Comunidad Artística
¿Feria sin mujeres? ¿Anuncio confuso?
Anamaría Garzón Mantilla

Anamaría Garzón Mantilla

Profesora de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). Estudió Periodismo e Historia del Arte en la USFQ y en la Universidad Autónoma de Barcelona. Tiene un máster en Arte Contemporáneo, de Sotheby’s Institute of Art, Nueva York. Es editora general de post(s), serie monográfica del Colegio de Comunicación y Artes Contemporáneas de la USFQ. Es también curadora de la galería Khôra.

Actualizada:

27 May - 17:04

Cuando de género se trata, se vuelve costumbre repetir las cosas miles de millones de veces y no ver ningún cambio. Cada cierto tiempo salta la misma alerta: ¡panel sin mujeres! Ponemos un reclamo.

Los organizadores se ofenden. Otros se excusan. Nosotras nos quejamos. Y repetimos: reclamo, ofensa, excusa, queja, reclamo, ofensa, excusa, queja, reclamo, ofensa, excusa, queja, reclamo, ofensa, excusa, queja… Y así, una y otra vez porque las cosas no cambian. Y si lo hacen, es a pasos muy lentos frente a nuestra urgencia.

La coyuntura de esta vez fue el primer anuncio de la Feria del Libro de la PUCE. Un gran tema: La crónica en Latinoamérica y un desafortunado primer boletín que mencionaba únicamente a los invitados internacionales que, adivinen… Sí, eso mismo, todos son hombres: Emiliano Ruiz Parra, Julio Villanueva Chang, Javier Sinay y Sinar Alvarado.

Yo bostecé de la sorpresa. Varias colegas se pronunciaron indignadas. No es para menos, en varias ocasiones grandes escritoras han sido dejadas de lado y en momentos como este, con Mónica Ojeda, María Fernanda Ampuero, Sabrina Duque, Gabriela Alemán, Daniela Alcívar y otras tantas brillando en muchos lugares de la literatura o el periodismo, es fácil tener la alerta activada.

La organización de la Feria del Libro trataba de apagar el relajo en redes recordando que había varias cronistas invitadas, mientras algunas de las invitadas comentaban haber sido convocadas apenas una semana antes. Todo mal para algo que podía estar bien.

Cuando salió el segundo anuncio, hice la tarea y conté: son 17 invitados hombres y 13 mujeres. La sección de escritores nacionales invitados no pinta tan desigual como suele ser. Si, en cambio, sumamos a los internacionales en la lista son 21 hombres y 13 mujeres, deja de sonar tan bien. Pero mantengamos las buenas intenciones al menos en lo local, porque ahora viene a mi memoria la desafortunada iniciativa Lit Festival, Palabra de Ciudad, organizada por el Centro Cultural Benjamín Carrión y la Secretaría de Cultura, en el 2014, que no contó con mujeres invitadas ni siquiera en la mesa de diálogo sobre el cuerpo de las mujeres.

En esa ocasión también reclamamos, se ofendieron, se excusaron, nos quejamos y no pasó nada, nada cambió.

Tenemos encima una estructura de comportamientos e ideas naturalizadas que son difíciles de romper (el orden patriarcal). Reconocer esa estructura nos permite encontrar otras formas de habitarla y confrontarla para imaginar otras posibilidades de convivencia.

Es necesario hacerse cientos de preguntas para evitar caer en estos entuertos y, desde el afecto, podemos tener la sensibilidad activada y poner atención a las posibles reacciones de las personas que nos rodean. Eso a veces es un simple gesto de empatía.

No creo que la tarea sea fácil. Lo único fácil frente a estos temas es desacreditar a las que levantan las alertas, acusar de hipersensibilidad, sacar del cajón un par de bromas y menospreciar los llamados a la igualdad. Lo más difícil es ser críticos con nuestras propias acciones.  

Las metodologías de trabajo feministas dan luces para repensar. En esos procesos se muestra que los “comos” son importantes, porque nos llevan a revisar las formas, a pensar cómo nos hemos acostumbrado a actuar y en qué lugares debemos afinar el olfato para cambiar, de ahí que la comunicación sea tremendamente importante.

En las redes sociales de la Feria del Libro los mensajes llegaron en desorden, nadie pudo prever la ola que se levantaría y el malestar innecesario que se produciría.

Ahora, con las redes sociales comunicando la lista completa de participantes y con todo el entusiasmo de escuchar las experiencias de las invitadas, se puede utilizar la experiencia para reflexionar cómo se articulan sentidos, porque hasta que las cosas cambien, muchas personas, hombres y mujeres, estaremos siempre listas para hacer olas, no lo duden.

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