La vida en un tablero: Sergio Coellar y sus piezas de ajedrez

Autor:

Martha Córdova

Actualizada:

5 Jun 2022 - 0:05

Sergio Coellar muestra uno de los tableros de ajedrez de su colección, el 26 de mayo, en Quito. - Foto: Armando Prado

La vida en un tablero: Sergio Coellar y sus piezas de ajedrez

Autor:

Martha Córdova

Actualizada:

5 Jun 2022 - 0:05

Vio a Benjamín Carrión jugar ajedrez con su abuelo, pero la pasión nació cuando entró a la Universidad Central. En 50 años constituyó una colección de 130 trebejos, 20 tableros y 200 libros.

La afición por el ajedrez se transformó en vida y conocimiento. Sergio Coellar Mideros es un estudioso del juego, de sus tácticas y sus estrategias. Es historiador, documentalista y hasta bloguero, pues tiene mucho que compartir.

Su primer encuentro con el ajedrez fue en casa de su abuelo, Jorge Mideros, el pintor y escultor que abría su taller los sábados para las partidas con sus amigos.

El abuelo “sacaba piezas y tablero. Éramos muy pequeños, no entendíamos el juego”, recuerda Coéllar.

Todos los sábados 10 o 12 personajes acudían puntuales al taller, entre ellos el gran intelectual ecuatoriano Benjamín Carrión y el cinco veces presidente José María Velasco Ibarra.

“Estoy tratando de reconstruir a los personajes históricos que jugaban ajedrez. Pienso que lo hacían García Moreno, Eloy Alfaro y Juan Montalvo, por su cultura y por su carácter”, agrega.

En su adolescencia lo hipnotizó el balón de fútbol, pese a la invitación de su abuelo a jugar partidas de ajedrez.

Mi afición por el ajedrez se despierta cuando ingreso a la Universidad Central a estudiar arquitectura.

Sergio Coellar, coleccionista

Los libros de ajedrez fueron la puerta de entrada de Coellar al rico universo capturado en 64 casillas, donde el estudio es un hábito de vida.

“Adquirí piezas de ajedrez y, sin darme cuenta, empiezo a coleccionarlas y a valorarlas”, narra Sergio Coellar, cuencano, de 65 años.

Su primer juego lo recibió de un tío que lo trajo de Estados Unidos. En realidad fue un regalo para toda la familia, pero negoció con su hermano, Hernán, para que se lo cediera.

Ese primer tablero de madera llegó a sus manos hace 50 años y aún lo conserva y lo cuida con afecto.

“Como toda primera colección, uno no tiene una idea de lo que adquiere. Lo hace impulsivamente. Poco a poco empiezo a entender que detrás de cada simbología hay una historia”, agrega.

Y por esa historia empezó a comprar más libros, más piezas, más tableros. Según el inventario, en su colección hay 130 trebejos (juego de seis piezas base, que se repiten), 20 tableros, 12 relojes de ajedrez. Una vela de ajedrez, un peón de 16 centímetros de alto, llaveros y 200 libros.

Durante 50 años ha profundizado en los distintos juegos de ajedrez. La evolución de los tableros y las fichas.

Estudió la tesis de los chinos, que se atribuyen la creación del juego, así como los hindúes, persas y egipcios.

Mirar los detalles de las silenciosas piezas convertidas en esculturas, como los caballos de estilo griego, es todo un placer.

‘La colección de papá’

El nombre de su colección y de su blog son el mismo: La colección de papá. Fue su hija Camila, quien tomó fotografías de todas las piezas y, además, las registró en un inventario.

Tiene piezas de plástico, de arcilla, de guayacán; tableros acrílicos, de cristal y de metal. Hay incluso una reproducción de un tablero de un centímetro en madera de tagua, y otro de plástico a escala A1, que fue fabricado como accesorio para una casa de muñecas.

Todos los objetos son especiales para él. De cada uno guarda detalles y recuerdos, como la serie de seis piezas que le regaló su madre.

El ajedrez “no es exclusivo para inteligentes. El ajedrez es esfuerzo, imaginación y se puede aprender”, dice con seguridad.

Su hija Camila consiguió para Sergio el London Skyline Chess, creado por dos diseñadores británicos que transformaron algunos de los edificios más emblemáticos de Londres en piezas para el juego.

Así, los peones son las casas adosadas de Londres, el Big Ben –sede del parlamento- es la torre, la Vuelta al Mundo de Londres juega como caballo. El edificio Gherkin se presenta como el alfil, y The Shard presta su elegancia y se desempeña como la Reina.

El Canary Wharf juega como el Rey; esta pieza mide cuatro pulgadas y media. El fabricante informa que el conjunto de 32 piezas está modelado en acrílico fundido e inyectado.

Un verdadero tesoro es el Metal Chess, fabricado por Best Chess Set, una empresa con sede en California, pero cuyos productos se ensamblan en China.

Las piezas de metal de alta calidad están hechas de una aleación de zinc con acabado galvanizado de bronce y plata. Además, están acolchadas en la parte inferior para proteger el tablero.

Este espléndido conjunto lo compró en Quito, a principios de los 80. Según Sergio, en la actualidad no se producen ni tampoco se encuentran modelos similares, lo que hace pensar que fue hecho hace por lo menos 70 años.

Veintitrés semanas se tardó este amante del ajedrez en armar juego de Harry Potter. El diario quiteño El Comercio puso en circulación partes de este conjunto cada jueves durante seis meses.

Así fue como Coellar reunió, poco a poco, 32 piezas con efectos especiales, dos varitas para mover las piezas sobre un tablero con efectos luminosos.

De un arquitecto colega, Ramiro Padilla, recibió el regalo de un juego de ajedrez, tallado en hueso. Su año de fabricación es 1960.

Los trebejos blancos son de hueso natural y los trebejos negros, de hueso pintado. El tablero es de vidrio de dos milímetros y el rey mide 83 milímetros.

La colección de ajedrez está expuesta en la sala de su casa. No juega con ella, cuida cada detalle y con cierta periodicidad hace mantenimiento a cada una de las piezas.

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