Con Criterio Liberal
El virus que viene de China y el silencio a su alrededor
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

14 Jun 2021 - 20:30

Tras más de un año del origen del virus que ha causado millones de muertos, confinamientos masivos, destrucción de la economía, sigue quedando una pregunta sin resolver: ¿Cómo y dónde se originó todo? 

O mejor dicho: ¿Es una mera casualidad que el virus con mayor transmisión entre humanos se haya originado en la única ciudad del mundo que tenía un laboratorio investigando cómo hacer un virus de Covid con mayor transmisión? Sería una casualidad muy improbable.

En principio es una pregunta que podría responder la ciencia, esto es, distintos investigadores con diferentes investigaciones podrían presentar varias hipótesis, que se pueden contrastar en libertad.

Sin embargo, no ha sido así y se ha convertido, como últimamente pasa con muchos asuntos científicos, en un tema eminentemente político, con censura por parte de las redes y manipulación por parte de los medios y de selección de qué teorías favorecer en revistas científicas.

El presidente Joe Biden anuncia ahora que se va a investigar el origen del Covid, como si los científicos necesitasen directrices políticas de qué investigar y qué no, y como si fuese función de la CIA determinar algo así.

A nadie parece extrañarle esta intromisión de la política en la ciencia. Que se da, además, por contraposición cuando el expresidente Donald Trump dijo que era un “virus chino” y decenas de medios le acusaron de manipular las cosas.

Ahora sabemos que el doctor Anthony Fauci (máximo responsable en Estados Unidos de la lucha contra el Covid) decía en público cosas distintas de las que decía en privado. Y es más, sabemos que él sabía que él mismo había financiado la investigación del laboratorio de Wuhan sobre cómo hacer más transmisible al Covid. 

Se escribieron cartas (no estudios científicos, cartas) en medios como The Lancet, para refutar la teoría que parecía tener más sentido, el origen del virus en un laboratorio de Wuhan.

Y las revistas científicas pusieron advertencias en los estudios que publicaron anteriormente sobre el Covid, advertencias que luego borraron, faltando a la honestidad y la verdad, los dos principales valores que presupone a la ciencia.

Pero es más, las redes sociales se adhirieron a una teoría y censuraron que se publicasen noticias distintas sobre el origen del Covid. Lo repito despacio, pues aunque haya ocurrido recientemente sigue pareciendo sorprendente que no sorprenda.

Las redes sociales censuraron la publicación de una hipótesis que no solo parecía la más razonable, sino que ahora sabemos que es la más probable. Y fuimos muy pocos quienes reclamamos contra la censura pidiendo la neutralidad de las redes y que cada uno se responsabilice de las opiniones o teorías que publica. Que no necesitamos “vigilantes” de nuestras teorías, opiniones ni “verdades”.

Como dice el maestro Antonio Escohotado: “La verdad se defiende sola. La mentira necesita la ayuda del gobierno”. 

Lo triste es que tras el impactante y bellísimo libro y documental sobre Chernobyl, ha vuelto a ocurrir un caso de encubrimiento masivo por parte de un Estado totalitario como es el Chino (aún no se han hecho públicos los datos del laboratorio de Wuhan, para empezar), y pese a eso la Organización Mundial de la Salud, otro organismo político con una muy dudosa presidencia, envió una comisión que ‘concluyó’ que el virus no salió del laboratorio.

Ha sido una investigación del periodista. Curiosamente una investigación no publicada en principio en ningún medio, sino en un blog, la que pone sobre la mesa todas las dudas, pues no solo no se ha demostrado el supuesto origen animal del Covid, sino que las evidencias llevan a que lo más probable sea la fuga del laboratorio que investigaba justo cómo crear este virus.

Lo sorprendente es que sea sorprendente publicar columnas como esta, poniendo en cuestión lo evidente, que es demasiado extraño que el virus se origine de manera natural casualmente en la misma ciudad que tenía un laboratorio investigando cómo modificarlo. 

Y que es importante defender la libertad, también la libertad de investigación y de expresión, que incluye decir en redes distintas teorías.

Lo sorprendente es que tantos en nombre de ‘la ciencia’ pretendan hacer exactamente lo opuesto al espíritu científico, ampararse en “verdades oficiales” para imponer ciertas hipótesis sobre otras (y que, de manera nada sorprendente, luego descubramos que tienen intereses políticos).

Lo sorprendente es que empresas como Facebook se crean en posesión de la verdad y censuren teorías que contradigan lo que ellos creen, aunque con el tiempo y la libre investigación, se pueda descubrir que censuraban la verdad promoviendo la mentira.

Y lo más sorprendente de todo es que no hayamos aprendido ninguna lección sobre la importancia de la libertad, el libre criterio, la libre investigación, lo que es la ciencia, y el separar la política de la ciencia, lo que es la diferencia entre ciencia y ‘cientificismo’.

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