes? 

En medio de todo, hacemos nuestros mejores, peores, regulares intentos. Como los de quien empezó a difundir, como mantra, descontextualizada y mal citada, una parte del último discurso de Jaime Roldós, el 24 de mayo de 1981: “Es hora del trabajo, el esfuerzo, la solidaridad, no de los paros, huelgas, amenazas, incomprensión y rumores. Probemos el amor de la Patria (sic) cumpliendo cada quien con nuestro deber”.   

No es la primera vez que este supuesto mártir de la patria (siempre he creído que ascenderlo a a los cielos ha sido la mejor fórmula para no investigar la muerte de mi padre, es decir: para que la nación no se responsabilice de hacer justicia) es fagocitado y manipulado, a veces desde sus más radicales antípodas.

Jaime Roldós tiró muchas piedras en su juventud, y el día de su mayor tristeza fue cuando un policía, durante su gobierno, asesinó a un estudiante durante una protesta. ¿Cuál será la diferencia entre Jaime y María Paula? Y nosotrxs, lxs demás, ¿qué? 

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