Firmas
Una defensa a los “indios esos”
Rafael Lugo Naranjo

Rafael Lugo Naranjo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

6 Sep 2019 - 19:05

No se si sea patrimonio de la Sierra ecuatoriana, pero por acá tenemos dos discursos bastante repetidos y míticos que son parte de nuestra explicación de la realidad: Uno, que el bisabuelito era farrista y se gastó toda la fortuna de los aristócratas antepasados, fortuna que usualmente se contaba en costales de libras esterlinas; y dos, que la culpa de nuestro fracaso como país es de los “indios vagos esos”.

Pero voy a intentar una defensa y un justo reparto de la culpa yéndome hacia atrás en la historia, muchísimo más atrás de los bisabuelos, y me ubicaré en un Imperio y en una puerta.

Dos siglos antes de Herodes, de cuya existencia si hay evidencia documental, por cierto, no como el melenudo ese (hablo de Thor), el Imperio Romano ya ocupaba lo que hoy es España. Hispania era el nombre que ellos daban a ese territorio conquistado.

Y aunque la bruma de la historia, la noticia sobre el Derecho Romano, los acueductos y la pinta de Russell Crowe en su calidad de Máximo Décimo Meridio, nos podrían hacer creer que tenemos unos lejanos ancestros geniales, parecería que no tanto. Estos latinos eran bastante bestias en algunas áreas, y algo de ese condimento negativo conservan pues no por nada Silvio Berlusconi es uno de sus últimos líderes más importantes.

Ya lo dijo el sabio español Ortega y Gasset sobre Roma: “Otro pueblo de hombres sanos y fuertes, con gran apetito de vivir y de mandar, pero poco inteligentes. Su despertar intelectual es tardío y se produce en contacto con la cultura griega…”. Elé, diría un sabio local.

Y sobre su propia nación, el mismo filósofo dijo: “Nuestra inteligencia étnica ha sido siempre una función atrofiada que no ha tenido un normal desarrollo…”.

Entonces, es factible pensar que el fracaso que somos no sea culpa de los “indios vagos esos”, no al menos de forma exclusiva. Ojo, que no estoy negando de España, seres como García Lorca justifican y elevan la existencia de esta nación con creces, mas, su propia muerte –la forma y razones por las que fue asesinado- podría aupar este texto.

Pero muchos de ustedes estarán pensando que el argumento este es flojo porque el Imperio Romano también llegó al norte de Europa en la misma época. Hasta Britannia, las Germanias y lo que hoy son los Países Bajos, y por lo tanto, toda Europa debería ser así.

¿Recuerdan que les dije que me ubicaría en una puerta?

Estamos ahora en la puerta de la catedral de Wittenberg, lugar donde el 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clavó sus 95 tesis con las cuales partió en dos a la Iglesia Católica.

Es que Lutero, en calidad de monje viajó a Roma a principios de 1500 y cabalgó en santa furia cuando supo que el muérgano Papa de entonces (no importa cuando leas esto) estaba financiando la construcción de la capilla de San Pedro (si, esa mole de mármol que cuando vas al Vaticano no te dejan entrar si estás en short o pluto) vendiendo terrenos en el cielo como un traficante de tierras cualquiera.

Indulgencias se llamaban y eran básicamente que la Santa Madre Iglesia te cobraba un platal para que los santos curas te palanqueen el perdón de taita Dios y puedas entrar al cielo aunque te hayas pasado por el forro los 10 mandamientos.

Algo así como lo que hacen ahora las sectas evangélicas, pero que sirven para que el Pastor se haga millonario o tenga para pagar abogados cuando asesina a alguien.

Las 95 tesis, obviamente incluían otros criterios bíblicos que según Lutero estaban siendo violados por los curas vaticanos. Para Lutero, la pureza del cristianismo expresada en la Biblia se había contaminado malamente con las interpretaciones antojadizas de los jerarcas de la Iglesia.

Y en resumen esta idea dio origen al Protestantismo que básicamente dice que el ser humano ya llega salvado automáticamente y de origen, y que por lo tanto su obligación es hacer algo con su vida, mientras que el catolicismo te manda en general a hacer méritos para salvarte, méritos que significaban agachar el lomo, dar la otra mejilla, ser pobre como virtud (lo del camello y la aguja), jurar que te casaste virgen aunque la guagua ya patee, etcétera.

En 1520 Lutero estaba completamente excomulgado, los alemanes le acogieron para que el Papa no pudiera matarlo en el nombre de Jesús. Los italianos y españoles (ya vimos que no han sido muy brillantes) se apegaron a la idea de la Iglesia católica, nos trajeron su genial idea de la salvación y nos convencieron de que seremos felices y exitosos solo cuando estemos tristes, pobres, resignados, muertitos y en el cielito.

El norte de Europa se fue con el otro plan, y terminó siendo lo que hoy es el norte de Europa y sus colonias más conocidas.

¿Si o no que esto es como para sospechar? No estoy negando la grandeza de pueblo alguno obviamente, sin embargo, me parecería mejor dejar de mandar las culpas a la dirección incorrecta. No todos los indígenas ecuatorianos son como el Virgilio, “el que sabemos”. Ni todos los europeos han sido como Virgilio, el poeta.

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