La desnutrición frustra el futuro de niños y niñas

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Autor:

Redacción Comercial

Actualizada:

28 Oct - 12:07

La desnutrición frustra el futuro de niños y niñas

Autor:

Redacción Comercial

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28 Oct - 12:07

Belén tiene 5 meses. Su perímetro cefálico debería bordear los 40 centímetros, pero es de apenas 35. Esta bebé le pone rostro a la desnutrición, que junto a la obesidad, constituye un problema de salud denominado malnutrición. Con el fin de crear conciencia sobre esta compleja realidad, el 16 de Octubre de cada año se recuerda el Día Mundial de la Alimentación, instaurado por la FAO, que es la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

Desnutrición y obesidad conviven en nuestro país. Según los expertos ambas componen la doble carga de la malnutrición.  Sin embargo, la desnutrición es un peso que históricamente el país ha llevado a cuestas. Es necesario aclarar que en el escenario de la desnutrición aparecen la aguda, la global y la crónica. Según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de Ecuador (ECV 2014), la desnutrición aguda se ubicaba en un 1.6%; la global en 1,8%; y la crónica en un 23.9%. Todos estos valores en menores de 5 años. Esta última es la que más efectos permisivos genera en el desarrollo de los niños porque retarda el crecimiento y el desarrollo cerebral.

La desnutrición crónica se mide comparando la talla del niño con el estándar recomendado para su edad y es el resultado de una carencia de nutrientes durante un tiempo prolongado.  ¿Las consecuencias?  Son nefastas:  aumenta el riesgo de que el niño contraiga enfermedades y afecta su desarrollo físico e intelectual.  También las secuelas son irreversibles y se harán sentir durante el resto su vida.  Y el resto de la vida de un niño es mucho tiempo.

El informe de país del Impacto Social y Económico de la Malnutrición, de 2017 menciona que las consecuencias de la desnutrición se evidencian tanto en el corto como en el mediano plazo. “En el corto plazo las niñas y niños presentan un sistema inmune incapaz de luchar contra enfermedades y un incremento del riesgo de mortalidad infantil (…)”, señala el documento que fue elaborado por El Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Ministerio Coordinador de Desarrollo Social y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Todos los problemas son problemas de educación

La nutricionista Morayma Fierro asegura que la falta de conocimiento de los padres sobre qué alimentos y en qué medidas deben estar presentes en la dieta de los hijos es un componente importante del problema.  Fierro destaca que el niño hereda de su familia los hábitos alimentarios. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición da pistas de por dónde van esos hábitos en Ecuador. El documento señala como problemas recurrentes del hogar ecuatoriano la baja ingesta de frutas y vegetales, un consumo deficiente de proteínas y un alto nivel de grasas, carbohidratos y sal.  Únicamente 5 de cada 10 hogares en el país tienen acceso económico a una dieta nutritiva.

Una dieta balanceada contiene proteína animal, cereales, vegetales y frutas. Los niños que vienen de hogares veganos, deben ingerir suplementos que les permitan compensar las necesidades de proteínas para su desarrollo.

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Si se considera que el futuro nutricional de un niño empieza a escribirse desde que está en el vientre, los malos hábitos en la dieta de la familia marcan al niño, incluso desde antes de que este nazca.  Esto se debe a que en los primeros 1000 días, que se cuentan desde los 9 meses de embarazo de la madre hasta los dos años de edad, es cuando se sientan las bases de su desarrollo genético y muscularLo que no se hizo en esta etapa no se recupera nunca. Tal es así que el tubo neural se forma a los 4 meses de concepción y si una madre no tiene una buena nutrición durante el embarazo, el niño perderá hasta el 40% de sus neuronas potenciales.

El ejemplo de Belén y Mayra es recurrente en las ponencias de Abel Albino, Pediatra fundador de la fundación Conin, de Argentina. El doctor precisa que al nacer un niño el tamaño de su cráneo es de 35 centímetros y luego crece un centímetro cada mes durante los 12 meses posteriores. Es decir que cuando apague las velas de su primer cumpleaños el niño o la niña deberá tener un perímetro cefálico de 47 centímetros.

Mayra tiene 5 meses y su cráneo mide solo 35 centímetros. En casos como este, Albino considera necesario intervenir antes de los dos años, porque sino se lo hace en ese tiempo la niña tendrá problemas neurológicos con consecuencias para toda su vida. ¿Qué tipo de consecuencias? Su cableado cerebral no se desarrollará. Las 100 mil a 150 mil neuronas de su corteza cerebral no podrán conectarse. De no recibir ayuda oportuna Mayra no desarrollará su sistema sicomotriz y tendrá defensas bajas que le producirán enfermedades recurrentes, bajo desempeño en la escuela, entre otros padecimientos.

