Al aire libre
Bart Yasso: Nunca pongas límites a donde correr te puede llevar
Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

12 Nov 2021 - 19:00

Cuando corrimos 21 kilómetros en cada una de las 24 provincias de Ecuador por la causa del Yasuní, invité vía mail a Bart Yasso, el legendario director de carreras de la revista ‘Runner’s World’ (famoso por su Yasso 800s, que anticipa el tiempo de un atleta en la maratón).

Me agradeció y me dijo: “Nunca pongas límites a donde correr te puede llevar”.

Esa frase ha sido el motor de su vida y, desde entonces, de la mía.

Me prometió hacer lo posible por venir a correr una provincia. Y yo en mi expectativa, no paraba de hablar de él.

Mis hijos se reían de mí, ¿de qué estará hablando la mami?

A. Bart Yasso.

B. Bart Yasso.

C. Bart Yasso.

D. Todas las anteriores.

Y se mataban de la risa.

Pero nunca llegó.

De joven, Bart no fue a la universidad, manejaba un camión y ocupaba su tiempo libre tomando cerveza. Hasta que su hermano lo retó a correr una carrera de 10 kilómetros.

-Esa carrera prendió fuego en mí– dice Bart.

Comenzó a correr y ya no pudo parar. “La mente trabaja tan duro como el cuerpo mientras corres”, escribe en su libro ‘Mi vida en el trote’.

“Con mucho trabajo, dedicación y suerte, conseguí que las puertas se abrieran y que mis sueños se hicieran realidad”, escribe.

Se volvió un corredor de élite y lo contrataron en la revista Runner’s World donde ascendió sin parar. En la actualidad lo conocen como el ‘alcalde del trote’.

Bart sufrió la enfermedad de Lyme en 1997, que paralizó su cuerpo, y sus tiempos subieron de 2:40 a 5:00 horas en los 42 kilómetros, como una de las consecuencias de este mal.

Sin embargo, su persistencia lo llevó a cumplir su sueño de correr las 56 millas (89 kilómetros) de Las Comrades de Sudáfrica.

-Es la carrera más grandiosa por el espíritu que tiene dentro de sí -explica Bart.

“Es el evento que cambió las percepciones de la gente y empujó la abolición del apartheid”.

Por la política del apartheid, durante años no permitían en países como Sudáfrica que los ciudadanos negros corrieran. Pero “entre 1975 y 1993, se veía a los espectadores blancos aplaudiendo e impulsando a los corredores negros”.

Y añade:

-Para mí fue un honor cruzar la línea de llegada de esa carrera.

Eso es correr. Es una plataforma de cosas buenas.

En estos días se corre el Récord Niños de María, en su doceava edición. La causa es brindar terapia psicológica a más de 100 familias del barrio La Comuna, en Quito.

Se trata de una ayuda para sobrellevar la situación de violencia en los hogares, ahora agravada por la pandemia, que ha puesto más presión sobre los padres y las madres, con mayor riesgo de ruptura familiar y de deserción escolar para los niños.

A veces también se corre por una causa personal, y otras corres por la causa de alguien más. Esto le pasó al Pablito, colega de trote, que corre una maratón al año, de preferencia, solo.

Los momentos más tensos de la carrera son justo antes de la largada. “Esto hace que muchos de nosotros, normalmente parcos, nos volvamos súbitamente extrovertidos y nos atrevamos a conversar con las personas que nos rodean”, comenta Pablito.

Y continúa: “me pasó en la maratón de Oslo con dos atletas noruegas, Malin y Kerstin, y un irlandés, Ian. Él había tomado un año sabático para correr una maratón cada mes. Iba en la novena”.

¿Cuánto piensan hacer en la carrera? Fue la pregunta clásica. Todos coincidieron en hacer menos de tres horas y 40 minutos.

Y Pablito, más nervioso y extrovertido que antes, dijo: “corramos en equipo”.

Todos aceptaron.

Un logro compartido mucho más memorable que mis otras maratones en solitario.

Como eran corredores experimentados, trotaron felices a buen ritmo. Tocaba una cuesta y Pablito “subió como en bajada”.

En eso Kerstin levantó la mano y dijo: “no puedo más con este ritmo, sigan ustedes, no los quiero detener”.

Qué noble gesto –pensó Pablito, y apretó más el paso. Pero Ian súbita y firmemente gritó: “si Kerstin se queda, nos quedamos todos”.

-Y nos miró a Malin y a mí.

Así que El Pablito asumió que no iba a cumplir su meta, bajó la cabeza y el ritmo. Y todos se concentraron en animar a Kerstin, abrirle paso entre los corredores, darle hidratación y llevarla -a la fuerza- hasta la meta.

“Llegamos juntos en tres horas 39 minutos 49 segundos -dice Pablito, y añade, “fue una de las tardes más bellas que puedo recordar, entre cervezas, salchichas y un logro compartido mucho más memorable que mis otras maratones en solitario”.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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