Hernán Galíndez, de ser amenazado de muerte a referente en Ecuador

Jugada

Autor:

Felipe Larrea

Actualizada:

1 Oct 2021 - 0:05

Hernán Galíndez sonríe en el Complejo Deportivo de Universidad Católica, en La Armenia, el 21 de septiembre de 2021. - Foto: Primicias

Hernán Galíndez, de ser amenazado de muerte a referente en Ecuador

Autor:

Felipe Larrea

Actualizada:

1 Oct 2021 - 14:39

En una entrevista con PRIMICIAS, el arquero de Universidad Católica y la Selección relata las amenazas de muerte que recibió en Argentina, su adaptación en el país, el momento en el que decide nacionalizarse ecuatoriano y su primera experiencia en Eliminatorias.

Convicción. Perseverancia. Pasión. Son tres de los adjetivos más importantes con los que se podría definir a Hernán Galíndez, quien nació en Rosario, Argentina y tiene 34 años.

El jugador pasó por todas las divisiones formativas de Rosario Central, uno de los equipos más populares de la Provincia de Santa Fe. Allí jugó desde los 10 hasta los 21 años.

Siempre vivió en la casa de sus padres, hasta que debutó en primera categoría, en 2008 y al poco tiempo se mudó a otro departamento. Galíndez disfrutaba del tiempo con su familia, sobre todo con su abuela y hermano mellizo.

Estaba acostumbrado, cuenta, a tener el desayuno listo antes de salir a entrenar y el almuerzo preparado a su regreso. Pastas. Milanesas. Carne.

Después de vivir campañas muy irregulares, Rosario Central descendió a la Primera B Nacional en 2010, tras 24 años. El club atravesaba una crisis no solo deportiva, sino también económica.

“Recibimos amenazas de muerte mis papás, mi abuela de 70 años, mi hermano y yo. De un día para el otro me dijeron: ‘Ándate. No sirves para nada’. La gente en la calle me insultaba y me decía que era horrible tapando. Me fui practicamente escondido”, recuerda Galíndez.

Eso le generó incertidumbre al jugador con respecto a su futuro. Incluso, se cuestionó si es que debía seguir jugando fútbol o retirarse.

Galíndez se quedó sin un lugar en Rosario Central el 23 de diciembre de 2011. De inmediato, su representante de ese entonces, Hugo Castañeira, lo llamó y le dijo que tenían que buscar otro club. La situación era compleja. Y las oportunidades, escasas.

Después de varios días, Castañeira se comunicó con Galíndez: “Hay un equipo en la Serie B de Ecuador que se llama Universidad Católica. En esta temporada no ascendieron por un punto, pero si vas, juegas y subes de categoría, te va a cambiar la carrera“.

“Estaba seguro de que si el primer año en Ecuador no me iba bien, dejaba de jugar al fútbol”

Hernán Galíndez, arquero de U. Católica y la Selección

Galíndez tomó esa llamada con mucha sorpresa. Pero también con optimismo. De inmediato habló con su hermano y le planteó la posibilidad de viajar. “¿No te parece que la B de Ecuador está bajando mucho de nivel?”, recibió como respuesta de su mellizo.

Hernán tenía un pálpito de que las cosas podían salir bien. Por eso tomó la decisión, sin consultar con nadie más de su familia y emprendió el viaje hacia Quito. Era la primera vez que viajaba fuera de Argentina.

Llegada a Ecuador

Hernán Galíndez arribó al país el 18 de enero de 2012. Viajó con su representante y enseguida se trasladaron a la Casa de la Selección. Allí iba a vivir el futbolista, hasta encontrar un departamento en el norte de la ciudad.

No conocía a nadie. Sabía muy poco del fútbol ecuatoriano (solo había escuchado de Liga y Barcelona). Y no sabía con qué cultura se iba a encontrar y si eso podía ser un factor clave en su proceso de adaptación.

Lo primero que hizo Galíndez fue comunicarse con el argentino Gustavo Flores, quien en ese momento era el preparador de arqueros de Liga de Quito y trabajó durante varios años en Rosario Central.

Lo único que le preguntó fue cuánta plata se gastaba mensualmente para vivir. “Tenía que saber si con lo que me ofrecían me alcanzaba”. “Con lo justo”, respondió Flores.

En sus primeras prácticas en Ecuador, Galíndez recuerda que se sintió cómodo por la presencia de los entrenadores Jorge Célico y Patricio Lara y también por el compañerismo demostrado por parte de Facundo Martínez, quien llegó a Ecuador en 2010.

Galíndez no conocía personalmente a Martínez. Pero, al tercer día de compartir entrenamientos, Facundo le ofreció su casa, para que viva hasta conseguir un departamento.

“En ese momento pensé: ‘Este tipo está loco. No sabe si soy una buena persona ni cómo vivo”. Para el jugador, ese gesto fue clave en su llegada. Y es que con Facundo Martínez, Galíndez conoció desde los supermercados, hasta centros comerciales y restaurantes.