En los 5 primeros años el niño es capaz de diferenciar entre derecha e izquierda y aprende esquemas de lateralidad para manejar los dos hemisferios del cerebro. “Un niño con bajo desarrollo cerebral no va a poder gatear, ni coordinar y esto es básico para la motricidad gruesa y fina. Si este pequeño no es capaz de llevar a cabo ninguna de estas destrezas ¿cómo aprenderá a escribir?”, cuestiona Morayma Fierro.

En la ruralidad los problemas son más complejos 

La misma pregunta que se plantea Fierro se la ha hecho, muchas veces, Fernanda Moscoso.  Ella es maestra en una escuela del cantón Pujilí y sus 31 años de experiencia le dicen que la desnutrición es mucho más grave en la ruralidad.  Cuenta que ha debido lidiar con niños que llegan a clases somnolientos, que muestran déficit de atención y se enferman constantemente.  “El problema viene de casa, de padres que no saben cómo alimentar bien a sus hijos.  Además, hay muchos hogares disfuncionales; niños que viven solos y están a cargo de sus hermanos porque sus papás solo los ven los fines de semana”, cuenta.

Fernanda Moscoso va más allá.  Recuerda que en la sociedad existe la creencia de que el profesor de una escuela particular es mejor que uno de la escuela fiscal.  Ella es enfática al decir que la diferencia no está en el tipo de profesor sino en el elemento humano con el que trabajan.  “En la zona rural, además, hay mucho abandono de las tierras; las familias ya no siembran ni cosechan alimentos.  Si antes un niño llevaba habas o mellocos como lunch ahora solo come papas de funda”, cuenta con una voz que suena mucho a preocupación.

De acuerdo con el informe ejecutivo del estudio Cerrando la brecha de Nutrientes Ecuador, alrededor del 49% de los niños y niñas de la Sierra centro del país padecen desnutrición y la situación empeora cuando el problema se evalúa en las poblaciones rurales donde -según el informe- “hay un incremento notable”.

Las soluciones a un problema multisectorial

No hay duda que los niños viven el resto de su vida sobre los cimientos de sus 1000 primeros días.  Es por eso que, aunque la alimentación mejore en los años posteriores, las consecuencias físicas y cognitivas de la desnutrición se evidencian en un adulto con múltiples problemas sociales y económicos, con baja productividad laboral y menos ingresos. 

Una dieta como la nacional, baja en nutrientes, atrapa a las familias en un círculo de desnutrición, enfermedad y pobreza.   El crecimiento económico del país se pone en riesgo porque su población no ha sido adecuadamente alimentada. De acuerdo con el informe Impacto Social y Económico de la Malnutrición en Ecuador, la desnutrición crónica representará pérdidas potenciales de 3.4 a 5.4 millones de dólares, de aquí al 2030.

Sin embargo, este escenario no tiene por qué perpetuarse. Cerrando la Brecha de Nutrientes Ecuador recalca que el país tiene un gran potencial para acceder a dietas nutritivas. Las soluciones deben proponerse, como lo aclara Mario Touchette, representante en Ecuador del Programa Mundial de Alimentos (PMA), desde una perspectiva multisectorial y requieren atención desde diversos ámbitos. Albino coincide con este planteamiento y señala que la desnutrición, al ser el resultado final del subdesarrollo, impone un abordaje integral de la problemática que origina la pobreza.

Quizás el caso de Chile pueda resultar ilustrativo en la búsqueda de caminos de solución. Fernando Mönckeberg es el médico al que se le atribuye que hoy los chilenos no cuenten a la desnutrición entre sus principales problemas. Mönckeberg empezó a estudiar casos de niños con déficit nutricional en los años 50, cuando Chile tenía los peores indicadores de la región. Él está seguro de que la clave del éxito fue el desarrollo de una política de Estado encaminada a trabajar en la prevención y la acción. Mientras desde las esferas estatales, el Servicio Nacional de Salud lideraba medidas que se anticipaban a los hechos, Mönckeberg se dedicaba al tratamiento de los niños que ya tenían desnutrición grave.

El Estado ecuatoriano cuenta con importantes estrategias multisectoriales como Misión Ternura y el Programa Intersectorial de Alimentación y Nutrición de Ecuador. Según el doctor Albino, un acertado combate de la desnutrición hace indispensable la movilización de todos los actores sociales en pro de un trabajo sostenido a favor de la niñez.

COLAPA