Un femicidio en Cuenca convirtió la tristeza en indignación colectiva

Sociedad

Autor:

Jackeline Beltrán

Actualizada:

25 Ago 2020 - 0:05

Familiares y amigos de Gabriela León participan en un plantón en los exteriores de la Corte de Justicia de Azuay, en Cuenca el 22 de agosto de 2020. - Foto: API

Un femicidio en Cuenca convirtió la tristeza en indignación colectiva

Autor:

Jackeline Beltrán

Actualizada:

26 Ago 2020 - 17:16

La muerte de Gabriela León despertó la indignación en su natal Cuenca, donde sus habitantes se volcaron a respaldar a la familia y exigir justicia.

María Gabriela León, de 36 años, era una mujer risueña, de grandes ojos cafés y pelo castaño. Abogada y madre de dos niños, uno de cinco y otro de 12 años.

“Siempre fue estudiosa, el año pasado cumplió una de sus metas profesionales: obtuvo una maestría en derecho penal. Quería seguir especializándose y en algún momento llegar a ser litigante”, relata un familiar cercano a PRIMICIAS.

Hace siete meses, Gabriela inició una relación con Juan Bernardo O., el hombre que el viernes 21 de agosto pensó que agarrarla violentamente por el cuello “no era para tanto”, como declaró después a la Policía.

Pero sí fue. El estrangulamiento le provocó la muerte.

La noche previa -en su casa- su hijo mayor escuchó una pelea. “Se acercó, el tipo le dijo que se retire, que son cosas de adultos, se quedó unos minutos y se fue a acostar”, relató a PRIMICIAS un pariente cercano de la víctima.

A la mañana siguiente, el mismo pequeño la encontró sin conciencia y creyó que estaba desmayada. Avisó a sus abuelos y poco después llegaron los servicios de emergencia para constatar su muerte.

Aunque el agresor, que es médico de profesión, dijo a la Policía que intentó reanimarla, la familia de la víctima asegura que no solo no pidió ayuda sino que huyó de la casa y se escondió donde una amigo.

Tras una alerta de los familiares, las autoridades lo buscaron con apoyo del ECU-911 y rastrearon la ubicación de su celular. Al momento de su detención, tenía en su poder la cédula y la tarjeta de débito de la víctima.

Mientras la Policía detenía al presunto agresor y la Fiscalía iniciaba las investigaciones.

El femicidio de Gabriela León despertó una indignación colectiva en Cuenca. Una pariente de ella creó el filtro de Facebook “Nací para ser libre, no asesinada”, que a lo largo de la noche del viernes 21 de agosto llenó de un tono violeta la red social.

Simultáneamente, el alcalde Pedro Palacios impulsó el suyo: “Nací para amar, no para asesinar”, que también se difundió rápidamente.

La muerte de esta joven abogada se convirtió de inmediato en un tema del que una buena parte de la sociedad cuencana comentaba indignada. Los familiares de la víctimas recibieron cientos de mensajes de respaldo y solidaridad.

Y en las redes sociales miles de personas clamaban por justicia.

Mientras esa noche la palabra justicia se hacía recurrente a distintos niveles. “Justicia para Gaby” y “Justicia para todas” exclamaban las mujeres que acudieron el sábado 22 a los exteriores del Complejo Judicial de Cuenca, en donde se cumplía la audiencia de formulación de cargos contra el presunto agresor.

Ordóñez había confesado el crimen. El juez de la Unidad de Violencia, Carlos Jerves, le dictó prisión preventiva y la Fiscalía inició una investigación por femicidio con agravantes.

Antecedentes de violencia doméstica

Hasta el día de su muerte, la familia de Gabriela no supo de situaciones violentas entre la pareja. En las primeras indagaciones, descubrieron que ya habían tenido al menos tres peleas fuertes y que él tenía antecedentes judiciales.

En la página de la Función Judicial del Azuay, consta un proceso en la Fiscalía de Violencia de género iniciado en el 2014 por su expareja y madre de sus dos hijos.

Además, en el 2015 ella interpuso una demanda de pensión alimenticia. En diciembre del 2019, por falta de pago, un juzgado emitió una orden de apremio en su contra (detención por 30 días).

Cifras oficiales y las de los colectivos no cuadran

El mismo viernes 21, en Portovelo (El Oro), pasadas las 17:00, la expareja de Daniela Romero le quitaba la vida a disparos. Ocurrió en la casa de ella, en la ciudadela La Alborada, de esa ciudad.

Cuando su hermano intentó defenderla también recibió un disparo. El agresor se hirió y falleció horas después en una casa de salud.

Una semana antes, el 14 de agosto, el cuerpo de Lidia Lucila Cabascango, una joven indígena de 21 años, fue encontrado sin vida en la comunidad de Pigulca, cantón Otavalo, en Imbabura. Su familia reportó el caso como femicidio.

Según el colectivo Geografía Crítica, desde 2014 suman 748 los femicidios a escala nacional.

La Fiscalía General del Estado registra 29 femicidios entre el 1 de enero y el 30 de junio de este año y 407 desde agosto del 2014. Mientras que el Movimiento de Mujeres de Ecuador registra 61 casos de mujeres asesinadas hasta el 23 de agosto.

Las provincias con mayor número de femicidios son Guayas, Pichincha y Manabí.

Para María Isabel Cordero, activista por los derechos de la mujer y subdirectora de la Fundación Sendas, los últimos femicidios recuerdan que la violencia machista es un problema estructural que requiere que todos los sectores de la sociedad se involucren.

“Estamos creyendo que la violencia es un chiste, que las agresiones no son para tanto”, reflexiona evocando la frase que usó el presunto agresor de Gabriela al confesar su crimen.

María José Machado, abogada experta en temas de género, explica que entre el 2011 y el 2019 hay un incremento preocupante de los diferentes tipos de violencia.

Por ejemplo, según los datos publicados por el Instituto de Estadística y Censos, INEC, en Azuay ocho de cada 10 mujeres ha sido víctima de algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

Las activistas recuerdan que la pandemia incrementó el riesgo de las mujeres de sufrir violencia. Machado detalla que, desde marzo, 3.128 mujeres han recibido atención en las diferentes instancias del sistema de protección, mientras el ECU-911 ha recibido al menos 45.000 llamadas de auxilio por esta causa.

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