Y también aprendió a tomar los buses para ir a los entrenamientos. Ninguno tenía un auto y tenían que buscar la forma de trasladarse. “Aprendimos a pagar los buses después de bajar, cuando sale corriendo el hombre por la puerta delantera“, cuenta entre risas.

Según Galíndez, estaba en unas “vacaciones largas”, ya que fue la primera vez que salió de Argentina. Para distraerse, iba a comer a la parrilla de Cristian Botero, recorría el Parque la Carolina y paseaba por el centro comercial. “No había presupuesto para viajar. Ese año fue precario. Pero lindo”.

En su primer año en el país, una de las anécdotas que más recuerda fue en un partido ante Grecia de Chone, de visitante, cuando un aficionado le gritaba desde las gradas: ‘Mira lo que te espera arquero, si no te dejas hacer un gol’.

Galíndez sentía que el hincha golpeada algo contra la malla. Cuando regresó a ver, tenía un machete. “En Argentina casi que no puedes entrar ni con las llaves al estadio, por seguridad. Pero ese tipo de escenas me formaron y me dieron más seguridad para atajar“.

El hecho de lavar su propia ropa después de los entrenamientos, porque en el club no había lavadora; cocinar todos los días y viajar ocho o más horas para jugar un partido, también fortalecieron su carácter. “Me sirvió para acordarme de mis raíces”.

Proceso de nacionalización

Con mucha regularidad en el primer equipo y ya más aclimatado a Quito y al país, Galíndez quiso empezar el trámite para obtener la ciudadanía en 2016.

Más allá de la comodidad que sentía en Ecuador, Galíndez tomó la decisión de quedarse a vivir después del terremoto que azotó la costa ecuatoriana, justamente en abril de 2016.

El arquero fue a un supermercado para comprar víveres y enviar a los damnificados. Cuando se acercó a las perchas de fideos, arroz, agua y leche, estaba casi desabastecido. Entonces le consultó a un trabajador la razón.

“La gente había comprado alimentos para mandar a la gente de la Costa. Ese momento dije: ‘De aquí no me sacan más. Este es mi país y me quedo a vivir’“. A pesar de que aún no tenía la nacionalidad, para Galíndez, la gente de Ecuador le demostró “fuerza” y “compromiso”.

Finalmente, después de un largo proceso, el 25 de febrero de 2019, salió el decreto en el Gobierno nacional y Galíndez se convirtió oficialmente en ecuatoriano.

Convocatoria a la Selección, un premio al esfuerzo

El arquero fue citado el 6 de octubre de 2020 por el entrenador Gustavo Alfaro, después de que su colega Johan Padilla dio positivo por Covid-19.

Galíndez tenía dos días libres en Universidad Católica, debido a la seguidilla de partidos por el torneo local. Y junto a su esposa y sus hijos habían reservado una habitación en las termas de Papallacta y así tener un pequeño descanso.

Pero eso no se dio. Y es que el arquero recibió algunas llamadas de dirigentes de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), quienes le informaron que estaba convocado para jugar en la Selección.

“No sabía qué hacer. En ese momento le llamé a mi esposa gritando. Era una meta que me había puesto, pero al no depender solo de mí, sabía que era difícil. Deportivamente hablando, es lo más importante que me pasó. Así mañana venga el FC Barcelona y me quiera contratar“, señala Galíndez, con lágrimas en los ojos.

Si bien la convocatoria era oficial, desde la FEF tenían que esperar los resultados de la prueba PCR del jugador. Al dar negativo, Galíndez recibió otra llamada: “Estás oficialmente convocado a la selección ecuatoriana”.

“Empecé a armar una maleta. Mi mujer me ayudaba y me preguntaba qué debía guardar. Yo le respondí: ‘No sé, nunca fui a una Selección’. No tenía ropa ni guantes y los zapatos me tenía que mandar Católica. De la desesperación que tenía, no sabía ni la dirección de la Casa de la Selección.

“No creo que a un jugador de fútbol le pueda pasar algo más grande que representar a su país. Es sublime. Es el techo. Después de eso, no hay más nada”

Hernán Galíndez, arquero de U. Católica y Selección

Galíndez se ha convertido en uno de los titulares en el arco de Ecuador. El jugador disputó la mayoría de partidos de la última Copa América, y más allá de una lesión sufrida ante Chile, también se ha consolidado en Eliminatorias.

El arquero cree que está en el mejor momento de su carrera. No solo por lo deportivo. También en lo personal. Aprovecha el tiempo libre con sus hijos y esposa. Viaja por muchas ciudades de Ecuador y disfruta de la gastronomía y del clima.

También tiene proyectos a futuro. Uno de ellos es construir un centro de alto rendimiento de arqueros con su nombre. Su objetivo es formar chicos y ayudarlos, en caso de ser necesario, a alejarlos de la calle y de la pobreza.

También le puede interesar:

Noticias relacionadas